viernes, 4 de septiembre de 2020

El cuento de Gaia y el humano virus - I

         Nadie sabe… nadie supo… la verdad del misterioso caso de Gaia y el humano virus, en relación a la séptima mutación del Coronavirus, el Covid 19, que hoy nos ataca… Hay indicios, existen sospechas, pero saber a ciencia cierta, no.


        Unos dicen que Gaia apareció como resultado de una gran explosión… la misma que dio origen al universo. Otros afirman que se desprendió de una nebulosa, al igual que los millones de soles o estrellas que forman las galaxias, junto con los planetas y satélites que giran alrededor de ellas. También hay voces que alegan que la Tierra, como también se le llama a Gaia, fue creada por la divinidad.


        Sea como fuere que naciera el universo, hace 13 mil 800 millones de años, Gaia tuvo su comienzo después. Pasaron miles de millones de años para que se expandiera y enfriara el cosmos. En ese viaje de tiempos casi infinitos, una de las partículas que explotaron o se desprendieron, dio inicio al planeta Tierra, que es comparable a una joven llena de vida, con solo 4 mil 500 millones de años de edad.

  
      Gaia estaba hirviendo al empezar su existencia como planeta. Tan pero tan caliente andaba en los albores, que los volcanes erupcionaban por todas partes, se movían las placas debajo de la superficie o corteza, dando lugar a los continentes y a la formación de montañas. En una de esas tantísimas erupciones, al combinarse minerales y gases  hirvientes, se formó el agua. Gaia se enfrió por fuera, pero quedó incandescente por dentro.

        El agua fue la fuente de los océanos, mares y ríos, cuyo fluir permitió la creación de cataratas, lagos y lagunas; así como al filtrarse entre rocas, macizos y cordilleras, devino en torrentes y riachuelos subterráneos. El enfriamiento de Gaia permitió que aparezca hielo en los polos, que sirven de ejes giratorios al planeta, por su concentración de magnetismo.

        El agua, el aire y la tierra quedaron más dibujadas y parecidas a como se les ve ahora, pero las formas de vida que nacieron bajo el agua dieron principio a un proceso formidable de evolución y mutaciones. Desde organismos microscópicos hasta plantas o peces, luego insectos, reptiles tipo dinosaurios primero y más pequeños después, hasta aves; para aparecer –finalmente- los mamíferos y, con ellos, los seres humanos. Millones de variedades de vida o especies con formas y características sorprendentes. Una belleza espléndida de multitud de especímenes de colores y perfiles distintivos.

        Gaia es un planeta vital con una desbordante capacidad de fecundar, de crear seres y ambientes vivos. Es la fuente de toda vida y las transformaciones que su existencia le hizo pasar durante miles de millones de años, permitieron que cuando apareció el humano en su superficie, la Tierra estuviera realmente hermosa. El agua, el aire y la tierra visibles habían generado la biósfera, un espacio físico con las condiciones adecuadas para que se desarrollen todas las especies vivientes. Toda Gaia y sus criaturas eran y son una maravilla viviente.

        Pero, ¿qué pasará ahora que los humanos han poblado la Tierra? ¿Tratarán bien a Gaia y a sus criaturas? ¿O se comportarán como si la Tierra y la vida no les importara, contaminando y poniendo al borde de la destrucción al medio ambiente, tan larga y cuidadosamente generado por Gaia? ¿Pasaremos de seres humanos a convertirnos en “humano virus” para el planeta, para las demás especies y para nosotros mismos. 

        Ustedes ¿qué creen que pasará? Escríbenos la continuación de esta misteriosa aventura en los comentarios del blog o a los correos del colegio. Y… no se pierda la continuación de esta historia en la próxima publicación del blog del Colegio La Casa de Cartón.

viernes, 14 de agosto de 2020

Vivir el presente y autoestima

             Lo importante en cualquier vida plena, lo más cercana posible a la felicidad, parece ser aprender a disfrutar del viaje, más que llegar a los diferentes destinos, metas u objetivos. Vivir en el presente, aquí y ahora es eso: disfrutar del proceso, del emocionante viaje de la vida, con todo lo bueno y los retos o dificultades que traiga.

¿Cómo puedo aprender a vivir en el aquí y el ahora y enseñárselo a mis seres queridos? Veamos.

Una primera pauta puede ser: eliminar los condicionales y expectativas. Cuando llegue el viernes o el fin de semana, seré feliz… cuando tenga vacaciones, me sentiré bien… si me aumentaran el sueldo podría hacer esto o aquello… si descubrieran la vacuna del Covid 19, todo será mejor o volverá la “normalidad”… y un largo etcétera. Cuando mis hijos e hijas ingresen a la universidad, cuando mi pareja me trate de distinta manera, cuando tenga carro, entonces ocurrirán tales o cuales anhelos. Postergar y esperar  que algo o alguien cambie o que se modifiquen las circunstancias, las personas, los lugares o las cosas, ubica fuera de nuestro alcance las posibilidades de sentirnos bien, satisfechos con nosotros mismos, tal como somos, en el aquí y el ahora.

De manera consecuente con esa primera pauta, está la segunda, sin que sean enumeradas por orden de importancia: podemos y, quizás, debemos aceptar que en realidad no controlamos nada. La incertidumbre es una certeza y el control de la vida, las personas, los lugares y las cosas, es ilusorio. Por lo general, parece que tuviéramos gobierno, poder o control sobre algunos aspectos de la propia vida o de la ajena, pero ante una eventualidad mayor (fenómenos naturales o pandemias), inmediatamente nos damos cuenta de lo vulnerables que podemos ser. La fragilidad y el desgobierno total pueden instalarse en nuestra vida de un momento a otro, en un segundo. Existen eventos y fuerzas superiores a nuestros deseos, voluntad y capacidad que pueden desdibujar todo de un día a otro. Por eso es importante estar conscientes y presentes hoy, en este preciso momento.

 

 Otra pauta relevante para vivir con plenitud y mayor intensidad es decidir tener actitudes positivas y principios espirituales que acompañen nuestro devenir por la existencia. Decidir ser agradecido en lugar de quejumbroso es una base sólida para una vida plena y total. Si nos permitimos tomar consciencia de lo privilegiados que somos, podremos sentir gratitud. Cualquier familia, docente y estudiante que puede participar del proyecto educativo del Colegio La Casa de Cartón, es parte del 15 % de la población mundial que cuenta con la satisfacción -más que mínima- de todas y cada una de sus necesidades vitales, educativas y culturales. Es preciso ser conscientes de esto y cantar, con Mercedes Sosa u otro de los varios intérpretes, la canción compuesta por Violeta Parra: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”.

 Gratitud, serenidad para aceptar lo que no es posible cambiar, valor para cambiar lo que es posible y sabiduría para reconocer la diferencia entre lo que podemos y no podemos cambiar, son componentes de una actitud positiva y agradecida ante lo que nos prodiga la vida. Los valores del Ideario del colegio: Solidaridad, búsqueda de verdad, libertad y creatividad en función de una ciudadanía democrática y medio ambiental, promueven valores o principios espirituales de igualdad, inclusión, compromiso y justicia social, que dan sentido y orientación a una vida digna de ser vivida.

 Esta manera de ver la vida y el mundo nos permite sentirnos íntegros en el presente que nos toca vivir y fortalecer nuestra autoestima. Al valorar más el Ser que el tener, al respetar respetándonos, al aceptar a los demás aceptándonos, al amar amándonos, al poner la Solidaridad como eje sobre el que se estructura un presente común donde importan todos y cada uno de los miembros de la colectividad humana, podemos acceder más fácilmente a lo vital que nos habita. Podremos alcanzar con sencillez aquello tan simple y tan inexplicable que nos mantiene vivos: ese hálito que hace posible respiremos, esa energía que nos da vida aquí y ahora.


Ante estas pautas fundamentales, las técnicas que ejercitemos para ser más conscientes de nosotros mismos y de nuestro entorno, para sentirnos plenamente vivos, llenos de energía y contentos por ser parte de las mutaciones de un mundo en pleno proceso de cambios, son secundarias. A algunos les ayuda concentrarse en la respiración o en la luz de una vela, poner atención en los espacios vacíos entre ruidos o sonidos, activar todos los sentidos al realizar cualquier acción cotidiana (hacer con todo el ser), moverse de manera disparatada para luego concentrarse en las sensaciones corporales, escuchar los latidos del corazón o pulso, en fin, un sinnúmero de técnicas nacidas del budismo y elaboradas por la meditación zen, que dieron origen a un amplio espectro de estilos o escuelas de yoga y meditación, llamadas “mindfulness” en occidente (“Atención o consciencia plena”). Son accesorias y cada quién, si desea mejorar su acercamiento al Ser interno o verdadero, puede buscar una modalidad que se adecue a sus posibilidades.

 Si bien es preciso realizar enormes esfuerzos en la realidad física, el mundo material, para poder alcanzar estándares de vida dignos, también es urgente –sobre todo en esta época de grandes cambios que se vislumbran irreversibles- iniciar un viaje interior en paralelo, para conocernos mejor (conócete a ti mismo, decían los antiguos, Sócrates sería el iniciador según Platón). Ese viaje interior al centro de nuestro universo es una experiencia de constante presente, consciencia y total alerta a nuestro aquí y ahora, al tiempo que a la exigente solidaridad que demanda el año 2020. Ser solidarios con los demás, sin duda, aporta también bienestar y continúa siendo el mejor antídoto de las fuerzas de la vida, la paz y los valores humanos, ante el avasallamiento de la soberbia, el poder, el individualismo y la guerra, que representan a las fuerzas de la muerte.

 Vivir en el presente, aquí y ahora; ser conscientes de nuestro cuerpo, mente y Ser; fluir con la vida aceptando los cambios y la incertidumbre, modificando sólo aquellas cuestiones en las que podemos influir positivamente; dejar de lado expectativas y postergaciones para enfocarnos en vivir de acuerdo a los principios y valores adoptados libre y soberanamente, tomando a la Solidaridad como eje rector de nuestra práctica cotidiana, definitivamente incrementa y fortalece nuestra autoestima y contagia la alegría de vivir que sentimos a quienes nos rodean.

 

 Nota: Las fotos son de la BBC Mundo. El macro cosmos y el micro cosmos interior, se asemejan.

 Imágenes tomadas del artículo de Kameron Virk, reportera de Newsbeat, del 04 de agosto del 2020, sobre las ideas de la cosmóloga Katie Mack sobre el origen y el fin del universo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-53649460

jueves, 30 de julio de 2020

Vivir en el presente: aquí y ahora

Los tiempos de cambio en que vivimos nos llevan a modificar nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Nos estamos viendo obligados a replantear nuestro estilo de vida y las filosofías que nos permitían justificar o cuestionar ese modelo, según sea la ubicación personal o institucional de aceptación o rebeldía frente al “orden establecido”.

Se ha hecho necesario ver con otros ojos la cuestión planetaria y la profunda interdependencia de la vida de todos. La nueva mirada puede seguir respetando los límites entre territorios planteados por la existencia de países, pero una observación más profunda de la realidad que vivimos, nos lleva a saber que para un virus no existen fronteras, ni estados, ni edades, aun cuando los mayores seamos más vulnerables. Tampoco parece considerar a las clases sociales, aunque los más afectados sean siempre y desde los inicios de la historia, las personas con menos recursos.

 Los que podemos darnos el lujo de trabajar desde casa, tenemos sentimientos y emociones encontradas que oscilan entre la tranquilidad de habernos quedado en casa y la impaciencia de sentirnos limitados en nuestro movimiento usual. La comodidad del hogar, con el redescubrimiento del tiempo que usualmente no teníamos para la pareja, los padres y los hijos, o el reencuentro con asuntos pendientes que postergábamos una y otra vez hasta las próximas vacaciones o hasta las fiestas de fin de año, pueden permitirnos revalorar la familia, la vida, el tiempo y disfrutarlo, si contamos con trabajo  o recursos para afrontar esta etapa.

 También es posible sentir la desesperación, el hartazgo, la frustración y el cansancio, o todas juntas, de haber estado y estar restringidos en nuestras libertades o de ya no soportar alguna o varias de las circunstancias que estamos viviendo.

 En cualquier caso, es urgente mantener una especie de paranoia saludable y responsable en nuestro comportamiento. Así se haya levantado la cuarentena, el riesgo de enfermar sigue allí; la pandemia no ha sido superada. Al contrario, la incidencia de casos se mantiene o ha aumentado en varias provincias. Por eso, al salir a la calle y al regresar a casa es absolutamente necesario obedecer todas las recomendaciones sobre cuidado e higiene para no enfermarnos ni enfermar. Optemos decididamente por la solidaridad y la ciudadanía ambiental para todos, como nuevo estilo de vida.

 En este contexto, vivir el presente, en el aquí y el ahora, es una filosofía, a la vez que fórmula práctica, para enfrentar con mínima paz interior lo que experimentamos hoy. No sacamos mucho preocupándonos por lo que pasará en el futuro, ya que la incertidumbre se ha instalado agresivamente en nuestras vidas y nunca fue muy útil adelantarse a los hechos. Una cosa es hacer planes y proyectos realistas y otra es vivir angustiados por lo que va a pasar, ya que –finalmente- nadie sabe con certeza lo que va a ocurrir. La tarea de hoy, tal vez sea, aprender las lecciones que pudiera aportarnos, el vivir conscientes del aquí y ahora, y responder al presente, valorando su potencial.

Por otro lado, añorar por algún momento el pasado y recordar experiencias vividas para sacarles la lección o para volver a disfrutar con los recuerdos es una cosa, pero anhelar con ahínco el ayer y aferrarse a hacer prevalecer las antiguas circunstancias sin poderse adaptar a los cambios, puede resultar enfermizo. Añorar y lamentarse nos pueden deprimir.

 Ni en el pasado ni en el presente: la vida discurre aquí y ahora. Con todos los proyectos y agendas pendientes que sea necesario prever, pero aquí y ahora es cuando estamos vivos. Si nos esforzamos –y resulta muy entretenido, además- en mantener toda nuestra atención en lo que perciben nuestros sentidos en este momento, u observamos al que piensa, o escuchamos nuestra respiración mientras que realizamos las actividades cotidianas, o si miramos concentradamente una vela o el fuego de la chimenea, si contamos con esa maravilla, podremos conectarnos conscientemente con el presente.

 La idea central es ser conscientes de lo que hacemos. En lugar de ducharnos, por ejemplo, pensando en lo que haremos y cómo lo efectuaremos al terminar, podemos: sentir el agua en nuestro cuerpo… la temperatura que tiene… nuestras manos jabonándonos… y permitir que nuestra mente emita menos ruido y que nos centremos en el aquí y ahora. Ser totalmente conscientes de lo que hacemos equivale a vivir intensamente en este momento, al tiempo que desarrollamos nuestros intereses, investigamos sobre temas que nos producen curiosidad y realizamos las actividades que debemos hacer para auto sostenernos y dar cobertura a quienes dependen de nosotros, si ese es el caso.

El ruido mental es una de las principales causas de muchos trastornos psicológicos, incluyendo los de tipo psicosomático. La mente no para de pensar, es una cantaleta interminable de ideas, recuerdos y proyecciones que pueden causar dolor y hasta sufrimiento a las personas. A veces hasta con un pequeño error cometido, nuestra mente no cesa en los reproches haciéndonos sentir culpables o malos por aquel error. Si la falta es mayor, nuestra mente, cual verdugo, puede ser implacable.

Igual con el futuro. Si algo va a ocurrir y lo hemos planeado, a algunos nos pasa que repasamos infinidad de veces lo que vamos a decir, cómo lo vamos a hacer y nos imaginamos lo que nos van a contestar y así hasta el infinito, generando expectativas que de no cumplirse pueden decepcionarnos.

 Lo mejor y recomendable es vivir aquí y ahora, en el presente, con todo el ser viviendo lo que nos toca. Pero para lograrlo es preciso desarrollar algunas habilidades espirituales como rendirnos, aceptarnos, dejarnos llevar, ser conscientes de que no somos nuestra mente, contar con un espacio de tranquilidad y soledad, en fin, varios temas que los vincularemos con la autoestima en el próximo artículo de este mismo blog. Fuerte abrazo y que estén bien, ahora y aquí.


 


miércoles, 15 de julio de 2020

Autonomía y educación en casa

Ya sea en el colegio o en la casa, de manera presencial o virtual, la propuesta educativa del Colegio La Casa de Cartón alienta la autonomía personal como base del protagonismo estudiantil que deseamos desarrollar en nuestro alumnado. Lo que se desea, finalmente, es que puedan desarrollarse bien en la vida, tomando iniciativas y siendo libres, con la capacidad de escoger sus influencias.
Cuando asistían a la escuela, las profesoras y profesores en trabajo de equipo, agrupándose por ciclos y en plenarias, evaluaban las necesidades educativas y psicosociales de cada estudiante para darle un tratamiento personalizado. Esta evaluación permitía establecer retos y acuerdos personales, ubicar a cada estudiante en las responsabilidades del salón y del colegio, fomentar su participación como delegados del Consejo Estudiantil, trabajar la ciudadanía ecológica y los valores del Ideario de la mejor manera posible.

En qué aspectos, el estudiante individual y el grupo de aula al que pertenece, necesitaban ayuda y en qué asuntos podían desenvolverse solos, resultaba relativamente sencillo al tenerlos presencialmente en el colegio. Revisar en grupos de docentes sus necesidades y habilidades para ser autónomos y mantener el fortalecimiento de la libertad que se busca en su formación como personas con valores y como  ciudadanos democráticos, conscientes de la realidad ambiental, era y es una práctica interiorizada y aplicada cotidianamente.
Ahora, las chicas y los chicos están en casa, comunicados con la escuela por medios virtuales pero a cargo de sus familiares de manera presencial. En casa también es posible fomentar la autonomía de nuestras hijas e hijos.
Y para auspiciar la independencia de las y los estudiantes, es preciso revisar primero si somos perfeccionistas, sobreprotectores, autoritarios o ansiosos. Si detectamos esas características en nosotros como padres o madres, entonces –como dijéramos en artículos anteriores- tal vez sea preferible delegar la responsabilidad educativa en un miembro de la familia que promueva la autonomía. De lo contrario, se corre el riesgo de generar o acentuar dependencias e inseguridades, o  generar  actitudes negativas en la relación y rechazo hacia el aprendizaje.








En base a sentirse queridos, aceptados y valorados, las niñas y niños aprender a sentirse seguros; a salir de su egocentrismo para aceptarse y quererse, al tiempo que aceptan las diferencias con otras personas, especialmente con otros niños, y pueden establecer relaciones afectivas significativas. Gradualmente van afirmándose en la toma de decisiones y realizan balances, cada vez más más autocríticos y conscientes, de sus características personales tanto positivas como de aquellas por mejorar.
Así descrita la autoestima, los niveles crecientes de responsabilidad, fortalecen la confianza básica de los niños y niñas. Estar activos, participativos y con cada vez mayores compromisos para planificar y realizar sus responsabilidades de la casa y del colegio, respondiendo por sus propias acciones, incrementa la libertad personal. Esa libertad unida al componente del autocontrol de impulsos, la tolerancia, aceptación de acuerdos y límites razonables, va formándolos en y para una mejor convivencia, participación democrática y sentido de justicia e igualdad socio cultural.
Todos estos componentes de la libertad, a saber, la seguridad, el autocontrol, la responsabilidad, la participación democrática y la justicia, pueden partir y expresarse –a la vez- desde la autonomía.


Cuando son pequeños y cursan el Primer Ciclo (5-7 años), la familia ayudará a desarrollar la autonomía de sus hijos e hijas si les permiten vestirse, lavarse y atenderse  solos en las necesidades elementales de cuidado de sí mismo y en la alimentación. Al realizar el trabajo escolar, pueden necesitar algún apoyo y podemos orientarlos, pero dejar que solos resuelvan sus tareas una vez aprendido el procedimiento o comprendido el quehacer.
En el Segundo Ciclo ((8 a 10 años), es importante que hagan solos las actividades diarias, las rutinas de la casa y del colegio que ellos ya saben y pueden realizar por sí mismos: vestirse, asearse, alimentarse, limpiar y ordenar su habitación, organizar el escritorio o la mesa de trabajo para avanzar sus proyectos y tareas. En materia de cómputo y acceso a internet, “reconocerá y ejercerá sus propias posibilidades”, -como dice Mariano en el libro morado- siendo capaz de encender la computadora, verificar el acceso a internet, abrir los programas que requiere, guardar la información obtenida o el trabajo efectuado y cerrar todas las ventanas abiertas al apagar la máquina.


En el tercer ciclo la autonomía es prácticamente total. Las chicas y chicos, evidenciarán sus posibilidades y dificultades al realizar actividades cotidianas de la casa y el colegio, siendo conscientes de dónde y para qué necesitan ayuda. En una época sin pandemia, estos atributos podían extenderse a la calle, pero ahora es mejor mantener por decisión familiar y escolar, las medidas restrictivas a la libertad de movimiento.
Los estudiantes del Cuarto Ciclo y parafraseando nuevamente a Mariano, “demostrarán autonomía en cualquier medio y circunstancia: serán capaces de organizar su tiempo, atender sus necesidades y planificar su vida; reconociendo sus posibilidades para ejercerlas y sus limitaciones para solicitar ayuda”.


En casa, podemos ayudar a nuestras hijas e hijos a ser más autónomos si no hacemos por ellos nada que no puedan hacer solos y si establecemos retos, acuerdos y responsabilidades, al estilo de La Casa de Cartón, considerando por supuesto las edades que tienen.

Nota: Para el presente artículo, se ha tomado como referencia el libro “Hacia la escuela posible”, de Mariano Moragues; especialmente el Anexo 3: Secuencia de objetivos generales de actitudes, en lo que se refiere a “búsqueda de LIBERTAD por ciclo” (numeral III).



lunes, 29 de junio de 2020

¿Cómo ser vitales y lúdicos al apoyar la educación virtual de nuestros hijos?


En el artículo anterior, vimos la importancia de estar y sentirnos bien para poder acompañar creativa y positivamente a nuestros hijos e hijas con los aprendizajes virtuales que ellos afrontan en esta época de cambios. Compenetrarnos con la propuesta pedagógica del colegio y, especialmente, con la metodología del trabajo de actitudes, habilidades y destrezas, era, como dijimos, la manera de prepararnos para ser las mejores maestras y maestros de la casa.


Foto: Lamenteesmaravillosa.com

En el presente artículo, vamos a considerar la importancia de las edades de los y las estudiantes virtuales, así como los aspectos lúdicos y vitales al acompañar el proceso de enseñanza aprendizaje.

Con niños y niñas del Primer Ciclo, entre 4 y 7 años, la vitalidad y el juego, la creatividad en cualquiera de los lenguajes de las artes, son las herramientas fundamentales para captar fácilmente su atención y liderar el proceso. El adulto lúdico y entusiasta se hace rápidamente de un lugar privilegiado para acompañar a chicas y chicos en sus aprendizajes.

Se puede empezar con simulaciones, juegos de roles, actuaciones tipo teatrales. canciones, cuentos, dibujos o movimientos corporales, para iniciar un juego donde seamos artistas, exploradores, científicos, astronautas, viajeros, campesinos andinos o selváticos, superhéroes, cocineros o lo que le guste al pequeño aprendiz. Una vez que estemos en el juego, escuchamos lo que la profesora nos explica, los retos del proyecto y lo que se quiere lograr, para adecuarlo a la dinámica divertida en la que nos encontramos. Cuando  sea necesario, utilicemos la computadora para buscar algún dato o para organizar la información que se ha ido recogiendo, tras haberlo hecho en el cuaderno o en el folder, con ilustraciones, dibujos, fotografías, recortes y demás material concreto.




En estas edades, los límites y normas en los juegos que nos llevan al trabajo escolar, son especialmente importantes para apoyar la salida del egocentrismo y la mayor ubicación en el universo socio cultural. El pensamiento concreto que caracteriza la etapa preoperatoria, nos obliga a centrarnos en un objeto o idea por vez, así como a distinguir fantasía de realidad, a establecer por qué algo es bueno o malo y todo lo relativo a causas y consecuencias.

Casi cualquier cosa es oportunidad para hacer un trabajo de aprendizaje si somos lo suficientemente creativos, vitales y juguetones como para descubrir el mundo con ellos. Partamos de un juego virtual o de la realidad cotidiana, se pueden precisar significados de palabras, pronunciarlas correctamente, contar numéricamente desde jugadores de fútbol hasta objetos que hay en la sala o el dormitorio. Apreciar formas, tamaños, colores, cantidades, ponerles símbolos y presentarles gradualmente, los códigos emblemáticos que deseamos aprendan a decodificar, es decir, los meros y las letras. Todo ello fortalecerá el desarrollo de la función simbólica y afirmará el lenguaje, al hablar, escuchar, leer o escribir.

Con los y las estudiantes del Segundo Ciclo, cuyas edades oscilan entre 8 y 10 años, se puede utilizar la misma estrategia vital y divertida pero reduciendo el nivel de fantasía y sacándole más el jugo a las maravillas de la realidad natural y socio cultural. El pensamiento sigue siendo concreto, pero ampliamente divergente,  así  que  el  realismo,  las  inferencias  lógicas  y  las  razones


convincentes, aquí y ahora, en el presente, le permitirán comprender, además de seguir descubriendo, el mundo que los rodea.

Nuestro acompañamiento en ese proceso puede ampararse en un cabal manejo de las computadoras y otras TICs por parte de las chicas y chicos. Si no sabemos usarlas, ellos nos enseñarán. El lenguaje y la función simbólica se afirman plenamente.  La normatividad social está mejor  interiorizada y la  atención descentrada, lo que les permite captar algunos asuntos a la vez.



En el Tercer Ciclo, con púberes entre 11 y 13 años, el rol del familiar que los acompaña puede dar un giro sustantivo hacia el diálogo divertido e interesante, muy vital y creativo, pero un tanto menos lúdico, -o buscando formas lúdicas apropiadas para la edad-, que en los dos ciclos anteriores. Nuestro liderazgo puede haber sido cuestionado, incluso desde el segundo ciclo, pero la idea es ir alternando roles y democratizar la conducción de los procesos de aprendizaje en casa. La afirmación de la identidad sexual y personal deviene en una necesidad fundamental del desarrollo de nuestras hijas e hijos.


El pensamiento se torna formal, pasando de lo concreto a lo abstracto. Es analítico y crítico; lógico al deducir e inducir ideas y representaciones de objetos, seres y situaciones; capaz de sintetizar conceptos y circunstancias, así como de evaluar su aplicabilidad con hipótesis y probabilidades, tal como lo hace cualquier persona. Empezar a interpretar el mundo, las relaciones humanas y los temas de pareja y sexualidad pasan a ser vitales. Aprender con ellos al acompañar su proceso, deviene en una aventura fascinante. El manejo tecnológico se da por descontado.

Estas mismas características, potenciadas al máximo, se observan en las y los estudiantes del Cuarto Ciclo. Su mayor interés por temas existenciales respecto al sentido de la vida, a definiciones filosóficas, a los valores que rigen, orientan y orientarán su existencia, van aparejados con las inquietudes sentimentales y sexuales. El manejo científico y tecnológico, la curiosidad por los diferentes lenguajes artísticos, en simultáneo con la preocupación por aspectos sociales y culturales, el interés sobre los derechos y libertades de las personas, la forma de estar organizado (o desorganizado) el mundo, dentro de la curiosidad por saber y conocer de todo, nos permite ser una fuerte influencia positiva en sus vidas si aplicamos lo mejor de nosotros para que nuestros adolescentes nos permitan ingresar a sus dominios.

Foto: Entrepreneur.com    

                                                                                      Foto: Muyinteresante.es


Para acceder a “su” mundo y ser un buen ascendente en la pubertad y adolescencia de nuestras hijas e hijos, es preciso:

El diálogo franco, abierto y transparente sobre estos aspectos de la vida; que puede convertirse en un deleite lúdico y vital si nosotros, los adultos, tenemos saneados los aspectos básicos y sustantivos de amor propio, adopción de una filosofía y escala de valores consistente, así como perseverancia en nuestro despliegue como seres integrales, buscando ser mejores, mas no perfectos ni perfeccionistas.

La coordinación continua con el tutor o tutora del colegio dentro de una visión mancomunada casa-escuela, en la que juntos nos dediquemos a apoyar el proceso de formación integral de nuestros seres queridos[1].

                                                    Foto: Ciec.edu.com



[1] Para el presente artículo, se ha utilizado un resumen personal de las etapas del desarrollo evolutivo de Piaget y los lineamientos del Anexo 3 “Secuencia de objetivos generales de actitudes”, del libro: “Hacia la escuela posible”, de Mariano Moragues, fundador e ideólogo del Colegio la Casa de Cartón.