viernes, 28 de abril de 2023

La inteligencia emocional de Goleman

En los artículos anteriores, hemos revisado distintas formas de comprender y abordar la inteligencia humana. En este artículo, daremos algunos alcances sobre otro aporte decisivo, el de Goleman y la Inteligencia Emocional. El planteamiento de Goleman restó fuerza a los aspectos intelectuales, académicos, lógico-matemáticos y verbales de la inteligencia, para dársela a los elementos emocionales, afectivos, empáticos, asertivos y de relaciones sociales que contiene esta polémica y trascendental suma de aptitudes humanas que es la inteligencia. Veamos.

Habíamos visto, en el artículo inmediatamente anterior a este, que Gardner proponía entre las ocho, las inteligencias: (i) Intrapersonal: referida al manejo personal consciente de aspectos internos tales como: emociones, sentimientos, habilidades y destrezas, actitudes, sesgos de pensamiento, autoconocimiento e introspección, comprensión de sí mismo, aceptación y autoestima; y (ii) Interpersonal: relacionada con la capacidad de empatía con los demás, captando la oportunidad y pertinencia de responder o no a determinadas circunstancias sociales o de vínculo con personas específicas, sean familiares, compañeros de trabajo y/o conocidos o desconocidos del entorno cotidiano.


Un aspecto insoslayable para docentes y familiares, todos educadores, y para cualquier persona observadora y con suficiente experiencia en el trato social, es que cuando una persona está bien consigo misma, se siente satisfecha, agradecida, contenta y su vida tiene sentido o va en camino a realizarse, entonces se acepta y acepta a los demás como son con mayor facilidad. Lo contrario también es válido: aquel o aquella persona conflictiva, en confrontación constante con todo y todos, suele sentirse mal consigo misma, funciona por ego más que por autoestima, su soledad, el miedo o los sentimientos de culpa la llevan de la autosuficiencia pedante a la auto conmiseración vergonzante,  y suele tratar a los demás como se siente ella por dentro: mal. Lo intrapersonal y lo interpersonal van de la mano.

Goleman retoma a su manera estas variables, unificando en lo emocional lo intra y lo interpersonal de Gardner. Afirma que: “La inteligencia emocional empieza con la consciencia de uno mismo y también con la consciencia social. Es decir, cuando somos capaces de reconocer las emociones (y su impacto) en todo lo que nos rodea”.

Se refiere a la capacidad de conectar con nuestras emociones, de gestionarlas tanto para adentro como para afuera; a la facultad de dirigirnos con efectividad hacia nosotros mismos y hacia los demás. Implica la comprensión de que, prácticamente, la mayoría de nuestras decisiones, ideas y comportamientos se basan en las emociones (1).


Para desarrollar la noción de inteligencia emocional, Goleman utiliza cuatro dimensiones que se articulan entre sí, a saber:

1.      La autoconsciencia emocional, que se vincula con el autoconocimiento y la comprensión de lo que nos afecta o involucra demasiado en determinados aspectos, para poder aceptarnos como seres con características tanto positivas, como con retos por mejorar y así, actuar atinada o asertivamente en diferentes situaciones.

2.      La automotivación, que tiene que ver con el entusiasmo y la pasión que ponemos al realizar nuestras labores y avanzar hacia los retos y metas que nos hemos planteado. Supone, también, tolerancia a la frustración y constancia, optimismo a pesar de los contratiempos.

3.      La empatía, que implica la habilidad de conectar con los demás, de ser capaces de ponernos en su situación y comprenderlos o de ser compasivos. Se relaciona, además, con la “lectura” sabia del lenguaje corporal y del “interlineado” en lo que expresan otras personas, así como tratarlos como nos gustaría que nos traten. La empatía podría ser considerada como el eje sustantivo, la dimensión prioritaria de la inteligencia emocional y genera habilidades sociales más profundas.

4.      Las habilidades sociales, que traen consigo lazos afectivos y relacionales más sólidos y eficaces. Suponen, asimismo, tanto obtener información de los demás mediante la empatía, como aplicarla asertivamente en el trato social, ya sea formal (de trabajo o en ambientes públicos) o informal (familia, pareja, amistades).


Para Goleman es necesario ser competentes en las cuatro dimensiones para ser realmente inteligentes emocionalmente. No descarta, en absoluto, las bondades de las demás inteligencias, especialmente de la cognitiva, lógica o racional, pero este campo resulta poco operativo si no va acompañado de destrezas en el terreno afectivo emocional. 

La inteligencia emocional se aprende, como todas las inteligencias, sobre la base de nuestras disposiciones biogenéticas. Y Sobre dicha base se construyen, gracias a una adecuada nutrición, al afecto y contención de las necesidades básicas, al trato de los padres y familiares, así como de la educación temprana y ulterior, las múltiples inteligencias de las que somos capaces. No es coincidencia que algunas definiciones de inteligencia que revisáramos en los artículos de marzo y abril de este año 2023, sean sumamente análogas a las definiciones de aprendizaje.

Educar a nuestras niñas, niños y adolescentes considerando las ocho inteligencias de Gardner, cuyas propuestas de inteligencia intrapersonal e interpersonal convergen, punto por punto, con la inteligencia emocional de Goleman, desde una perspectiva constructivista (Piaget, Vygotsky, Ausubel, Brunner), sería lo más recomendable.


Para educar en esta línea y visión a nuestros estudiantes, así como para reeducarnos nosotros, los adultos a cargo de su formación integral, se sugieren algunas ideas sencillas pero de alto nivel de esfuerzo y compromiso introspectivo, a la manera de un Decálogo: 

(i) Detectar las emociones que subyacen a nuestras ideas y actos. (ii) Ampliar nuestro lenguaje emocional para ser precisos al describir lo que sentimos. (iii) Tomar consciencia de nuestros pensamientos y sentimientos para ser conscientes de nuestros comportamientos y de las emociones que nos motivan. (iv) Buscar benignamente las razones del comportamiento que observamos en los demás; ser más tolerantes y compasivos con ellos y con nosotros. (v) No tomar como personal lo que los demás expresen. (vi) Aceptar que cometemos y cometen errores; dejar de lado el perfeccionismo y la exigencia rígida a nosotros y a otros. (vii) Aceptarnos tal como somos diferenciando nuestras cualidades de nuestros retos por mejorar. (viii) Expresar pensamientos y emociones asertivamente, sin hostilidad, vergüenza o culpa. (ix) Mejorar nuestras habilidades sociales. (x) Soltar las riendas: aceptar que no controlamos nada ni a nadie, a duras penas a nosotros mismos; bajar las expectativas para no desilusionarnos demasiado, aprender a perdonarnos y perdonar.


La activación o reeducación de esta facultad emocional trae consigo la mejora de la salud mental, del desempeño familiar, amical y laboral, así como mayor satisfacción en nuestras relaciones humanas. Una mejor calidad de vida a todo nivel. Aventurémonos a probar o a reprogramarnos y veamos qué resultados obtenemos.    

Fuerte abrazo a cada un@ y hasta pronto.

 

                                                                                     Carlos Ureña Gayoso

                      Integrante de EDUCALTER

 

(1)    Si bien internet nos ofrece un sin número de textos sobre Goleman y sus planteamientos, las citas y parafraseos que utilizamos aquí toman como referencia el artículo: “Daniel Goleman y su teoría sobre la inteligencia emocional”, de Valeria Sabater, publicado en mayo del 2022 en la web La Mente es Maravillosa, donde nos relata parte de la historia del “periodista del New York Times que devino en gurú de la inteligencia emocional”. Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/daniel-goleman-teoria-la-inteligencia-emocional/

sábado, 15 de abril de 2023

Las inteligencias múltiples de Gardner

En el artículo anterior, revisamos diferentes maneras de entender la inteligencia humana. Una de ellas, la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner, cuestionó esta facultad como entidad unitaria y propuso, por el contrario, la existencia de esquemas adaptativos y creativos en variados aspectos de la existencia. Veamos.


En 1983, Howard Gardner y su equipo de investigadores de la Universidad de Harvard cuestionaron profundamente la idea predominante hasta ese momento: que existía una inteligencia única ligada al terreno intelectual o académico, solventada por componentes lógicos que promovían todo tipo de razonamientos para resolver problemas, teóricos o prácticos.

Gardner y sus colaboradores hacían notar, por un lado, que muchas personas con altas calificaciones académicas presentan limitaciones en diversos aspectos de la vida, y de otra parte, que algunos científicos, artistas o atletas habían obtenido bajo rendimiento en ámbitos escolares o universitarios para luego descollar en los terrenos que mejor potenciaban sus habilidades.

Con esas observaciones en mano, desecharon el paradigma de esa época sobre una inteligencia unitaria de tipo intelectual, cognitivo o académico, para animarse a proponer hasta ocho tipos de inteligencia, que abarcan multitud de aspectos de la vida que la intelectualidad en exclusiva, no logra cubrir.

Sabiendo que todos nosotros contamos potencialmente con todos y cada uno de estos ocho tipos de inteligencia, pero que podemos estar privilegiando uno de ellos o la combinación de algunos más que otros, se los exponemos someramente a continuación (1).


La inteligencia lingüística alude a la capacidad de expresarse (oral, gestual y por escrito) y de comprender lo que otros expresan, e implica, asimismo, que cuanto mejor dominio del lenguaje y capacidad de comunicación tenga una persona, más inteligente será en este ámbito. Se corresponde con la capacidad lógico verbal o de razonamiento y comprensión verbales. Literatos y narradores de cualquier género, comunicadores, periodistas, guionistas y redactores, actores, profesores y políticos (pero de los de antes, serios y responsables), estarían en este tipo.

La inteligencia lógico matemática se vincula a la capacidad de resolver problemas de índole espacial, numérica o aritmética mediante la comprensión, el análisis, la síntesis y evaluación de elementos concretos o abstractos de dicho orden. Durante años, todo el siglo XX, representó la máxima expresión de la inteligencia humana junto con la lógica verbal y ambas (inteligencia lógico matemática y lingüística) constituyeron el soporte fundamental de las pruebas de Coeficiente Intelectual (CI). Ingenieros, matemáticos, científicos y académicos de todas las áreas del conocimiento, economistas, estadísticos y contables, representarían con nitidez este rubro.  

La inteligencia espacial tiene relación con la observación del entorno y su representación en imágenes o mapas mentales, por eso está asociada a lo visual y geográfico. Ubicarse en el espacio y poder establecer referentes para moverse con soltura y precisión en diferentes ambientes físicos, naturales o urbanos, hace que unos sean más capaces que otros en estas cuestiones. También involucra la capacidad de “mirar” un objeto desde distintos ángulos o de desglosar una cosa en sus partes. Los arquitectos y algunas ramas de la ingeniería, los diseñadores, los publicistas y creativos, los artistas plásticos o visuales (escultores, pintores, escenógrafos, fotógrafos y cineastas), los guías turísticos o de investigación, los taxistas y pilotos en general, componen este grupo.

La inteligencia musical supone la diferenciación fina de sonidos, silencios y secuencias de sonidos y silencios a la que llamamos música, ya sea para interpretarla o componerla. El ritmo, las representaciones sonoras con la voz e instrumentos, la lectura y escritura de canciones o temas más elaborados (sinfonías, óperas y similares), la composición de piezas musicales y la capacidad de ecualizar dichas composiciones (resaltar un instrumento o la voz respecto a los demás instrumentos), son elementos de este tipo de destreza. Los músicos de todos los géneros e instrumentos, sean compositores, intérpretes o cantantes, integran este sector.


 

La inteligencia corporal y cinestésica tiene que ver con la capacidad de utilizar el cuerpo para expresar emociones y movimientos creando arte, así como para manipular con eficiencia herramientas de toda índole. El énfasis está puesto en la motilidad, en las destrezas físicas generales o específicas, sean gruesas o finas. Deportistas, actores, bailarines, acróbatas, trapecistas y artistas de circo, mecánicos, operarios tecnológicos de todas las especialidades, cirujanos, dentistas y artesanos ostentarían esta inteligencia.

La inteligencia intrapersonal se refiere al manejo personal consciente de aspectos internos tales como: emociones, sentimientos, habilidades y destrezas, actitudes, sesgos de pensamiento, autoconocimiento e introspección, comprensión de sí mismo, aceptación y autoestima.  Psicólogos, educadores y todos aquellos profesionales o técnicos ligados a las ciencias médicas, sociales o humanas tendrían que evidenciar este tipo de competencias. Los yogas, gurús, místicos, maestros espirituales y religiosos también. 

La inteligencia interpersonal se relaciona a la capacidad de empatizar con los demás, captando la oportunidad y pertinencia de responder o no a determinadas circunstancias sociales o de vínculo con personas específicas, sean familiares, compañeros de trabajo y/o conocidos o desconocidos del entorno cotidiano. Las personas con este tipo de inteligencia detectan y comprenden con facilidad las vicisitudes, retos y problemas de los demás. Pedagogos, educadores y profesores, terapeutas, psicólogos y guías personales (coachs), abogados, líderes en cualquier campo, entre otros, podrían evidenciar con nitidez estas cualidades. En el próximo artículo vincularemos las inteligencias intra e inter personales con la inteligencia emocional de Goleman.

La inteligencia naturalista tiene como componente central la sabiduría para manejar el ambiente natural, en primera instancia, así como los ambientes urbanos, en segunda. Valorar y tratar en concordancia a las diferentes especies animales y vegetales, detectando, diferenciando y categorizando la íntima interdependencia de lo animado y lo inanimado para mantener la vida planetaria es parte sustantiva de este tipo de inteligencia. Luego, en 1995, Gardner y su equipo añadieron la valorización de las diferencias culturales y étnicas donde todos los pueblos y civilizaciones son necesarias y los entornos humanos, urbanos y rurales, requieren ser tratados con la máxima consideración para la supervivencia de los sapiens y de toda posibilidad de existencia terrena. Médicos de todas las especialidades y todos los “ólogos” (Biólogos, antropólogos, sociólogos, psicólogos sociales, zoólogos, ecólogos, etcétera, incluyendo botánicos), químicos y físicos conscientes, agricultores, ganaderos y pescadores responsables, estadistas y planificadores con visión de largo plazo, estarían engrosando este grupo de inteligentes.


Sugerimos al equipo docente del Colegio La Casa de Cartón, a los familiares de los estudiantes y a nuestr@s alumn@s del cuarto ciclo, revisar estas ocho inteligencias y hacer el ejercicio de reacomodar las carreras técnicas y profesionales a la luz de dichos tipos. Añadir, reubicar, definir lo que cada carrera y tipo de inteligencia implica desde la experiencia de 40 años haciendo docencia, o desde el ser estudiante del colegio o familiares de los que van a egresar, aportará mucho al autoconocimiento (inteligencia intrapersonal) y a una ubicación solidaria, creativa, libre y buscadora de verdad en una sociedad democrática y ecológica (inteligencias interpersonal y naturalista).

Considerar, asimismo, que el Colegio La Casa de Cartón ha superado la educación tradicional basada, fundamentalmente, en las inteligencias lógicas, verbales y matemáticas que dan soporte al establecimiento del CI, el modelo cuestionado por Gardner.  En la propuesta educativa del colegio, que combina actitudes, habilidades y destrezas, así como saberes de todos los ámbitos de la experiencia humana, las competencias en suma, se viene innovando un estilo pedagógico que intenta romper con el viejo paradigma de una inteligencia única para pasar a desarrollar todas las potencialidades de nuestros estudiantes. La pedagogía activa participativa, el respeto a las diversas formas de aprendizaje, estilos de pensamiento y acción, así como al tipo de inteligencia de cada quien, nos permite continuar en la búsqueda de alternativas educativas que desarrollen al máximo a nuestros estudiantes, aceptando la gran verdad explicitada por Piaget y los constructivistas: el desarrollo de la inteligencia y aprendizaje van de la mano.

En el siguiente artículo revisaremos la inteligencia emocional de Goleman. En los artículos subsiguientes, veremos la inteligencia animal y la artificial, así como las características de ser inteligentes, arribando a conclusiones tras el somero recorrido por estas facultades extraordinarias con las que contamos, pero que nos exigen como colectivo, realzar la construcción de un mundo mejor para todos y eliminar o contrarrestar la escalada autodestructiva que estamos viviendo.    

Hasta luego.

 

                                                                                     Carlos Ureña Gayoso

                    Integrante de EDUCALTER

 

(1)    La lectora o lector interesado puede encontrar en internet infinidad de artículos y trabajos de investigación al respecto. Desde el blog del colegio les proponemos la publicación de Bertrand Regader: “La Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner”, de mayo del 2015, en la página web de Psicología y Mente.  

Fuente: https://psicologiaymente.com/inteligencia/teoria-inteligencias-multiples-gardner

lunes, 10 de abril de 2023

Diferentes maneras de ser inteligentes

Aunque las guerras y el maltrato sistemático al planeta Tierra parecieran indicar lo contrario, el sapiens es inteligente.

Incluso en ese terreno minado que implica la fabricación, venta, provocación de conflictos y utilización de armas o en relación a las industrias que envasan enormes cantidades de productos manufacturados, cuyos desechos resultan contaminantes a la larga, la sofisticación de las máquinas usadas o de la tecnología involucrada en dichos quehaceres destructivos estarían evidenciando la capacidad de adecuar el potencial humano al logro de los requerimientos básicos para la satisfacción de necesidades vitales, entre ellas una distorsionada idea de la paz y la seguridad basada en la disuasión y el amedrentamiento. Prácticamente todos los grandes inventos o descubrimientos han tenido algún tipo de vínculo con la guerra para, luego, ser empleados en tiempos de paz mejorando las condiciones de vida en general (1).

Ahora bien, en momentos de no guerra y apelando a una sentida aspiración humana mayoritaria, la de alcanzar ese ideal que propugna la “cultura de paz”, los inventos creados en escenarios bélicos y los elaborados en contextos pacíficos han puesto en evidencia la magnitud de esta singular, mas no exclusiva, competencia humana llamada “inteligencia” (2).


Pero veamos someramente: ¿Cómo se ha ido definiendo la inteligencia?

Definir la inteligencia es una labor polémica. El debate al respecto continúa vigente. Hay quienes plantean que es una facultad unitaria y universal de la mente humana y que puede ser medida a través de test psicológicos. Hay quienes piensan que es una suma de capacidades que permite a las personas ejercer diferentes competencias. Hay otros, por último, que proponen la no existencia de una inteligencia única y universal, sino que ésta es múltiple y versátil.

Cicerón (106-43 a.C) fue quien introdujo el término “inteligencia” al vocabulario universal. La definió como la capacidad intelectual de saber escoger, de elegir adecuadamente (inter = entre y legere = leer, escoger). Inteligente era el que comprende y decide siendo capaz de determinar los contextos y precisar los significados.

Binet y Simon (1905) fueron los primeros en inventar un sistema comparativo para medir la inteligencia a partir del pedido del gobierno francés, que había dado una ley de escolarización obligatoria, solicitándoles establecer un mecanismo que les permitiera identificar a los niños que requerían una atención especial. Así que diseñaron una escala métrica en la que comparaban las respuestas de un niño específico con las respuestas de todo el grupo de su misma edad. Introdujeron, para establecer las comparaciones, el concepto de Edad Mental o grado de desarrollo de la actividad cerebral en conjunto o inteligencia. Si eran coincidentes la edad mental y la cronológica, el coeficiente era 1 y 100 la media de lo que conocemos como Coeficiente Intelectual.  

La norma o normalidad se establece estadísticamente, es decir y tal como nos lo explican en la página web de Neuropediatra: “Las respuestas que nos darán tendrán una distribución normal –conocida como campana de Gauss– y se considerará que el número de respuestas correctas que dé la mayoría de niños de una edad determinada, es el equivalente a la edad cronológica”.

“Se considera que la inteligencia es normal cuando el CI de una persona está entre 85 y 115. Las personas con un CI por debajo de 85 empiezan a tener dificultades en su desempeño intelectual y se habla de discapacidad intelectual, por encima de 115 se habla de inteligencia superior”, redondean la explicación los autores de Neuropediatra (3).



El Coeficiente Intelectual medía y mide aspectos académicos ya que estas pruebas “nacieron” para solucionar temas educativos. Las inteligencias lógica, verbal y numérica o matemática eran las privilegiadas en estas pruebas o tests. Se creía que las capacidades de razonar y resolver problemas eran las claves de la inteligencia, una especie de elementos sustantivos de la inteligencia, presentes en todos los individuos, universales o generales en ese sentido. 

En 1920, Thorndike fue una voz solitaria cuando enfatizó las habilidades para comprender y motivar a otras personas como lo sustantivo de la “inteligencia social”. El mundo académico seguía fascinado frente al impacto que había tenido el método del coeficiente intelectual, así que sus ideas tendrían que esperar a que Wechsler y, más aún, Goleman, las retomaran.

Por su parte, Terman (1921), definió la inteligencia como la capacidad para pensar de manera abstracta. Se continuaba enfatizando la concepción unitaria y universal de la inteligencia. Igual pasó con Spearman (1927), quien estableció que el factor cognitivo general de la inteligencia, o factor G, es una habilidad fundamental que se encuentra presente en toda actividad mental y que energiza todas las tareas no automáticas.  El test de Raven, que tanto hemos utilizado en el colegio, mide específicamente este factor general de la inteligencia y los aspectos propiamente académicos ligados a la educación, las tres lógicas especialmente: verbal, matemática y lógica pura, a partir de elementos visuales y espaciales mediante una secuencia progresiva de matrices.


Todavía pasarían décadas hasta incorporar cuestiones relativas a la aplicación real de las competencias ligadas a la inteligencia. Además de los aspectos lógicos, matemáticos y verbales relativos al intelecto o el mundo académico, la incorporación de aspectos adaptativos, relaciones sociales, imaginación, creatividad, habilidades motoras, autonomía, autoestima y vida emocional demorarían un poco, pero, por fin, serían valoradas posteriormente como partes integrales de la inteligencia.

Ese proceso lo desarrolló Wechsler (1944), al definir la inteligencia como la capacidad para actuar con un propósito concreto, pensar racionalmente y relacionarse de forma eficaz con el ambiente, dejando claro –además-, que ningún test de inteligencia sería válido si no se tenían en cuenta aspectos emocionales, retomando los alcances pioneros de Thorndike y la inteligencia social. El mérito de este psicólogo rumano estadounidense fue el de diseñar pruebas psicológicas para adultos y niños donde convergen múltiples elementos o capacidades, convirtiendo la noción de inteligencia en una sumatoria de aspectos importantes que se correlacionan entre sí.

Al igual que la tendencia general, la sumatoria de aspectos correlacionados del Test de Wechsler permite establecer un coeficiente de aptitud general (CI), pero discrimina cinco dominios cognitivos específicos: (i) Comprensión verbal: semejanzas, vocabulario, información, comprensión. (ii) Viso espacial: cubos, puzles visuales. (iii) Razonamiento fluido: matrices, balanzas, aritmética. (iv) Memoria de trabajo: dígitos, secuencia de dibujos, letras y números. (v) Velocidad de procesamiento: claves, búsqueda de símbolos.

El esquema de Wechsler parece muy similar a otros centrados en la búsqueda de un coeficiente, pero la observación del comportamiento del evaluado antes y durante las pruebas, así como de su historia personal familiar, constituye una fuente información socio emocional muy relevante para comprender los resultados.

Jean Piaget (1952), define la inteligencia como la capacidad de mantener una constante adaptación de los esquemas del sujeto al mundo que lo rodea. Su comprensión de la inteligencia es bastante más dinámica y va adecuándose a los cambios y al movimiento permanente de los esquemas (estructuras mentales que pueden ser transportadas, sistematizadas y organizadas mediante el aprendizaje, la asimilación y la acomodación).  


Desde su enfoque, la psicología genética, Piaget considera la inteligencia humana como un proceso de índole biológica con anclajes en la herencia genética, valga la redundancia. El organismo vivo humano afronta un medio físico al cual necesita adaptarse. Para ello, con las estructuras biológicas y la capacidad de aprendizaje, asimila (incorpora a esquemas pre existentes) y acomoda (modifica los esquemas para adecuarse a las exigencias del medio), alcanzando la adaptación como resultado.

Esta reestructuración cognitiva permanente va logrando niveles de equilibrio, que vuelven a resquebrajarse ante nuevos conflictos cognitivos y así, sucesivamente, la inteligencia y el aprendizaje continúan ad infinitum.

Gardner (1983), dio un giro a las maneras de entender la inteligencia al plantear que no existe una noción unitaria o que abarque en un solo concepto la totalidad de esta cualidad humana, si no, que hay diferentes inteligencias de las que poseemos alguna más desarrollada o diferentes grados de combinación de varias de ellas a la vez. Son inteligencias independientes que aplican a los diversos campos vitales. La “Teoría de las Inteligencias Múltiples” de este autor, explicita que “al menos existirían ocho tipos distintos de inteligencia, cada uno adaptado a un área específica de la vida”, tal como nos explican en la página web “Concepto de” (4).

“Gardner y sus colaboradores podrían afirmar que Stephen Hawking no posee una mayor inteligencia que Leo Messi, sino que cada uno de ellos ha desarrollado un tipo de inteligencia diferente”, nos dice el psicólogo Bertrand Regader en la web de “Psicología y Mente” (5).

En el próximo artículo del blog del colegio profundizaremos en Gardner y sus ocho inteligencias, así como en Goleman (1995) y la inteligencia emocional. Pero baste decir aquí que las inteligencias intra e inter personales de Gardner presentan muchas analogías con la inteligencia emocional de Goleman.


La tesis doctoral de Wayne Payne, titulada “Un estudio de las emociones: el desarrollo de la inteligencia emocional”, significó la aparición del término en el universo científico. Diez años después, Goleman produciría un brillante tratado al respecto. 

Valeria Sabater (2022) de “La mente es maravillosa”, parafrasea a Goleman sobre la inteligencia emocional:

“De poco nos sirve un cerebro brillante y un elevado cociente intelectual si no entendemos de empatía, si no sabemos leer emociones propias y ajenas. Ser extranjeros del propio corazón y de esa conciencia social donde aprender a conectar, a gestionar el miedo y a ser asertivos es dejar de lado valiosas capacidades. Porque la inteligencia emocional es, lo queramos o no, un pilar esencial para ser felices” (6).

Otro aporte importe lo dio Stemberg (1986) con la Teoría Triárquica de la Inteligencia. En ella afirma que la inteligencia es multiforme, es decir, presenta una forma analítica, otra creativa y una última práctica.

Passer y Smith (2007) proponen que la inteligencia es la habilidad para adquirir conocimientos, pensar y razonar con eficacia, y manejarse en el entorno de modo adaptativo.

Esta última definición no está lejos de aquella que según internet, al pedirle información general sobre la inteligencia humana, coloca como una precisión general.

“Una definición de inteligencia que probablemente es la más apropiada en el estado actual de nuestros conocimientos es la siguiente: Inteligencia es un conjunto de habilidades cognitivas y conductuales que permite la adaptación eficiente al ambiente físico y social”.


 

En el próximo artículo, además de las propuestas de Gardner y Goleman, revisaremos en primer lugar, las características de la inteligencia, deslindándola de la inteligencia animal y de la artificia o cibernética. Hasta luego.

 

                                                                                     Carlos Ureña Gayoso

                    Integrante de EDUCALTER

 

(1)   En la página web de las Naciones Unidas, bajo el rubro “Paz, dignidad e igualdad en un planeta sano”,  puede leerse, en relación a la paz y la seguridad como primer enunciado que: “La principal motivación para la creación de las Naciones Unidas, cuyos fundadores habían sufrido la devastación de dos guerras mundiales, fue evitar las generaciones venideras del flagelo de la guerra. Desde su creación, se ha pedido ayuda a la ONU tanto para que evite que las disputas concluyan en guerra, como que ayude a restaurar la paz cuando los conflictos armados ya han estallado o que promueva la paz duradera en sociedades que acaban de salir de una guerra”.

Fuente: https://www.un.org/es/global-issues/peace-and-security

(2)  La UNESCO, en “Cultura de Paz y No Violencia”,  afirma que “La construcción de una cultura de paz y desarrollo sostenible es uno de los objetivos principales del mandato de la UNESCO. La formación y la investigación para el desarrollo sostenible están entre sus prioridades, así como la educación para los derechos humanos, las competencias en materia de relaciones pacíficas, la buena gobernanza, la memoria del Holocausto, la prevención de conflictos y la consolidación de la paz”. Estos son los componentes de la Cultura de Paz promovida por las Naciones Unidas, de la que la UNESCO es la oficina especializada en Educación, Ciencia y Cultura. 

        Fuente: https://es.unesco.org/themes/programas-construir-paz

(3)     Página web de Neuropediatra: https://neuropediatra.org/2016/02/01/que-es-la-inteligencia/

(4)     Fuente: https://concepto.de/inteligencia/#ixzz7xKX33dUI

(5)     Bertrand Regader (2015). “La Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner”. En Psicología y Mente. Fuente: https://psicologiaymente.com/inteligencia/teoria-inteligencias-multiples-gardner

(6)     Valeria Sabater (2022). “Daniel Goleman y su teoría de la inteligencia emocional”. En La Mente es Maravillosa. Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/daniel-goleman-teoria-la-inteligencia-emocional/