lunes, 30 de enero de 2023

Consigna veraniega

Las consignas que promueve el Colegio La Casa de Cartón sirven como recurso metodológico para reforzar las actitudes, habilidades y destrezas que se están desarrollando en determinado periodo académico. En plenas vacaciones y disfrutando del verano limeño, las familias y docentes pueden extender el trabajo de la última consigna del año que pasó, dada su significativa importancia en la valoración de diferentes estilos de aprendizaje, en particular, y de la diversidad humana, en general, así como en la estimación de la pedagogía del ensayo error que contiene. Veamos.

 La consigna del tercer trimestre afirma que: “Tenemos distintas formas de aprender” y que “el error es una oportunidad para crecer”. Desde sus inicios, el colegio favoreció el aprendizaje por descubrimiento, el aprender haciendo, el jugar aprendiendo y el aprender jugando, el trabajo activo participativo, el protagonismo de los estudiantes en el proceso de construcción de saberes a partir de lo que conocían previamente. Todas estas posibilidades y variadas maneras de enfocar y desplegar las sesiones de aprendizaje se basaron en los aportes que la Escuela Activa y el Constructivismo, principalmente, le dieron a la Educación y que el colegio fue incorporando como principios pedagógicos.


De forma paralela a las contribuciones de los diversos enfoques o escuelas, los tipos de pensamiento definidos por Piaget de acuerdo el estadio de desarrollo evolutivo, el modelo del cuadrante cerebral de Herrmann sobre los estilos de pensamiento y aprendizaje, así como los postulados de Gardner sobre las inteligencias múltiples y las de Goleman sobre la inteligencia emocional, enriquecieron enormemente el conocimiento sobre las distintas formas de aprender que tenemos las personas.

Con todos estos referentes en mente y recordando el artículo de Benjamín Alfaro, estudiante de tercero de secundaria, sobre “La consigna y su aplicación dentro de 3er y 4to ciclo”, que fuera publicado en diciembre del 2022 en la “Revista de La Casa de Cartón” (1), podremos apoyar a nuestras hijas e hijos, a nuestros estudiantes de toda edad, a desarrollar las más variadas maneras de aprender en casa y de forma divertida, este verano. En los próximos números del blog revisaremos los planteamientos fundamentales y les haremos llegar sugerencias.


El otro aspecto que abarca la última consigna se refiere a aprender de los errores que cometemos, así como de visualizarlos como oportunidades de crecimiento y no como  fracasos o pérdidas de tiempo. La actitud positiva y los valores de honestidad, receptividad y buena voluntad, que componen la libertad y la búsqueda de verdad, se encuentran presentes al asumir los equívocos como retos a superar. Aprender del error implica disminuir el ego y la soberbia para aceptar que, como seres humanos somos falibles y nos equivocamos. Si nuestra actitud tiende al perfeccionismo y al ego inflado, ni siquiera somos capaces de reconocer los errores cometidos y nuestra terquedad nos puede llevar del error al horror, convirtiendo algo sencillo en tremendo problema por negligencia y negación. Pero si nos aceptamos como personas falibles, con luces y sombras, con cualidades y defectos, ante cada error cometido podemos encontrar una lección de vida, un aprendizaje significativo basado en la propia experiencia que quede acuñado, vivencialmente en nuestro ser y que nos será de utilidad filosófica y práctica el resto de nuestra vida. La sola existencia en este mundo es una gran maestra y aprender de los errores nos lleva a fiarnos de la experiencia, propia y ajena, como fuente de sabiduría.

Aquella o aquel que pretenda no equivocarse o ser perfecto, cosa muy dudosa, o nunca se atrevió a intentarlo, la pasividad y el miedo campearán soberanos en su estrecho mundo. Pero aquellos que intentamos, que nos atrevemos y ensayamos, que nos exponemos al error, a equivocarnos y ser vulnerables, definitivamente tendremos la oportunidad de crecer en seguridad, confianza, amor propio o autoestima y sabiduría. Nos hace mejores personas en última instancia.


La valoración de la diversidad de aprendizajes y de los errores como fuente de saber, también nos pueden servir, continuando con la lógica del artículo anterior de este blog, a aceptar y valorar la diversidad en general y a repensar la famosa definición de locura que nos alcanzara Einstein en su momento. Él decía que “locura es repetir los mismos errores esperando resultados diferentes”.

En el colegio y a nivel de equipo docente, en las casas y dentro de los múltiples y variados entornos familiares, en nuestra vida personal y en la vida social, política y económica de nuestro país: ¿Valoramos las distintas maneras de aprender, de ser, de comportarnos y manifestarnos? ¿Reconocemos y valoramos las diferencias, incluyéndolas, o excluimos sin más a los que nos son ni aprenden como nosotros? ¿Nos sentimos o creemos diferentes, mejores o peores que otros? (2) ¿Aprendemos de los errores que cometemos o cometimos y cambiamos nuestros patrones de conducta? O por el contrario ¿repetimos el mismo error esperando resultados diferentes? ¿Lo que nos ocurre como personas o como familia, nos está pasando a nivel de país? ¿Qué dicen?


Fuerte abrazo a tod@s. 

 

                                                                                                                             Carlos Ureña Gayoso

                                                                                                                        Integrante de EDUCALTER

 

 

(1)   “Tenemos distintas formas de aprender, el error es una oportunidad para crecer”. La consigna y su aplicación dentro de 3er y 4to ciclo. Benjamín Alfaro (3ro secundaria). Revista de La Casa de Cartón. Año 38 N-53. Diciembre 2022.

(2)    Complementariamente, ver los interesantes artículos:

-    “El racismo presente en las elecciones presidenciales: Un fenómeno social aceptado en nuestro país”, de Luciana Engblom Gallo.

-       “La xenofobia en instituciones educativas que nos rodea” (sic), de Alonso Antu Santander Pérez. Y

-    “Crítica al género y descubrimiento de más identidades”, de Aiden Calderón Cruzado. Los tres son estudiantes del 3ro. de secundaria, quienes han publicado en la “Revista de La Casa de Cartón”, del mismo año, número y fecha que mencionamos en (1).


lunes, 16 de enero de 2023

Y empezó el año 2023

Las fiestas de fin de año, con la clausura del cole incluida como parte del periodo de cierre anual, han terminado. Comenzamos un nuevo año en celebraciones compartidas con familiares y amigos, entre alegrías y tristezas, ya sea que estas últimas provengan de nuestro entorno inmediato o surjan de la dolorosa conciencia de ser peruanos en un país que está desangrándose en este momento (hoy, 15 de enero).

Usualmente, muchos de nosotros aprovechamos el fin de año y el inicio de un año nuevo para hacer un listado de buenos propósitos. Tras la evaluación de lo vivido, nos proponemos ajustes o nuevas actividades, retos y metas para el año que se inicia.

Hacer algún ejercicio físico, caminar más o montar bicicleta con regularidad, ejercitarnos en yoga o meditación que tantas veces postergamos (mindfulness, que le llaman ahora), comer sano eliminando al temible “pepe” (P de panes y otra p de postres y dulces). Desarrollarnos como personas y como trabajadores (profesionales o no), siguiendo algún curso, diplomado o maestría, si contamos con los recursos para hacerlo. Al menos hacer sudokus o crucigramas para mantener la mente activa. Encontrar una pasión a la que dedicarle tiempo libre si lo hubiera. Disciplinarnos mejor en el cumplimiento de horarios para superar las carencias de tiempo para la familia y los amigos, dedicándoles más atención a nuestras hijas e hijos, a la pareja y a nuestros padres o amistades, según sea el caso. Todos estos son ejemplos de buenos propósitos.

 


Cada persona quisiera, todos nosotros quisiéramos, mejorar en varios aspectos nuestro desempeño anterior y el tránsito de un año a otro es una muy buena oportunidad para plantearnos los ajustes o programar las mejoras a realizar. Unos podrán usar una agenda o un planificador de escritorio (esos enormes con los meses para recordar lo importante o lo que se hayan propuesto). Otros, más modernos, usarán su agenda electrónica con alarmas para recordar fechas y situaciones.

Desde estas páginas, les tenemos una sugerencia muy acorde con la propuesta pedagógica del Colegio La Casa de Cartón, que es la siguiente. ¿Y si aprovechamos el inicio del año para realizar una asamblea familiar donde cada miembro de la familia llegue con su autoevaluación en mano? ¿Qué es lo mejor que tengo como persona y cuál es mi mayor aporte en esta familia a la que pertenezco? ¿Qué aspectos puedo mejorar o cuáles características podrían hacerle un daño a mis seres queridos, con quienes vivo? Cada familia es libre de matizar y de enriquecer esta sugerencia con las preguntas que cada integrante del clan deba llegar a la reunión familiar. Ya en la asamblea de familia, frente a lo que cada miembro comparte de acuerdo a turnos establecidos con un juego que ustedes inventen o que conozcan de antes, los demás le hacen conocer su opinión, con lo que se estaría en una heteroevaluación. Al finalizar las rondas donde cada miembro de la familia ha compartido su autoevaluación y se ha nutrido con la heteroevaluación de los demás, se establecen los acuerdos grupales. ¿A qué se compromete cada persona y cada cuanto tiempo se revisarán dichos acuerdos? Se nombra un secretario para formalizar en un acta o en un papelote los retos personales a fin de recordarlos constantemente. Todo este proceso puede ser diferido en dos sesiones o más si así lo requiere y muy saturado de juegos o aspectos lúdicos cada vez que termina uno de los integrantes del grupo familiar, para hacer muy amena la o las sesión/sesiones.

 


En una reunión adicional, menos lúdica quizás pero con recursos activos tipo los que usan en el cole para la indagación científica o para analizar las noticias, sería recomendable tratar de entender con fuentes provenientes de los dos bandos, ¿qué está pasando en el Perú, hoy? Esclarecer el “por qué” de los enfrentamientos, precisar las demandas de la población, sopesar la declarada no comprensión y hasta negligencia en algunos casos de las autoridades, establecer la infiltración o no de grupos de extrema izquierda o derecha que incitan a la policía a disparar, así como tener un consenso familiar sobre si se justifica o no el que tengamos 49 personas asesinadas el día de hoy, y si esto permitirá a las familias ubicarse como parte de la sociedad en su conjunto y cómo participar como familias dentro del proyecto nacional.

¿Qué podemos hacer como familias y como colectivo ante lo que viene ocurriendo? Como miembros de la comunidad educativa de La Casa de Cartón, nos es necesario enmarcar nuestros propósitos y mejoras para el 2023, en el contexto nacional desde una óptica solidaria, libre, creativa y buscadora de verdad para seguir forjando estudiantes, que pronto serán ciudadanos, lúcidos, democráticos y ecológicamente conscientes, en concordancia a la justicia social, los valores y actitudes positivas que promueve el colegio desde su fundación.

 


La situación actual demanda que dejemos de observar pasivamente lo que ocurre y que formemos conciencia sobre el uso abusivo de la represión y las armas de fuego contra los manifestantes. ¿Qué podemos hacer cada un@, cada familia y como institución educativa? Busquemos, por favor, respuestas a este gran reto que se nos ha presentado. ¿Sería oportuno hacer un pronunciamiento institucional?

 

Fuerte abrazo a tod@s. 

 

                                                                                                                             Carlos Ureña Gayoso

                                                                                                                        Integrante de EDUCALTER


viernes, 23 de diciembre de 2022

Y se va el 2022

Quizás les haya pasado que, cuando éramos niños de primaria y seguro también en inicial, el tiempo parecía eterno. Un año escolar o un día de clases duraban lo que tenían que durar, que usualmente era bastante. El año pasaba tan lentamente que no veíamos las horas de que llegaran las tan ansiadas vacaciones. El día era tan inmenso que alcanzaba para ir al colegio, hacer todo lo que nuestros familiares nos indicaran que había que hacer en casa y hasta quedaba un saldo para ir a visitar a algún amigo o amiga y jugar hasta que nos avisaban que volviéramos.

Ya en la pubertad y adolescencia pudimos percibir un pequeño ajuste en nuestras vivencias temporales, por la necesidad de destinar más horas a los y las amigas, las reuniones y paseos en grupo, el enamoramiento primerizo, las cada vez mayores exigencias en casa; pero no fue hasta cuarto o quinto de secundaria que sentimos la pegada: ¿Qué voy a hacer cuando termine el colegio? ¿Estudiar? ¿Trabajar? ¿En qué?  El tiempo a nuestra disposición se redujo un tanto.

Al terminar el colegio y empezar los estudios o trabajos, la percepción sobre el aprovechamiento del tiempo y cómo hacerlo más elástico, se fue convirtiendo en algo cada vez más valorado aunque de resultados fugaces. Pero la intensidad de la existencia juvenil, -con tantas vicisitudes, retos, amistades, enamoramientos, sesiones filosóficas y políticas sobre cuanto existe y cómo se podría mejorar o cambiar el mundo-, permitían alimentar la creencia de que uno, a sus 25 años –por decir una edad clave- era prácticamente eterno.

Luego la vida se encarga de abastecernos de sin número de responsabilidades, compromisos y obligaciones que nos llevan a sentir que los días pasan volando, en un respiro, demasiado de prisa. Cuando por fin nos tomamos un aire para sopesar con calma y evaluar nuestra vida por motivos, usualmente, o muy alegres y vitales, como la graduación de una hija o hijo o el nacimiento de un nieto, o por motivos más bien tristes, como la muerte de una persona querida, vemos cara a cara lo volátil que es existir.   

Hoy, mes de diciembre del 2022, el colegio termina el periodo lectivo anual y se preparan, estudiantes, familiares y equipo docente, para la clausura del viernes 16. Este año se ha pasado rápido pero estuvo lleno de grandes acontecimientos:

-  Las chicas y chicos volvieron a las aulas a rencontrarse con sus amistades y docentes tras dos años de aislamiento pandémico por el Covid 19, quienes con su algarabía y entusiasmo, le devolvieron la vida al colegio.

- Las actividades escolares se desarrollaron sin mayores contratiempos, retomándose las responsabilidades, las comisiones productivas, los proyectos de indagación científica, las áreas de comunicación y matemática, los talleres de arte, la psicomotricidad y educación física, de acuerdo a la malla curricular de cada ciclo y con las medidas sanitarias preventivas.

-  Se implementaron las Olimpiadas, los Juegos Florales, la Feria de Ciencias, la Minka, el Aniversario del colegio y las evaluaciones compartidas entre familiares y profesor@s.

-  Y llegamos a la clausura con la satisfacción de haber puesto lo mejor del equipo directivo y docente para desplegar una educación alternativa de calidad para nuestr@s estudiantes y sus familias. Desgraciadamente, en el contexto de una convulsionada situación política que ha provocado se declare en emergencia a todo el país. 

 La vida, que cada año que pasa nos da la impresión de discurrirse entre las comisuras de nuestro ser con mayor ligereza, pero que vivida intensamente, con los valores del Ideario, los ejes transversales de la ciudadanía ambiental, los principios pedagógicos y las consignas, la hacen plena, satisfactoria a pesar de los apesares, íntegra y digna, nos despedimos, agradeciéndoles su acogida y confianza en el Proyecto Educativo del Colegio La Casa de Cartón.

Fuerte abrazo a tod@s.

 

                                                                                                                             Carlos Ureña Gayoso

                                                                                                                        Integrante de EDUCALTER

 


miércoles, 7 de diciembre de 2022

Criollismo y Cosmovisión Andina

En México y América Central no hay Andes pero sí, una visión de la vida y la muerte más cercana a la cosmovisión andina, que a las creencias ancestrales de la Europa prehistórica que han llegado al Occidente y perduran hasta hoy, como el Halloween o el Día de los Santos y Difuntos. Existen varios puntos de encuentro, así como algunos otros de desencuentro, entre los pueblos que forjaron la cultura occidental y las antiguas civilizaciones latinoamericanas. Veamos.

Todos los pueblos precolombinos de Mesoamérica (América Central y México), desde su florecimiento en el siglo XIV a. C. hasta la conquista de los españoles en el siglo XVI d.C., fueron sociedades agrícolas, ganaderas y comerciantes, cuyos dioses feroces exigían sacrificios humanos, prácticas rituales y ofrendas ceremoniales para asegurar las buenas cosechas, y que enterraban a sus muertos haciendo evidente su creencia en otra vida en el más allá. Veneraban a sus ancianos y los más sabios, junto con las fuerzas naturales de origen divino que poblaban su panteón politeísta, se convertían en tótems o ídolos, representados en enormes cabezas talladas en piedra (de forma análoga a los celtas europeos que lo hacían con calabazas). Tuvieron poco desarrollo en metalurgia, salvo los aztecas con el oro, la plata y el cobre ornamentales, pero fueron excepcionales en la arquitectura, la astronomía y las matemáticas.

A los olmecas se les reconoce como los pioneros en la zona e influyeron en las civilizaciones que los sucedieron: los purépechas o michoacanos, los zapotecas, los mayas, los mixtecos, los teotihuacanes (si es que fueron una cultura diferente a los mayas), y los méxicas o aztecas. Todas estas culturas mesoamericanas aparecieron desde el siglo XV a.C. o antes incluso, pero florecieron en distintos periodos, dándose épocas de convivencia y alianza, como cuando los zapotecas se unieron a los mixtecos para frenar la expansión azteca, o prevaleciendo unas sobre otras, como cuando los mayas se constituyeron como la civilización más sofisticada de la región, por sus ciencias y letras ya que ostentan el único lenguaje jeroglífico de toda América, o como cuando los aztecas sometieron a todos los demás pueblos mesoamericanos y llegaron a usar una escritura pictográfica. Al igual que a las civilizaciones andinas, las pugnas por tierras y recursos, así como por el poder regional, les duró hasta la conquista española.

Por su parte, en Sudamérica, las culturas andinas fueron muy parecidas a las mesoamericanas. Basaron su economía en la agricultura y ganadería, domesticando ingente cantidad de especies, y desarrollando la metalurgia a buen nivel. Aunque no conocieron el hierro, utilizaron el cobre, el plomo y el estaño para fabricar bronce, además del creativo trabajo en oro y plata.

Los incas heredaron y recrearon todos los conocimientos de los pueblos previos a ellos. De los carales, los nazcas, los caxamarcas y los mochica chimú adaptaron los sistemas de riego y el manejo eficiente del agua; de los chavines y los wari, su arte lítico para trabajar la piedra en obras de ingeniería y arquitectura -solo comparables a las de los mesoamericanos-; de los tiwanacu y los paracas aprendieron el arte textil y cerámico, también muy elaborado por los mochica chimú; de los Chachapoyas sus construcciones circulares. Desde Caral (3,000 a.C.) hasta el sometimiento del Imperio Chimor o Chimú (1470 aproximadamente), los incas recogieron los saberes y experiencia de casi 45 siglos, coexistiendo con varias de las culturas anteriores a ellos, siempre y cuando aceptaran el vasallaje que se les imponía.

Prácticamente todos los estados precolombinos fueron teocráticos y panteístas en su politeísmo. Tuvieron gobiernos monárquicos regentados por militares o sacerdotes que lideraron los imperios wari, mochica chimú e inca, siendo el líder de estos últimos considerado divino en su origen. Creyeron en la vida posterior a la muerte y rindieron culto a los mayores a quienes consideraban oráculos o sabios. Sus dioses pasaron de ser feroces y encarnizados, como los de los chavines, a benéficos y naturales como los de los incas, identificando incluso a un dios creador que subsumía a los demás: Wiracocha.

En la cosmovisión y mitología, tanto andina como mesoamericana –cuya búsqueda en internet recomendamos-, no existe paralelo con el umbral que se abre en determinada época del año y cuyos seres míticos discurren entre el mundo de los vivos y el de los muertos, tal como vimos en el artículo anterior en el que creían los celtas y que han adoptado los países de habla inglesa. Existen algunas leyendas sobre seres del más allá, como la de la Ccarccacha o jarjaria en ciertas zonas del sur andino, pero que están claramente localizadas y no permiten generalizaciones.

Los aztecas celebraban el día de los muertos, cuya tradición ha quedado íntimamente ligada a las ceremonias mexicanas en la actualidad. Tanto aztecas como incas, al igual que chibchas, araucanos y fueguinos, veneraban al sol o inti como máxima autoridad divina en el concierto politeísta, aunque las autoridades ya concebían una entidad única que aglutinaba a las deidades menores. Los mayas encontraron en la naturaleza la inspiración para reverenciar a dioses y diosas multiformes, pero los incas y sus predecesores relacionaron a las deidades naturales a la agricultura, la ganadería y la salud (Pachamama y los Apus, entre otros dioses y diosas comunes a todos nuestros pueblos ancestrales).

Los tótems, representados en cabezas, parece ser un elemento común a multitud de pueblos de todas las latitudes, así como es compartida la tendencia inicial al politeísmo que nuestros ancestros, tanto de América como de Europa, tuvieron. El panteísmo o animismo, que otorga vida a todo lo que se considera sagrado, resulta más propio de las culturas americanas en cualquier latitud, que a las europeas.

Ese animismo estará presente en las creencias de los afro descendientes esclavos, que llegaron con los españoles pocos años después de la conquista de América, y con ellos: la guitarra y el cajón, elementos clave del criollismo. Los descendientes de africanos nacidos en el Perú se consolaban de tantísimos vejámenes a su dignidad, -dada su condición de esclavos trabajando en los latifundios costeños-, bailando y cantando, zapateando y acompañando la música y el baile con golpes rítmicos sobre superficies de madera. La iglesia católica había prohibido el uso de tambores, en el siglo XVII, por considerarlos paganos y porque permitía a los esclavos comunicarse entre grupos distantes. Así que los afroperuanos se las ingeniaron para utilizar cajas de madera en las que transportaban mercancías a las haciendas azucareras y algodoneras. Si se las requisaban, estas cajas pre cajoneras eran fácilmente sustituibles.

En algún momento, entre el siglo XVIII y mediados del XIX, dada la data existente al respecto, aparece el cajón peruano tal como lo conocemos, en Chincha, Ica, tras haber sido emulado por cucharas de madera, golpes sobre mesas y bancas, puertas y pisos que pudieran sonar al ritmo de las manos y dedos morenos. El landó, la marinera, la zamacueca, el alcatraz, el festejo, el zapateo y demás ritmos “negros” no serían posibles sin el acompañamiento del rítmico cajón. Al parecer don Porfirio Vásquez, ya en el siglo XX y con el apoyo de sus hijos –todos músicos o decimistas, en especial el menor: Pepe Vásquez-, otorgó las medidas y calidad de la madera al cajón como instrumento musical estándar.

La guitarra vino después. La trajeron los españoles, muy avanzado el siglo XIX. De amarrarse una cuerda en la cavidad bucal (usada como caja de resonancia) en la prehistoria del sapiens, se inventó en Persia (hoy Irán) el tar: una especie de laúd oriental, que luego se desarrolló como cítara en Grecia con cuerdas sobre una caja de resonancia en forma de herradura, para convertirse en el oud árabe durante la ocupación mora de la península ibérica (hoy España y Portugal), cuyo cuerpo se aplana y da lugar a la vihuela, que a su vez origina la guitarra barroca y la mandora o mandolina, para finalmente crearse –en el siglo XIX por el guitarrero español Antonio de Torres-, la guitarra tal como la conocemos actualmente.

Con guitarra y con cajón, acompañados por instrumentos andinos en varias tonadas, en octubre de 1944, el presidente Manuel Prado Ugarteche y el ministro de educación Pedro Olivera, a través de una resolución suprema, establecen el 31 de octubre como “Día de la Canción Criolla”, con el doble objetivo de realzar las celebraciones del “Señor de los Milagros” y para rendir homenaje al movimiento indigenista y a la fuertísima ola migratoria desde el interior del país hacia la capital, en una época en la que artistas del indigenismo y líderes de la talla de José Carlos Mariátegui, reivindicaban la igualdad entre peruanos de distintas procedencia para alcanzar una vida digna. Años después, Lucha Reyes, la “Morena de Oro del Perú”, inigualable cantante afroperuana de música criolla, fallece coincidentemente también el 31 de octubre, con lo que la fecha cobra una relevancia primordial.

Queda en las y los lectores, madres, padres y familiares de las y los estudiantes del Colegio La Casa de Cartón, del equipo directivo y docente, así como de las y los propios estudiantes, revisar las tradiciones históricas y costumbristas que nos legaron diferentes antecesores que promovieron nuestra identidad cultural, la decisión de qué celebrar entre finales de octubre e inicios de noviembre. ¿Halloween o Día de la Canción Criolla? ¿O es posible celebrar las dos fechas al margen de los orígenes y despliegue histórico?

 

                                                                                                                             Carlos Ureña Gayoso

                                                                                                                        Integrante de EDUCALTER


jueves, 10 de noviembre de 2022

Del Samhain Celta al Halloween Anglosajón

En el artículo anterior, terminamos la reflexión dejando abiertas las preguntas: ¿Halloween y/o Día de la Canción Criolla? ¿Cómo es ahora y qué reflexiones se hacen al respecto, hoy, con los estudiantes y las familias? También les anunciamos que el Samhain de los celtas presenta componentes muy similares a los del Halloween actual de los países de habla inglesa y es considerado como su origen ancestral, así como las similitudes con el Día de los Muertos celebrado en México y en todo el orbe occidental, salvando distancias de forma y algo de fondo, también están presentes. En este artículo revisaremos las tradiciones ligadas a los muertos y a la muerte que realizan los países de occidente como parte de sus creencias y cosmovisión.  

Los celtas (700 a.C. – 400 d.C.)  fueron un pueblo prehistórico descollante en la forja del hierro como innovación que permitió a las antiguas tribus y clanes, mejorar la calidad de sus vidas por la mayor resistencia y versatilidad de los utensilios, herramientas y –por desgracia- armas, que pudieron fabricar con ese metal.

Tras las migraciones desde el África que poblaron la tierra gradualmente, los sapiens arribaron al Asia, primero, luego a Europa y, finalmente, a Oceanía y América durante el paleolítico y neolítico de la Edad de Piedra. Los grupos humanos que se asentaron en lo que hoy es Europa central y occidental son conocidos en la historia como los Celtas, protagonistas de la Edad de los Metales (1). Su influencia fue decisiva en la colonización de Gran Bretaña, Irlanda y Escocia. Llegaron a dominar el sur de la antigua Germania (Alemania), pero no pudieron radicarse en Grecia (donde atenienses y espartanos los frenaron a pesar de tomar Delfos por un breve periodo), ni en Italia (con etruscos y romanos oponiéndoles resistencia, tras el saqueo de Roma). No llegaron a asentarse en  territorios colindantes con el Mar Mediterráneo, aunque establecieron vínculos comerciales con toda la Europa prehistórica conocida. 

Los celtas no tuvieron un estado unificado ni mucho menos, pero su acervo cultural se mantiene hasta hoy. Fueron tribus guerreras dispersas en bandos y clanes que iban conquistando territorios hasta constituirse en los ancestros de los anglosajones, francos, ibéricos, eslavos y varios otros pueblos euroasiáticos. Son los tatarabuelos de la cultura occidental y los rasgos que unificaron su acervo cultural fueron: el lenguaje, la religión politeísta con los druidas como líderes, las manifestaciones artísticas y la manera de afrontar las guerras de expansión.

Los pueblos celtas coleccionaban las cabezas de sus enemigos vencidos, en la creencia que ahí se alojaba el alma de las personas. Esta “costumbre” guerrera daría lugar a la representación mediante calabazas de las cabezas de los vencidos, en el Samhain inicial y en el Halloween posterior. Con la luz de una vela en el interior y tallados los ojos y la boca, las calabazas semejaban cobrar “vida”.

 

El Samhain celta era un festival por el “fin del verano”, que hacía coincidir el paso de la cosecha al invierno, una especie de año nuevo agrícola prehistórico, con la apertura del umbral que separaba la vida real con el mundo fantasmagórico donde muertos, hadas, brujas, gnomos y demás seres mitológicos podían relacionarse con los miembros de las tribus célticas, entre el actual término de octubre e inicios de noviembre. Para que los espíritus que cruzaban libremente el umbral entre la vida y la muerte no se enojaran ni causaran destrozos, se les dejaba comida y bebida en las puertas de las casas, de ahí el pedido de caramelos y golosinas posterior. La National Geographic considera a los pueblos pre-célticos y establece el nacimiento del Samhain en el 1,200 a.C., es decir, hace más de 3,200 años.

Tras la dominación romana de todo el mundo antiguo (Europa, parte de Asia y norte de África), los celtas prevalecieron con sus costumbres y cultura, atrincherándose en Galicia (España), el norte de Francia y el Reino Unido e Irlanda. Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, la Iglesia Católica establece el Día de Todos los Santos el primero de noviembre para contrarrestar la influencia pagana de los celtas. Paganos porque fueron politeístas y no creyentes en un solo Dios “verdadero”, como afirmaban los cristianos, judíos y musulmanes.  

La expansión del catolicismo y el surgimiento de iglesias cristianas protestantes, parece haber sido la razón por la cual recién en 1745 se organizó en Inglaterra, sus reinos y colonias, una gran celebración por el Día de todos los Difuntos o espíritus (“All hallow even”, que terminó siendo Halloween abreviado). Todos los santos, los difuntos, los muertos, las ánimas o espíritus y cuanta forma de conmemorar a los que se han ido antes que nosotros, quedaron ubicadas en el calendario entre el fin de octubre y los primeros días de noviembre. La mayor novedad que aportó el Halloween irlandés e inglés fue la implementación de disfraces alusivos a los seres mitológicos celtas que trasponían figuradamente, el umbral entre el “aquí” y el “más allá”.

 

Los ingleses del Reino Unido (UK), y en particular los irlandeses, por la fuerte migración a Nueva York a mediados del siglo XIX, fueron los abuelos –por así decirlo- de los norteamericanos. Llevaron a cuestas sus costumbres y tradiciones, Halloween entre ellas y esta celebración se popularizó a nivel mundial, especialmente en los países angloparlantes y en la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth), que agrupa a las ex colonias del UK. Los disfraces son el matiz característico peculiar de estas fechas, siendo emblemática la de la bruja con su volátil escoba.

Los mexicanos también se disfrazan pero –a diferencia de los angloparlantes- el disfraz del esqueleto es el ícono de las celebraciones, que duran dos días, el 1 y 2 de noviembre. Las luces, los globos y las vestimentas de colores intensos y vistosos, las comidas y las procesiones, hacen de esta celebración mexicana una especie de carnaval festivo donde se mantiene vivos a los muertos por el solo hecho de recordarlos. No se abre ningún umbral, desde el cual los espíritus o seres míticos nos visiten. La tradición mexicana, de manera similar a la de toda Latinoamérica, parte de otras fuentes y tradiciones, de una cosmovisión diferente a la europea y norteamericana, como veremos en el próximo artículo.

 

                                                                                                                             Carlos Ureña Gayoso

                                                                                                                        Integrante de EDUCALTER

 

 

(1) Los celtas se asentaron en lo que actualmente corresponde a los territorios de Hungría, Suiza, Bélgica, Eslovaquia, Austria, República Checa, Liechtenstein y Luxemburgo. Desde esos territorios de Europa central se expandieron hacia la Galia (el norte de Francia) y Galicia (al norte de España). También influyeron en Anatolia (hoy Turquía) y en todas las tierras intermedias (las actuales Rumanía, Bulgaria, Serbia, Croacia, Kosovo, Montenegro, Eslovenia, Albania y Bosnia y Herzegovina).

 

Fuentes: Todo lo que hay en internet bajo el título de Celtas, Samhain, Edad de los Metales, Prehistoria, Edad Antigua. Se recomienda sumergirse en esa información. Es fascinante.