jueves, 12 de mayo de 2022

“Disfruto y aprendo en el colegio, valorando cada momento”

El colegio volvió a ser testigo y promotor de los correteos, risas, juegos y estudios de las niñas, niños y adolescentes, quienes volvieron a clases semi presenciales, dentro del estilo que caracteriza a este periodo de paulatino retorno a una nueva normalidad, posterior a la pandemia. Desde el año pasado, distintos grados o ciclos asistían a su colegio a reencontrarse con compañeros y docentes. Las familias, los estudiantes y los docentes se volvían a encaminar, con mucha intensidad, hacia lo que fueron y son actividades rutinarias, más valoradas ahora que nunca antes.

 

Para la totalidad de nuestros estudiantes y sus familias, el colegio se ha convertido en un ambiente positivo que favorece los procesos de socialización e individuación, promoviendo la formación y afirmación de la autoestima, forjando identidades, desplegando habilidades sociales y haciendo manifiestas las potencialidades actitudinales y cognitivas de todos los participantes.



Desarrollar actitudes positivas, en base a una creativa consolidación de hábitos, para llegar a constituirse en valores, es un reto permanente en las aulas del Colegio La Casa de Cartón. Promover, a su vez y en paralelo, las competencias cognitivas e intelectuales, así como las destrezas artísticas, productivas y manuales, configura el tipo de formación integral en el que anhelamos, crezcan nuestras alumnas y alumnos.

 

Por eso la primera consigna de este año hace énfasis en el disfrute y en el aprendizaje: disfruto y aprendo son las primeras palabras de ella. Como decía Celestín Freinet: del juego al trabajo y del trabajo al juego. Nosotros diseñamos en equipo tanto el proyecto educativo en su conjunto como las sesiones de aprendizaje de cada grado y ciclo. En el planteamiento macro como en la aplicación al nivel evolutivo de cada grupo de edades, el ludismo, la creatividad, el movimiento y la comunicación son los ejes sobre los cuales se aprende jugando y se juega aprendiendo.


 

Hasta los adultos conservamos mejor lo que aprendemos de manera lúdica. Los niños y adolescentes, con mayor vigor y entusiasmo que nosotros, ya que está más cerca de su propia etapa de desarrollo. Si nos divertimos, las enseñanzas o aprendizajes fluyen más naturalmente y les podemos sacar mejor provecho. En el juego, asimismo, aplicamos normas de respeto, nos reímos “con y no de”, establecemos pautas que nos permiten vivir con mayor intensidad los momentos de diversión y relajo, obteniendo verificaciones de aprendizajes o aprendiendo a aplicar lo aprendido. El juego, como diversión inherente, y el trabajo, como esfuerzo por indagar y aprender, van de la mano.

 

El otro elemento de la consigna es valorar cada momento. El 15 de marzo del 2020, de un instante a otro, todo cambió. Al recordar el sin fin de nuevos procedimientos para salir a la calle y retornar a nuestros hogares, para reorganizarnos en casa, para asumir los quehaceres laborales y escolares de los miembros de cada familia y todo el trajín para adecuar la enseñanza del colegio al modo virtual, así como la cantidad de nuevos retos nacionales y mundiales para afrontar y combatir la pandemia, podemos tomar consciencia de lo frágil y voluble que puede pasar a ser la existencia. No es usual que se produzcan cambios tan devastadores, pero pueden ocurrir, ocurren y, de hecho, ocurrieron.


 

Por eso, se propone a toda la comunidad educativa que apreciemos las cosas que vivimos en este preciso segundo. Vivir el presente y agradecer lo que está a nuestro alcance ahora y aquí, nos permite ser conscientes y ampliar nuestros horizontes como personas en formación y como adultos responsables de los niños a nuestro cargo, así como a ellos quererse y valorarse, a la vez que querer y valorar todo cuanto les es dado hoy.

 

Especialmente en el colegio, pero replicable en cualquier ambiente donde nos movamos, hoy disfrutamos y aprendemos valorando cada momento.


  

     Carlos Ureña Gayoso  Integrante de EDUCALTER

                                                                                             

                                                          

 

domingo, 1 de mayo de 2022

Autoestima e identidad - II

Todos pasamos por una serie de etapas de desarrollo que nos permiten transitar de la dependencia absoluta de algún o algunos adultos, quienes nos cuidan y ayudan a satisfacer nuestras necesidades básicas, a una creciente independencia de movimientos y acciones que van encaminándonos hacia la autonomía y la afirmación de cualidades y destrezas.

 


 

De ser el centro del universo (narcisismo, egocentrismo, dependencia), vamos incrementando la consciencia de nuestro cuerpo y diferenciándonos del entorno y de las personas que nos atienden en nuestra inicial indefensión. Las necesidades básicas, las de seguridad y las de reconocimiento van siendo cubiertas de alguna forma y en determinados niveles por nuestros tutores (madres, padres, otros familiares o sustitutos de ellos).

 

 Conforme el cuerpo crece y aumenta nuestra maduración neurológica y fisiológica, los adultos que nos cuidan nos enseñan a valernos por nosotros mismos y vamos siendo cada vez más conscientes de que somos individuos que pertenecemos a una colectividad (familia, escuela, sociedad).

 

El proceso de socialización e individuación nos permite diferenciarnos a la vez que sentirnos integrados, mediante la evolución y despliegue de nuestras capacidades físicas, mentales, socio culturales y espirituales. La cobertura que nos brinda nuestra familia favorece el aprendizaje de hábitos, actitudes y el desarrollo de habilidades y destrezas que poco a poco, vamos reconociendo como propias. Reconocer y aceptar nuestro cuerpo como el eje sobre el cual aprendemos a desempeñarnos en la vida, formándonos una imagen corporal y una idea de quienes somos, constituyen el cimiento de la autoestima.

 

De recibir insumos materiales y afectivos para satisfacer las necesidades de sobrevivencia, las de seguridad y las de reconocimiento de los demás, vamos pasando a ser capaces de dar y expresar lo que sentimos, a desempeñarnos por nosotros mismos para atender nuestros propios requerimientos como personas. La autonomía y la independencia personales dentro del marco de la adquisición de actitudes de respeto, buen trato, sentirnos parte de un colectivo y ser aceptados en él, promueven que en nuestro fuero interno hagamos lo mismo: que nos sintamos bien con nosotros mismos, que tengamos una imagen corporal positiva y un buen concepto de nosotros, y que podamos respetar, tratar bien y valorar a las personas de nuestro entorno.



 

Empezamos a visualizar nuestras cualidades y limitaciones con mayor claridad. La incorporación de hábitos, actitudes, normas de comportamiento y principios éticos se van plasmando en mayores niveles de libertad, solidaridad y consciencia de uno mismo. Aprendemos a aceptarnos tal cual somos, a aceptar a nuestras familias y seres queridos y el entorno donde nos tocó vivir.

 

Esa valoración de uno mismo, ese respeto y aceptación de nosotros, de nuestras cualidades, retos y aspectos por mejorar, así como de nuestra ubicación en el mundo y la sociedad, es lo que se suele llamar autoestima. Si aprendemos a queremos a nosotros mismos, podremos aprender a amar a los demás, ya que es prácticamente imposible dar lo que no se tiene.

 

En base a la imagen de uno mismo (auto imagen), a la idea de quiénes y cómo somos (auto concepto), al grado de reconocimiento de cualidades y limitaciones (auto aceptación), a la capacidad de auto abastecerse (autonomía), la autoestima se construye combinando percepciones internas y respuestas externas de las personas que amamos y/o respetamos y hemos aprendido a valorar.



 

Pero, ¿qué factores pueden interferir en este proceso?

 

Considerando la procedencia de nuestros estudiantes –y para no entrar en toda la nomenclatura clínica a la que podríamos referirnos-, baste simplificar en dos los factores que pueden dañar el proceso de afirmación personal. Tanto las carencias como los excesos interfieren en la formación y expresión de la autoestima.

 

Las carencias o déficits de amor pueden vivirse como sequedad afectiva o desamor, indiferencia, abandono y, en el peor de los casos, como maltrato y violencia: desvalorizaciones, humillaciones, levantadas de voz severas o gritos, golpes y acoso sexual. Por el lado de los excesos, la sobreprotección es la máxima expresión de interferencia negativa en la formación de la autoestima. El pretender que nuestros niños y niñas no sufran, evitarles que pasen por lo que nosotros pasamos o hacerles la vida más cómoda, ocasiona daños tan intensos como los que causan las carencias.

 

Los niños y niñas, para desarrollar su autoestima, requieren sentir y escuchar expresamente el amor que se les tiene, y si tenemos limitaciones para manifestar ese amor debido a nuestra propia historia personal, al menos evidenciarlo a través de cuidados, seguridad, reconocimiento de lo positivo y puesta de límites ante lo negativo.



 

El colegio puede convertirse, y de hecho lo hace, en un ambiente positivo que favorece los procesos de socialización e individuación, que promueve la formación y afirmación de la autoestima, así como la sanación de los efectos negativos provocados por las carencias o los excesos. Del papel cicatrizante y reparador del colegio en la vida de nuestras niñas y niños hablaremos en el próximo artículo del blog, tomando como base el reciente lanzamiento de la consigna: “Disfruto y aprendo en el colegio, valorando cada momento”. Hasta pronto.



Nota:  Al igual que en los artículos anteriores, estamos fundamentando nuestro acercamiento al tema de la autoestima en base a los aportes de la Psicología Humanista de: William James, Abraham Maslow y Carl Rogers, entre otros.

jueves, 7 de abril de 2022

Autoestima e identidad

Según nos relata la historia de la psicología, sería Abraham Maslow (1908-1970), psicólogo y psiquiatra norteamericano, propulsor de la Psicología Humanista, el pionero que planteó la autoestima dentro del esquema general de las necesidades humanas, dando lugar a una teoría de la motivación.

El ser humano, pensaba este autor, nace, crece y se desarrolla con una serie de necesidades que pueden ser ordenadas jerárquicamente y que explican el comportamiento y afanes de la especie sapiens, dando sentido a la actividad que realizamos a lo largo de la vida. Las necesidades elementales para la sobrevivencia son las fisiológicas: oxigenarnos, beber, alimentarnos, acceder al abrigo y calor que proporcionan la ropa y la vivienda, el movimiento alternado con el descanso, son las que corresponden a este nivel básico.

Pirámide de las Necesidades de Maslow

 

Luego vienen las necesidades de seguridad: la atención y el cuidado protector de adultos que satisfacen lo básico, de personas que garantizan nuestra protección (ojo, no la sobreprotección); las normas de ética y moral que facilitan o posibilitan la convivencia, se encuentran en este segundo nivel de necesidades humanas y dan pie a la siguiente dimensión de esta jerarquía.

El sentirse querido, parte de, identificado con, posibilita la satisfacción de necesidades afectivas y de aceptación social. Recibir amor para poder darlo, aprendiendo a querer siendo miembro de una familia, grupo, colectividad, poder desarrollar vínculos de intimidad saludables, así como un adecuado manejo de emociones, es fundamental en el camino de convertirnos en humanos. Así lo postulan Maslow y sus seguidores, siendo Carl Rogers el continuador más emblemático del humanismo psicológico.

La imagen corporal y el auto concepto son componentes para construir la autoestima


Sobre la estructuración de este tercer nivel afectivo y de aceptación social se configuran las necesidades de autoestima o estima personal. Si han confiado en nosotros, nos han respetado y querido, nos han valorado, será bastante probable que podamos llegar a confiar en nosotros mismos, a respetarnos y querernos, a comprendernos y comprender, a valorarnos y valorar. Estas nociones se asemejan mucho a varias filosofías que nos enseñan que nadie da lo que no tiene y que nadie tiene lo que no le es dado.

No hay hogares perfectos, ni familias Ingalls, ni sociedades incuestionables. A pesar de existir error al encaminarse a los aciertos, un sólido afecto en la familia y en la sociedad, facilita la presencia de autoestima en los individuos particulares. Casi todas las dolencias o síntomas psicológicos y psicosomáticos tienen que ver con carencias afectivas y socioemocionales en algún momento de la evolución de cada persona, usualmente en la infancia o niñez.

Sentirse queridos es decisivo para podernos querer

 

Luego viene el quinto y último nivel, el de las necesidades de autorrealización. Aquí los valores, actitudes, esquemas de pensamiento y comportamiento pueden desplegarse con creatividad y espontaneidad, permitiendo a los individuos y colectividades sentirse satisfechos, plenos y agradecidos de ser quienes son, aun con toda la carga de retos y dificultades que representa la vida tal cual es.

Hasta aquí, Maslow. Para ustedes, estimados docentes, madres, padres y abuelos de familia, estudiantes:

¿Tienes autoestima? ¿Te quieres y te respetas? ¿Eres tú misma/o? ¿Te sientes bien en tu cuerpo, con tu mente, con tu ser personal? Te sientes bien en tu casa, con tus familiares o con tus amigos/as? ¿Tienes amigos/as? ¿Puedes intimar con ellas o ellos, es decir, ser tal cual tú eres, sin máscaras ni poses para agradar?

 

Sentirnos parte del grupo, aceptados y valorados va configurando la autoestima

 

¿Es autoestima lo que percibes o es ego inflado o desinflado? ¿Te crees más o mejor que los demás? ¿Por qué? Si respondieras que sí, por ahí anda el ego inflado. Ojo. Si respondieras que no, por ahí puede estar el “pobrecito de mí”, con la autocompasión, la vergüenza, la culpa y demás destructores de la autoestima.

Si se animan, por favor, y es la nueva tendencia de este blog, generemos un debate sobre el tema o compartamos nuestras experiencias con la autoestima y el ego (inflado o desinflado). ¿Te atreves? Vamos, compartamos lo que sintamos o pensemos de este tema. Incluso, convérsalo con los que amas y elaboren algunas conclusiones previas. Esperamos publiques en el blog del cole tus comentarios. Fuertes abrazos y hasta pronto.

 

                                                                                                                                                                                                    Carlos Ureña

                                                             Co-Promotor de EDUCALTER

lunes, 14 de marzo de 2022

Criticidad, aceptación y autoestima

Ha pasado una semana desde la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. En la mayoría de estudios e informes, presentados por diversas fuentes, las cifras indicarían que todo sigue igual, que las cosas no cambian fácilmente en relación a la equidad de género. Las mujeres continúan siendo discriminadas, maltratadas, acosadas y los casos de feminicidio no han disminuido, a pesar del innegable avance en términos de legislación contra la violencia hacia las mujeres.

El marco legal, -explica Josefina Miró Quesada, autora de “Ser mujer en el Perú”, en el noticiero La Encerrona del 08 de marzo del 2022-, ha devenido completo e integral. Las leyes protegen y garantizan mejor la condición de las mujeres ya que los delitos han sido claramente tipificados y los procesos cautelares permiten intervenir ante las primeras evidencias, especialmente en casos de acoso y chantaje sexual o agresivo.

 


Pero frente a las mejoras legales y normativas, el mayor desafío de la sociedad nacional alude a las características sociales y culturales de los peruanos. No es, claro está, exclusivo del Perú, pero nos referiremos en esta ocasión al país en el que vivimos.  El machismo, la homofobia, el racismo y el clasismo perviven en la deformación (en lugar de formación) de las personas. Seis de cada 10, toleran la violencia de género. Uno de cada tres, consideran el acoso como consecuencia de la provocación femenina. Uno de cada cuatro, creen que las mujeres tienen que tener sexo cuando el hombre lo requiera.

Las entrevistadas y locutoras de diferentes programas perciben que es totalmente legitimo conmemorar esta fecha pero que les genera desazón y desgaste psicológico la lentitud de los avances. El retroceso en la paridad de carteras ministeriales y curules congresales, así como el que las mujeres ganen menos al ejecutar las mismas funciones laborales que los hombres, daba pie al mencionado desaliento. En el caso de orientaciones sexuales e identidad de género, advierten que la discriminación por machismo se incrementa.

Por estas razones, es saludable mantenerse alertas ante las variadas manifestaciones del machismo, que genera exclusión y estigmatización hacia distintos sectores sociales aún hoy en día, en pleno siglo XXI. Reflexionábamos con ustedes en el artículo anterior, sobre las incoherencias en las que podemos incurrir, a pesar de nuestras decisiones más sólidas de ser solidarios, amplios, libres y creativos, en estos temas de tanta actualidad. Por eso necesitamos seguirnos revisando crítica y autocríticamente como docentes y madres o padres de familia.

En este contexto, quisiéramos explorar con un ejemplo vital, la aceptación de lo que cada quien es y de cómo esa aceptación nos lleva a niveles de autoestima satisfactorios y saludables. Las anécdotas que, de forma lúcida y creativa, nos relata la escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, nos servirán como botón de la muestra.



En la conferencia del simposio anual TEDxEuston, centrado en África, con el título “Todos deberíamos ser feministas”, Chimamanda contó varios episodios de su vida. Habló de la presencia de un amigo con quien tenía una amistad profunda y la confianza suficiente como para pedirle opinión sobre los chicos que le gustaban.

En una oportunidad, nos relata la autora, a la edad de 14 años:

“Estábamos en su casa, discutiendo, los dos atiborrados del conocimiento a medio digerir de los libros que habíamos leído. No me acuerdo de qué estábamos debatiendo en concreto. Pero me acuerdo que, en medio de toda mi diatriba (…), me miró y me dijo: ¿Sabes que eres una feminista?

No era un cumplido. Me di cuenta por el tono en que lo dijo, el mismo tono con el que alguien te podría decir: “Tú apoyas el terrorismo”.

Yo no sabía qué quería decir exactamente aquello de “feminista”. Pero no quería que (…) se diera cuenta de que no lo sabía. Así que lo pasé por alto y seguí discutiendo. Lo primero que pensaba hacer, nada más llegar a casa, era buscar la palabra en el diccionario”.

Años después, al publicar “La flor púrpura”, en el 2003, sobre un hombre que maltrata verbal y físicamente a su pareja, un periodista le aconsejó no presentarse como feminista ya que las feministas son mujeres infelices porque no pueden encontrar marido. Así que decidió presentarse como “feminista feliz”.

En otro encuentro profesional, una académica de su país le dijo que el feminismo no formaba parte de su cultura, que era anti africano y que seguro era feminista por leer libros occidentales. Lo cierto es que Chimamanda se aburría con los clásicos del feminismo y le encantaban las novelas románticas, decididamente antifeministas. Tras ese encuentro, decidió presentarse como “feminista feliz africana”.

En otra oportunidad, una amiga íntima le dijo que las feministas odiaban a los hombres, lo que la llevó a definirse como “feminista feliz africana que no odia a los hombres”. Después de escuchar algunas opiniones más, decidió presentarse como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

Lo absurdo y lo satírico de los prejuicios hacia la mujer que busca la igualdad, la justicia y la libertad de ser una misma, aparecen con toda su extravagancia en estas anécdotas y en los escritos reivindicativos de la autora nigeriana.

 

Ella lo dice así: “Por supuesto, gran parte de todo esto era irónico, pero lo que demuestra es que la palabra “feminista” está cargada de connotaciones, connotaciones negativas. Odias a los hombres, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estás enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante”.

Además de irse afirmando ante cada contrariedad que las personas le manifestaban, Chimamanda nos sitúa ante exigencias condicionadas socialmente que validan la prevalencia de los roles masculinos en desmedro de los femeninos. En Nigeria le llaman “monitor de la clase” al brigadier nuestro. A pesar de que la profesora había dicho que quien obtuviese la más alta calificación en su curso sería monitor, nombraron al que obtuvo la segunda nota porque era varón, frente a ella que obtuvo el primer puesto.

Lo mismo que con los monitores de clase, ocurre con los presidentes de empresas, catedráticos, líderes de opinión, choferes de buses, taxistas y demás profesiones. En el Perú, muchos de estos estereotipos han menguado, pero lo que perciben como ingresos uno y otra son dispares. Asimismo, igual en nuestro país que en Nigeria, muchos creen que es suficiente con lo que se ha “logrado”. Que en el pasado había discriminación por género pero que ahora no. Es preciso insistir en la desazón de las periodistas y entrevistadas por el Día Internacional de la Mujer, que destacáramos al iniciar este artículo.

Otro ejemplo nigeriano que ocurre con espantosa frecuencia en Lima, al menos, sino en todo nuestro país, se refiere a la propina que se deja en los restaurantes o que se le da al que cuida el carro. En Lagos, Chimamanda le entregó unas monedas al muchacho que les había cuidado el auto mientras tomaba café con un amigo. Cuando recibió el dinero, el chico dijo “Gracias señor”. El amigo le retrucó: “Pero si yo no te he dado las monedas”. La expresión del chico fue tan elocuente que los dos, Chimamanda y su amigo, entendieron que el muchacho creía que ese dinero venía del amigo porque el amigo era hombre. El varón está asociado al dinero, cual único proveedor, mientras que la mujer está inexorablemente relacionada con el hogar, la familia y los hijos, así sea ella la proveedora y la que paga las cuentas o da las propinas. 


Hemos insinuado mediante anécdotas vividas por la escritora y feminista nigeriana Ngozi Adichie, lo importante que es la aceptación para poder defender con autoestima la propia identidad. Esto es válido para cualquier orientación sexual e identidad de género. En el próximo artículo revisaremos cómo se estructura la autoestima y qué papel juega la aceptación en esa construcción de identidad. Hasta pronto.

viernes, 4 de marzo de 2022

Tratemos con equidad a las chicas y a los chicos

En el artículo anterior, cuestionamos muchos asuntos relativos a nuestro trato cotidiano con los chicos y chicas con quienes nos encontramos, sean estudiantes del colegio o nuestros hijos e hijas en nuestros hogares.

¿Qué ocurre? ¿Por qué tantas preguntas? Porque hemos constatado que muchos de nosotros, en la vida diaria, contradecimos sin querer, lo que aparentemente tenemos claro en teoría.

Todos, de alguna manera, dado el nivel cultural y el compromiso con diferentes instancias de solidaridad en lo político y social, hemos trabajado o nos hemos informado de conceptos tales como: machismo, feminismo, equidad de género, masculinidad, femineidad, masculino y femenino; al tiempo que hemos sido testigos, activos o pasivos, de la polémica entre “enfoque de género” y lo que un sector se empeña en tipificar como “ideología de género”.


Es prudente y necesario volver a revisar estas nociones, tener claridad y solvencia al tratar con ellas, para ser parte positiva de un cambio de mentalidad y de práctica cotidiana en lo relativo a estos temas. Se sugiere a los colectivos a los que pertenezcamos, al Colegio La Casa de Cartón y su comunidad educativa en particular, dialogar ampliamente sobre estos asuntos, revisar bibliografía y data reciente sobre ellos, ya que estos tiempos de transformación así lo exigen. ¿Por qué?

Porque sin darnos cuenta conscientemente, podemos solicitar con mucha frecuencia la presencia de nuestras hijas en las tareas del hogar, ya sean de limpieza, cocina, orden; y ser más permisivos con los muchachos en estos quehaceres. O también, pedirle a nuestros hijos o estudiantes, atender cuestiones de mecánica del carro o de la bicicleta, sacarlos a la calle a hacer compras en mercados y tiendas, fortaleciendo –sin querer o subliminalmente- la asociación de ciertos roles con el género. Los hombres a la calle y en cuestiones de tecnología o ciencia, mientras que las mujeres a la casa y dedicadas a esas labores, todo ello a pesar de ser muy claros teóricamente en estos temas. Repetimos un modelo cultural muy afincado en nosotros, por nuestra crianza, a pesar de tener una opción alternativa en nuestra forma de vida y manera de pensar adoptada por propia voluntad.

Es humano tener contradicciones. Por esto mismo, el objetivo de estas líneas es proponer la revisión de estos aspectos tan importantes ligados a la aceptación del propio cuerpo o esquema corporal, a sentirse bien con nuestra parte física y lo que esta nos permite hacer y ser, a lograr una identidad saludable en base a la aceptación plena de uno mismo tal cual somos como personas totales, así como a lidiar con los condicionamientos socio culturales respecto a qué es ser mujer y qué es ser hombre.

Sabemos que actualmente este tema requiere de especial tino y sensatez en su trato, porque hay un despertar cultural que no había antes y este permite una libertad mayor en los estudiantes para escoger a qué género quieren pertenecer o se sienten de acuerdo a su esquema corporal, pero hay que ser cautos: todo ello puede pertenecer a una etapa de desarrollo evolutivo y de influencia cultural, así que sería pertinente decir algo así como “en estos tiempos te sientes chico o chica pero vamos a ver si con el paso del tiempo cambias tu parecer o sentimientos porque en la adolescencia se está en procesos dinámicos de cambios”.



 

El trato diferenciado hacia chicas y chicos puede ser remplazado por un tratamiento horizontal y desprejuiciado hacia ambos sexos. Tomar consciencia de nuestras contradicciones entre pensar y actuar es un primer paso. El estilo de responsabilidades rotativas del colegio es un buen ejemplo de práctica exitosa en la realización de actividades donde no importa si el que las efectúa es hombre o mujer, sino que se busca el que todos conozcan, sean capaces y ejerciten aspectos indispensables para una convivencia democrática efectiva. Por eso la rotación.

Un ámbito decisivo de contravenciones e incoherencias puede evidenciarse en las bromas y chistes. En el desempeño social y laboral diario, muchos nos permitimos bromear con alegría. La idea es reírse con y no burlarse de. Entre los varones, hemos observado una excesiva carga sexista en los chistes.  En ellos, los hombres suelen reír con mayor intensidad cuando se hacen bromas que denigran, hacen burla o prostituyen a la mujer. La mujer como objeto sexual o como inferior sale a relucir con fuerza en bromas y chistes, que terminan siendo mofas, casi todos de índole machista a pesar de la manera de pensar “políticamente correcta” de aquellos que participan en las bufonadas.

Más delicado aún, y por ende reviste mayor gravedad, es cuando las bromas entre docentes o entre estudiantes aluden a cambios de sexo, en el sentido de hacer mujer al compañero. En términos muy explícitos, -y disculpen la expresión, pero es por desgracia, muy usual-, se trata de decirle o insinuarle al otro que es “maricón”. Y con esta palabra se alude a homosexualidad, afeminamiento u otras manifestaciones descarnadas en su vulgaridad sexual.

La carga negativa en relación al “ser mujer” que implica “mariconear” al otro, no hace más que verificar la desvalorización y prejuicios de los varones que bromean así entre ellos o las dudas que tienen sobre su identidad sexual. Lo mismo, en términos de gravedad, ocurre cuando al referirse a una mujer con carácter fuerte, algunos compañeros de trabajo expresan que está “a dieta”, insinuando abstinencia sexual, y que esa es la razón del mal carácter. También pueden aludir a las mujeres con intensa personalidad como “machona”. Prejuicios sin argumentos como éstos, más machistas son difíciles de encontrar.


 

Es urgente revisar estas variables que entorpecen la labor educativa en el colegio, ya que entre broma y broma la verdad se asoma y nos habla de cómo estamos comprendiendo o no, aquello que en teoría decimos respetar y valorar: los derechos humanos de mujeres y hombres por igual, así como la equidad e inclusión como requisito para el desarrollo personal, social, profesional, laboral y cultural pleno de cada ser humano, sin distinción de sexo.  

Si esto ocurre en el terreno de las bromas y chistes, que se supone deberían generar alegría, mas no denigración sexista, imaginémonos ahora lo que puede ocurrir en el terreno de las emociones no tan positivas. El miedo, la ira, el resentimiento, la piconería y la agresión verbal o física podrían estar cargados de componentes sexistas y eso sí, recalentar un ambiente familiar explosivo y saturado, que podría desencadenar en violencia familiar explícita o física, así como en violencia implícita o verbal, ambas no deseables en absoluto. En el escenario escolar, este aspecto viene siendo trabajado muy decidida e intensamente por las autoridades escolares junto con el psicopedagógico. Pero igual, manteniendo la actitud preventiva, volver a darle una mirada a estos temas no estaría de más.

En la comunidad educativa del colegio, se presentan varios casos de separaciones de las parejas, entre las madres y padres de familia. Desearíamos que todos estos alejamientos fuesen respetuosos y dignos, pero no siempre es así. Algunos casos de separación pueden ocasionar un ambiente hostil y tenso con discusiones, maltratos o burlas que generan mucho miedo e inseguridad en las hijas o hijos que se ven envueltos en esta atmósfera nociva. Tener una data de los casos de violencia familiar entre nuestros estudiantes es urgente. Seguramente ya se han tomado medidas al respecto en el colegio.

Por todos estos aspectos, presentados someramente, es importante y perentorio tener un trato equitativo, solidario, democrático y justo con las chicas y chicos, tanto en el colegio como en la casa.


En el próximo artículo, revisaremos cómo está ligada la imagen corporal a la autoestima y cómo afectan los estereotipos a la salud social, en general, y a las relaciones de intimidad y a la salud reproductiva, en particular. Haremos un recuento de estas variables, a la luz del testimonio de Chimamanda Ngozi Adichie, literata y feminista nigeriana, cuyo entorno social presenta demasiadas analogías con el nuestro. Hasta entonces.

lunes, 28 de febrero de 2022

¿Tratamos igual a las chicas y a los chicos?

En el artículo de hoy, fines de febrero del 2022, no les vamos a ofrecer sugerencias ni, menos aún, respuestas; solo preguntas sobre un tema decisivo para la formación de la identidad de nuestros estudiantes, sus hijos e hijas. Ya sea que seamos miembros del equipo del Colegio La Casa de Cartón, o familiares, veamos las siguientes situaciones cotidianas que se pueden presentar.

Primer caso: Estamos en casa, durante la cuarentena impuesta por la pandemia. Se presentan labores de limpieza y mantenimiento del hogar y le pasamos la voz: ¿A nuestras hijas? ¿A nuestros hijos? ¿A quién o quiénes buscamos para que asuman las responsabilidades compartidas que implica una familia? 


Si eres docente del colegio y tienes hijas e hijos, también aplican estas preguntas. Si no los tienes: ¿Qué harías en caso de tenerlos? ¿Tratarías por igual a tus niños, sean hombres o mujeres? ¿Si? ¿No? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué ocurre si, para ciertas acciones, usualmente llamas a una niña y para otras a un niño? ¿Te pasaba eso cuando los chicos y chicas asistían a la escuela, cuando las clases eran presenciales? ¿Ocurre también en la plataforma virtual? 

Segundo caso: Ya sea el colegio o el hogar, es preciso cocinar los alimentos que necesitamos para vivir. La alimentación saludable, en cualquier escenario, es una de las necesidades vitales que atienden las familias y el colegio. ¿A quién llamas o pides apoyo para cocinar? ¿A quién ya le enseñaste a hacerlo desde muy pequeña/o? ¿Tu pareja, asume esa responsabilidad del proyecto familiar? ¿Lo hacen todos en equipo, distribuyéndose las tareas de acuerdo a edad y capacidad? ¿O siempre lo hace la misma persona, ya sea de la familia o contratada? La persona que cocina, ¿es hombre o mujer? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué vamos a lograr instalar en las actitudes de nuestros hijos e hijas con ese modelo?



Tercer caso: Tus hijos e hijas (o tus estudiantes de ambos sexos), han estudiado lo que ocurre entre Rusia, Ucrania y la OTAN, o sobre las guerras en general y, tras exponerse la información objetiva con que se cuenta, se desencadena una discusión apasionada entre los que están a favor de uno u otro país involucrado. ¿Cómo intervienes? ¿A quién le pides que se calme y por qué? ¿Al hombre? ¿A la mujer? ¿Al que levanta más la voz? 

Puede que uno de los chicos o de las chicas sea más tímido o frágil para exponer argumentos, así que callas al más desenvuelto, por decirlo así. Pero si ese no es el caso, ¿a quién aplacas y por qué? ¿Tiene que ver en tu actuación apaciguadora, si es hombre o mujer?

Cuarta situación: En el aula o en la casa, ¿han hablado abiertamente sobre qué es el machismo, qué es el feminismo o qué es el enfoque de género y cuál es la diferencia o semejanza entre ideología y enfoque? ¿Ha sido solo de vez en cuando o es un tema frecuente en la formación de tus hijas/os o alumnas/os?

De lo anterior, se deducen algunas otras preguntas que todas las personas, en cualquier familia y en todos los salones del colegio, debemos tener claras. Esa claridad nos permitirá mayor solvencia como maestras y maestros, o como madres y padres, así como hará posible un impacto educativo positivo en la formación de las chicas y chicos con quienes trabajamos y/o vivimos. Veamos:

¿Distingo roles y actividades domésticas, profesionales o laborales como femeninas y masculinas? En todo caso: ¿Qué es la masculinidad? ¿Qué es la feminidad? ¿Existe realmente lo femenino y lo masculino o es un condicionamiento cultural multifacético? ¿Qué significan esas palabras o conceptos? 

Finalmente, ¿Soy machista? ¿Soy feminista? (ojo, seas mujer u hombre, por favor, responde estas preguntas). ¿Qué les transmitimos a nuestras hijas, hijos o estudiantes de ambos sexos con nuestros comportamientos cotidianos sobre lo que es ser hombre o mujer?


Volvamos al título de este artículo: ¿Tratamos igual a chicas y chicos? ¿Por qué sí? ¿Por qué no? ¿Para qué? ¿Qué vamos a generar en la imagen de sí mismos, en la identidad y autoestima de cada persona que educamos, si tomamos tal o cual idea sobre los asuntos de género e igualdad? ¿O no pasa nada si no los abordamos y dejamos que se siga repitiendo el esquema de transmitir los valores de manera inconsciente, subliminal, en vez de hacerlo de forma consciente, franca y explícita? 

A veces, podemos tener las ideas muy claras y definidas teóricamente, pero en nuestra actuación diaria nos comportamos de otra forma. ¿Nos ocurre? ¿Somos coherentes en este delicado asunto del trato equitativo a las personas, considerando si son hombres o mujeres?

En el próximo artículo, delinearemos algunos alcances sobre estos temas cruciales y actuales. Hasta entonces.