domingo, 21 de marzo de 2021

Adolescencia y pandemia III: Adoptar actitudes positivas frente a las crisis

Las justificaciones, pretextos y excusas para mantener actitudes negativas frente a lo que nos ha tocado vivir y no nos gusta (la pandemia y sus restricciones), pueden ser revertidas por actitudes positivas y una posición constructiva, si asumimos plena y conscientemente la educación que nuestros familiares y el Colegio La Casa de Cartón nos vienen brindando desde que éramos niñas o niños. El colegio y las familias que lo integran se han propuesto “formar personas solidarias, buscadoras de verdad, libres y creativas para una sociedad democrática y un mundo ecológicamente viable”.

En esa lógica: ¿Cómo me convierto en agente de cambio en casa, con mis amigos y amigas y en el colegio? ¿Cómo puedo pasar del bajón y del agobio de la pandemia a ser un aporte dondequiera que esté y con quienes interactúe? ¿Cómo paso del agotamiento y las actitudes negativas a ser un representante digno de esa formación en actitudes positivas, en ser parte de la solución, en ser resiliente y aportativo para mejorar las cosas y no empeorarlas?

Veamos algunas alternativas para pasar de actitudes negativas a positivas. En primer lugar, podemos hacer una auto y una heteroevaluación, para saber dónde estamos, cuál es el punto de partida en el que nos encontramos. El autodiagnóstico puede incluir preguntas del tipo: ¿Qué es lo que más extrañas hacer?, ¿qué te viene enseñando esta pandemia para tu desarrollo personal?, ¿qué cosas valoras ahora más que antes?, ¿qué es lo que más miedo te da? La heteroevaluación puede consistir sencillamente en preguntar a tus familiares y amigos cómo te ven, cómo te perciben y sienten en esta época. También pueden diseñar juntos, entre compañeros de clase e incluso, pidiéndole ayuda a las o los tutores, unas preguntas para establecer nuestra calidad de vida actitudinal aquí y ahora.

En segundo lugar, podríamos mencionar la identidad y la identificación. Si me identifico con los valores de La Casa de Cartón: Solidaridad, Libertad, Búsqueda de Verdad y Creatividad; y con los ejes transversales del colegio: Ciudadanía Democrática y Consciencia Ecológica, entonces ya contamos con un primer paso firme y decidido. Identificarse es sentirse parte de un proyecto, filosofía o estilo de vida, para asumirlo y adoptarlo como propio. Justo en la adolescencia empiezan las opciones que harán posible definirse uno mismo, estableciendo la escala de valores que cada quien escoge para orientar el pensamiento, la palabra y la acción que caracterizará su vida actual y la de las siguientes etapas de la vida. Estas decisiones y elecciones condicionarán, a su vez, la vida social y la afectividad que la acompaña, las responsabilidades y compromisos que contraeremos consciente y voluntariamente. Los valores pueden cambiar, enriquecerse o ampliarse y podemos ser más o menos coherentes con nuestros ideales, pero sentirse identificado, ser parte de un colectivo y adoptar su manera de ser, pensar, sentir y actuar, nos proporciona una vivencia de seguridad, claridad y firmeza enormes.

En tercer lugar, podría estar la gratitud. A pesar de todas esas cosas que están ocurriendo y que pueden frustrarnos, agobiarnos y justificar cierto pesimismo y actitudes negativas, tenemos mucho, muchísimo, por lo cual estar agradecidos. Cuando abrimos los ojos estamos en una cama dentro de una habitación para nosotros solos o compartida con un hermano, con sábanas limpias, con almohada y hasta pijamita. Vamos al baño (¡tenemos uno o más baños en casa!) y sale agua de los caños, contamos con todo tipo de utensilios para nuestra higiene personal, hay desde una ducha con jabón y champú, hasta palitos con algodón en las puntas para limpiar nuestras orejas. Todo tenemos. En la cocina, ni hablar. Baste con recordarnos que podemos elegir el menú. Algunos, incluso pueden ser vegetarianos, y aunque los productos orgánicos encarecen el presupuesto de alimentos, son mucho más saludables. Accedemos a todo lo necesario para una vida de calidad y, en esas maravillosas condiciones, podemos ser tan necios que nos quejamos o regañamos por lo que nos pueda faltar, en lugar de agradecer todo lo que nos regala el esfuerzo de nuestros familiares.

Vemos en la tele, conocemos personas y/o escuchamos a nuestras madres, padres y docentes que la gran mayoría de ciudadanos de nuestro país y del mundo, no cuentan con las facilidades y bienes que nosotros sí tenemos al alcance. Algunos acarrean agua en baldes o recipientes a sus viviendas, las que son tan pequeñas que no permiten independencia o intimidad. Si hay computadora, una tiene que abastecer a todos. No cuentan con celulares, computadoras, tablets y demás artefactos que los conecten al mundo virtual de la educación y las amistades. Algunos tienen que asistir a comedores populares para alimentarse. Realmente, somos privilegiados.

La gratitud y valorar todo lo que tenemos puede permitir que nos sintamos y estemos positivos, aún ante esta “nueva normalidad”. Y eso que solo estamos recordando aspectos materiales. El tener un hogar, así nuestros padres estén separados; el estudiar en La Casa de Cartón, así las clases sean en línea; el tener amigos y comunicarnos con ellos, así sea por dispositivos virtuales; el contar con tiempo de calidad para leer, pintar o dibujar, escuchar o tocar música, hacer ejercicios, cocinar, hacer experimentos, fabricar cosas, reparar algo de la casa y cantidades de cosas que podemos hacer gracias a los medios con que contamos, son aspectos que nos regala la vida y que –si los aprovechamos bien- pueden servirnos de base para desplegar nuestro potencial y lanzarnos a realizar nuestros sueños y anhelos.

Ciencia, técnicas, filosofía, arte en sus múltiples lenguajes, ratos en familia, ratos a solas, conversas con amigos, con la o el enamorado/a, todo tipo de máquinas y equipos para poder desarrollar nuestra creatividad en cualquier campo que nos guste y apasione, entonces: agradecer es la consigna.

Y una de las maneras más efectivas de hacer evidente tu gratitud es hacer algo bueno o bonito por aquellos a quienes quieres. Y mejor todavía, hacer algo por esos compañeros o compañeras de clase que andan medio solitos. Llamarlos y preguntarles ¿cómo están? ¿en qué andan? Y darles un poco de tiempo, nos permitirá convertirnos en personas de cambio.

Inventar en grupo actividades divertidas, crear cuentos o canciones colectivas, jugar juegos en línea e incluir a los más retraídos, son posibilidades a explorar entre compañeros de clase. Y en casa, puedo dialogar con mis familiares para establecer un horario personal, así como una serie de responsabilidades y retos que podemos asumir como miembros de una familia. Como dice la propaganda de la vacunación: “Todos pongamos el hombro”.  

Decidir convertirme en una luz, en un sol y ayudar a los demás con mi sonrisa y buena onda, dándoles mi tiempo e interés, es preferible a cocinarme vivo en mi propio malestar y fastidio. No olvidemos que la mejor manera de expresar el amor que se siente es dando tiempo. Tiempo es amor, digamos.

Y una última sugerencia. Después de la secundaria, muchos de ustedes tendrán la posibilidad de estudiar una carrera, ya sea técnica o profesional, o dedicarse a algún arte o quehacer a nivel de peritos o expertos. Entonces, si eso es lo que viene, ¿no sería interesante ir preparándome para lo que vendrá? Ahora hay un poco más de tiempo y puedo ponerme a investigar qué carrera me gustaría seguir y dedicar parte de mi horario a ello.

¿Tienes un horario? ¿te estás organizando para desarrollar al máximo tu potencial como persona? ¿Quieres ser un sol, luz para ti mismo y tu entorno?

Con todas las herramientas que te ha dado el colegio y tu familia: hábitos, actitudes y valores, habilidades cognitivas e intelectuales, destrezas psicomotrices y artísticas, ¿qué decides hacer con tu vida hoy? ¿Qué esperas para ponerte las pilas?

La pelota está en tu cancha. Y si tuvieses dudas, busca orientación y ayuda, que para eso estamos los adultos de tu entorno que te generen confianza. Tus padres, abuelos, hermanos o hermanas mayores, profesoras y profesores, alguien que tú escojas, si los buscas para hablar de temas importantes, estarán ahí para ti. Hay que sacarlo todo afuera para que adentro crezca vida nueva, cantaba Mercedes Sosa. Fuerte abrazo solidario.


sábado, 13 de marzo de 2021

Adolescencia y pandemia II: Justificaciones y pretextos para asumir actitudes negativas

¿Qué puedo hacer yo, en la pubertad o en plena adolescencia, ante las crisis que estamos viviendo?  

Si nos ubicamos en los polos y consideramos las posiciones extremas que es posible adoptar, podríamos decir que es posible asumir una actitud negativa u otra, por el contrario, positiva. El pesimismo de la negatividad puede ganarnos e impedir que salga lo mejor de nosotros ante la adversidad y que, a pesar de lo que se vive actualmente, mantengamos actitudes positivas (1).

Existen hechos que provoca la misma pandemia, que aparecieron de repente en el escenario mundial y nos cayeron encima de improviso: estado de emergencia, toque de queda y cuarentenas, que limitan la libertad de movimiento, de reunión y de hacer las cosas como las hacíamos. Estos cambios radicales y profundos, que nos acompañan durante el último año, pueden parecer razones justificadas o pretextos válidos para asumir un punto de vista pesimista con las actitudes negativas que conlleva. Veamos:

1.  La presencia de la enfermedad y la muerte se han acercado demasiado a nuestros entornos vitales. Familiares y amigos están siendo afectados por la enfermedad y varios han muerto. La crisis sanitaria es sumamente grave ya que no hay atención especializada suficiente en los hospitales del Estado Peruano y la cobertura particular es carísima, al igual que el oxígeno en balones o compresoras.

2. No podemos salir a la calle normalmente. Se ha hecho necesario salir con un equipo antivirus que recarga el atuendo callejero: tapabocas, protector facial, pomito de alcohol y, al regresar, limpieza de las suelas de los zapatos con lejía. Eso en lo material, pero lo que más desgasta emocionalmente es la actitud de desconfianza (miedo, angustia o “paranoia saludable”) hacia todos los que caminan por las calles: todos me pueden contagiar, así que de todos me he de cuidar. Uff, de solo pensarlo, agota.

3.  El tener periodos de cuarentena (prohibición explícita de salir al exterior de los hogares) o el haberse vuelto sumamente prudente evitar salir innecesariamente o, sencillamente, no salir para nada que no sea urgente, puede modificar a tal punto nuestras vivencias cotidianas que es relativamente fácil: cansarnos de estar en los mismos ambientes, aburrirnos, fatigarnos por esta interminable sensación de amenaza, ponernos intolerantes y hasta agresivos o a punto de explotar. El estrés terminó de inmiscuirse en nuestras vidas o apareció si no lo teníamos.

4.  La espantosa aparición de los NO PUEDO en la cotidianidad de nuestra vida: No puedo salir con mis amigas y amigos ni con mi enamorada o enamorado; no puedo pasear por parques, calles, plazas, malecones ni centros comerciales, ni caminando ni en bicicleta o scooter; no puedo ir al cine, ni a restaurantes, ni al teatro o al estadio. Y un interminable listado de “no puedos” o “no podemos”, que cada uno sabe exactamente cuáles son los que más nos duelen y fastidian. Estas limitaciones son periódicas: hay momentos en que sí es posible salir o visitar lugares, cuando terminan las cuarentenas, pero con hartos cuidados preventivos.

5.  Para las y los chicos y chicas de quinto año, de la mayoría de promociones de los colegios del Perú y el mundo que podían hacerlo, tanto el año pasado como éste, uno de los “no podemos” más frustrante será que no habrá viaje, ni fiesta de promoción, ni ceremonia de graduación “en vivo”, con abrazos y emociones compartidas presencialmente. Todo será virtual, hasta las clases lo seguirán siendo por un tiempo.

6.  El descubrimiento de la sexualidad, dada la invasión de hormonas en el organismo que caracteriza la adolescencia, lleva al creciente interés por las relaciones de pareja. Enamoramientos, coqueteos y salidas juntos para conocerse han quedado circunscritas a la virtualidad. Los abrazos y los besos tendrán que esperar y expresarse solo mediante pantallas.

7.  La permanencia de muchas de nuestras madres y padres en casa también complica un tanto la reciente irrupción de independencia y autonomía. Ellos nos siguen viendo como hijos o hijas (y así los verán siempre) y nos dicen insistentemente lo que debemos y tenemos que hacer, a veces sin considerar lo que podemos y queremos hacer. Mientras que las y los adolescentes quieren ser tratados como adultos, de igual a igual con sus padres y madres, siendo posible que se exijan derechos y libertades, quizás olvidándose de los deberes y obligaciones.

Todas estas justificaciones y pretextos, en fin, excusas para mantener actitudes negativas frente a lo que nos ha tocado vivir y no nos gusta (la pandemia y sus restricciones), pueden ser revertidas por actitudes positivas y una posición constructiva, si asumo plena y conscientemente la educación que mis familiares y el Colegio La Casa de Cartón me vienen brindando desde que era niña o niño. El colegio y las familias que lo integran se han propuesto “formar personas solidarias, buscadoras de verdad, libres y creativas para una sociedad democrática y un mundo ecológicamente viable”.

¿Cómo me convierto en agente de cambio en casa, con mis amigos y amigas y en el colegio? ¿Cómo puedo pasar del bajón y del agobio de la pandemia a ser un aporte dondequiera que esté y con quienes interactúe? ¿Cómo paso del agotamiento y las actitudes negativas a ser un representante digno de esa formación en actitudes positivas, en ser parte de la solución, en ser resiliente y aportativo para mejorar las cosas y no empeorarlas?

Nos vemos en el próximo artículo. Ahí encontrarás las respuestas, aunque –seguro- ya las intuyes. Hasta pronto.

  

(1)    Para la elaboración de los artículos de la serie “Adolescencia y pandemia”, se han utilizado como fuentes de inspiración y transpiración, las siguientes:

-    Página web del Colegio La Casa de Cartón: Quienes somos, nuestra propuesta, nuestra casa, comunidad educativa.

http://lacasadecarton.edu.pe

-       Reunión de capacitación del equipo del Colegio La Casa de Cartón: “Análisis de coyuntura”, a cargo de Pilar Arroyo del Instituto Bartolomé de Las Casas del 01/03/21.

-  “Adolescentes en pandemia”. Una investigación realizada por CHICOS.NET Asociación Chicos.net (Setiembre, 2020).

chicosnet_informe_adolescentes_en_pandemia_2020 PDF

-     “Reuniones. Hartos del encierro, muchos adolescentes se juntan igual entre amigos”. Alejandro Horvat del Diario La Nación (Agosto, 2020).

https://www.lanacion.com.ar/sociedad/reuniones-nid2409314/

-     “El aislamiento pone a prueba la amistad: relaciones fortalecidas, desencuentros y bloqueos en WhatsApp”. Javier Sinay de RED/ACCIÓN (Junio, 2020).

https://www.redaccion.com.ar/el-aislamiento-pone-a-prueba-la-amistad-relaciones-fortalecidas-desencuentros-y-bloqueos-en-whatsapp/

-     “Adolescencia en tiempos de #COVID 19. Cómo viven las y los adolescentes la pandemia por coronavirus y el aislamiento social, preventivo y obligatorio”. UNICEF (Junio, 2020).

https://www.unicef.org/argentina/historias/adolescencia-en-tiempos-de-covid19

-     “¿Cómo afecta a los adolescentes el encierro en el marco de la cuarentena?” Sebastián Urquijo para la Agencia Nacional de Noticias Télam (Mayo, 2020).

https://www.telam.com.ar/notas/202005/466119-opinion-adolescentes-cuarentena.html

-      “El impacto de la cuarentena en la adolescencia”. Oscar Ranzani de Página 12 (Abril, 2020).

https://www.pagina12.com.ar/262312-el-impacto-de-la-cuarentena-en-la-adolescencia

sábado, 6 de marzo de 2021

Adolescencia y pandemia: El contexto

Estimados estudiantes del Tercer y Cuarto Ciclos del Colegio La Casa de cartón:

Hace unas noches, justo antes de dormir, me imaginé cómo habría sido para mi hijo Mateo si esta pandemia le hubiese alcanzado en plena adolescencia y que estuviera cursando aún la secundaria del Cole. Traté de ponerme en el lugar de ustedes, a quienes la crisis mundial les ha dado muy duro en su existencia, de improviso, sin anuncio previo ni alerta roja para prepararse. El día anterior había tenido una experiencia extraña, una ensoñación que me hizo pensar y sentir cómo sería mi propia experiencia y conducta si a la promoción del colegio donde estudié, nos hubiese tomado por sorpresa esta crisis múltiple: sanitaria, económica, alimenticia, política, socio cultural y ética, a los 16 años (ver artículo anterior del blog).

En primer lugar y como cosa básica y elemental, la pandemia nos sorprendió, inmovilizó, cambió brutalmente todo lo que hacíamos y hasta la manera de hacerlo, al tiempo que cuestionó profundamente nuestras convicciones, ideas de la vida y de la muerte, ideales y valores, a todos: mujeres y hombres de todas las edades, desde niñas y niños hasta abuelitos y abuelitas, de todas las condiciones socio económicas y en todos los países del mundo, absolutamente toda la especie sapiens, quedó desnuda, frágil y vulnerable, ante un hecho nunca antes vivido por nuestras generaciones.

Segundo: Lo que más pueden necesitar personas que viven la etapa que ustedes están pasando en este contexto de cambios fundamentales es: transparencia, honestidad al máximo, sinceridad cruda y sin tapujos. Eso significa que los adultos aceptemos que no sabemos qué va a pasar y que no podemos dar una “imagen” de tranquilidad cuando a todos, esta situación nos ha conmocionado y alterado el ritmo de vida “normal”. No tenemos respuestas claras porque no hay claridad aún. No podemos predecir lo que pasará porque ni siquiera sabemos cómo se originó exactamente todo esto. Por ello, ser honestos y mostrar nuestros miedos e inseguridades es más saludable que hacer como si no pasará nada, como si todo fuera a ser como antes o como si supiéramos lo que va a ocurrir.  

Tercero: Era bastante anormal el ritmo de vida supuestamente normal que llevábamos. Anormal por el tremendo descuido al medio ambiente que ocasiona nuestra manera de producir bienes y servicios, por las tantas formas de discriminar y excluir a gruesos sectores de la población, por haberse hecho cotidiana la falsedad y la corrupción descuidando la ética y los valores, por las profundas y abismales brechas entre los que tienen demasiado o mucho y los que tienen poco o nada. En vez de “nueva normalidad” estamos viendo una nueva situación donde se mantienen viejas conductas de desigualdad y exclusión. Los que vienen “pagando el pato” de las crisis son los marginados y con menos recursos; las clases medias también están siendo golpeadas y con fuerza. Pero…

Cuarto: A pesar de la incertidumbre ante el presente y el futuro, la vulnerabilidad ante la enfermedad y la muerte, así como el mantenimiento de brechas y exclusiones, un periodo histórico crítico como el que vivimos permite que, tras el colapso, todo sea posible y que la enorme multitud de personas e instituciones que están planteando mejoras severas en nuestro modo de vida, cambios sustantivos y radicales, vean plasmadas algunas de éstas en el futuro cercano. Si se corrobora científicamente que el cambio climático ha generado directa o indirectamente esta pandemia, entonces todos los esfuerzos anteriores y actuales de la humanidad por revertir el estilo de producción contaminante y destructor del ambiente y el curso de la escalada de acumulación de bienes, dinero y propiedades en muy pocas manos (solo el 15 % de la población mundial accede a todo aquello que otorga vida de calidad), pueda hacerse realidad para alcanzar accesos a bienes y servicios de manera inclusiva, para todos y todas, más democráticamente, con un modo de producción sostenible y ecológico que promueva un mercado al servicio de las sociedades redistribuyendo de acuerdo a esfuerzo y necesidad, desde un enfoque solidario, equitativo y justo.

Quinto:  Las crisis son capaces de derrumbar modelos, estructuras o esquemas de vida, pueden dejar inhabilitados a determinados sectores sociales, afectar a un gran número de personas o –como es el caso de esta pandemia- matar o enfermar de gravedad a seres queridos de nuestro entorno familiar o amical. Pero las crisis también pueden ser vistas como oportunidades de cambio, a pesar del dolor que traen consigo. Estamos viviendo un momento crítico de la historia y es posible abandonarnos al negativismo, la tristeza, el agobio y el pesimismo o apelar a los hábitos, actitudes y valores positivos, a las habilidades cognitivas e intelectuales, a las destrezas motoras y artísticas que trabajamos en La Casa de Cartón, para convertirnos en agentes de cambio en un momento tan delicado como el que nos toca vivir aquí y ahora, pero que exige sacar lo mejor de nosotros para asumir el reto de construir una sociedad mejor, más humana de verdad, más justa y solidaria. 

¿Y qué puedo hacer individual y grupalmente, con mis compañeros de clase u otros amigos y amigas, con mi familia, para aportar a la solución y no ser parte del problema?

Continuaremos, en el próximo artículo, con reflexiones y alcances sobre estos asuntos vitales…

martes, 16 de febrero de 2021

Ser adolescente en tiempos de pandemia

Acababa de ver un capítulo de Stranger Things (Cosas Extrañas) y me ocurrió una. En la tarde habíamos reordenado repisas y roperos para deshacernos de objetos y de ropa que acumulamos y no usamos. Con la idea de airear y aligerarnos de cargas inútiles, pensamos que otras personas podrían darle mejor uso, así que donarlas al que necesite nos pareció una mejor opción que mantener arrumados artículos sin uso inmediato. Estamos en la lógica del minimalismo, es decir, contar con lo mínimo indispensable; y del feng chui, mover todo de su sitio y reordenarlo para que las energías estancadas se liberen. 

 

Entonces encontré la ruma de fotos viejas. Me llamó la atención una donde estoy con mis mejores amigos del colegio, en quinto de secundaria y, al mirarla con total atención, entré en un estado de ensoñación y me fui para allá. Me vi saliendo de clases con mis compañeros, un viernes 12 de marzo. Nos habían dicho que, por precaución, no asistiríamos durante un mes al centro educativo. Se había desatado una pandemia y era casi seguro que se declararía la cuarentena, tal como pasó el domingo 14 en que el presidente anunció la medida. 

 


La alegría inicial de no tener clases se convirtió en fastidio ya que se estableció el estado de emergencia, con una inmovilización parcial donde solo una persona de cada familia podía salir a comprar lo indispensable y toque de queda de 6 pm a 6 am. Fastidio porque no podríamos andar en patota o reunirnos en la casa de cualquiera de nuestros amigos o amigas para estar juntos; y lo que parecían vacaciones al comienzo, en realidad era un encierro sin libertad.  

 

No podríamos salir a caminar por los malecones, ni a recorrer calles en busca de pequeñas aventuras o anécdotas simpáticas. No paseos fuera de Lima, a las playas o de campamento a Chaclacayo, Chosica, Santa Eulalia o Cocachacra. Suspendidos los tonos (fiestas en casas particulares) y las idas a discotecas. Nada de bicis o motos, menos aún sacar el carro de papá sin permiso para dar una vuelta.  

 

¿Y cómo haría con Beatriz, mi adorable enamorada? Solo llamadas por teléfono de vez en cuando, dado el férreo control de la línea por mis padres, que cada mes nos daban un sermón por el aumento del costo del servicio telefónico, en vista y considerando que me echaba dos horas a conversar con mi amada sobre veinte mil asuntos triviales durante la semana.  

 

Felizmente en esa ensoñación extraña que estaba viviendo, activada por la visión de las fotos del ayer, de mi promoción del colegio, estábamos en el pasado y a la vez, contábamos con todas las ventajas del presente: computadoras, celulares y dispositivos que nos permitían acceder a internet y a las redes comunicativas ahora archiconocidas. 

 

Al comienzo fue divertido conversar entre toda la “mancha” (grupo de amigos, collera), por zoom o meet, igual con Beatriz. Pero a las pocas semanas ya no era lo mismo. 



Además, y para peor de males, estaríamos bajo la mirada invasiva de nuestros padres todo el día, ya que a ellos también se les confinaba en casa.  

 

Cuando no estaba en la calle o en otras viviendas con mis amigos, me encerraba en mi cuarto con música a todo volumen a hacer lo que quisiera. Pero ese aislamiento voluntario se volvió obligatorio y perdió su encanto.  

 

Miraba a mi hermana menor y me percataba que para ella la nueva anormalidad resultaba peor. En sus 10 años, la necesidad de movimiento no podía ser satisfecha dentro de la casa. Necesitaba parques, calles, espacios abiertos como los patios del colegio, los malecones, las playas o el campo. Los niños requieren más espacios abiertos, creo. Yo también, a mis 16, era muy callejero y amiguero.  

 

Mis padres apelaban a mi supuesta madurez, ya que había elegido universidad donde estudiar y la academia me había revelado –por primera y maravillosa vez en mi existencia- lo fáciles y prácticas que podían ser las matemáticas. Había jalado de primero a cuarto y “gozado” de tareas y exámenes vacacionales, aprobando a las justas. Esa madurez alucinada por mis padres, me había hecho merecedor a encargarme de mi hermana y de Tony, el cachorro canino que teníamos. 

 

Gracias a la vida, tenía un grupo. Me sentía parte de esa mancha. Tenía una collera en el colegio y otra en El Olivar, al lado de la farmacia donde aprendí a trabajar con mi padre desde los 7 años. Parecía más social de lo que en realidad era: a mí me encantaban las relaciones de pares personalizadas, es decir, dialogar con uno de mis amigos en profundidad. Conversar en grupo era dispersarse hacia cuestiones superficiales, fanfarronería y autobombo, aún cuando alguna vez habláramos de asuntos vitales y trascendentes. En cambio, dialogar persona a persona permitía conocernos, mostrarnos tal cual éramos y gozar de la amistad cómplice de una intimidad saludable. 

 

Pero todo se derrumbó de repente, de buenas a primeras, cuando anunciaron la cuarentena. ¿Qué voy a hacer? ¿Qué vamos a hacer como grupo? ¿Y cómo harían los más tímidos? ¿Y cómo harían los que vivían más lejos o los que no contaban con todos los recursos para conectarse? ¿Y si nos quedamos sin fiesta ni viaje de promoción?

 

Estaba en esos pensamientos dentro de la ensoñación, cuando mi esposa dejó caer en la mesa donde me ubicaba una ruma de documentos y, en medio de mi retorno a la tierra al salir bruscamente de ese estado extraño de mimetismo con el pasado en tiempo actual, me alcanzó mi celular con links sobre la pubertad y adolescencia que expertos españoles y argentinos habían escrito.  


 

No se pierda la continuación de estas reflexiones, en la próxima publicación del blog del cole, con aportes de psicólogos y pedagogos sobre las condiciones de vida que afrontan especialmente los adolescentes en estos tiempos de pandemia. Nos vemos pronto. 



                                                                                                    Carlos Ureña Gayoso

                                                                                                Miembro de EDUCALTER

domingo, 31 de enero de 2021

Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre

Año tras año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) impulsa la celebración de ciertas fechas para que la Humanidad recuerde su importancia y para que los que toman las decisiones en asuntos de interés mundial, incorporen políticas coherentes con las exigencias que demanda el planeta y la vida en mancomunidad.

La ONU ha instaurado, en consenso con los casi 200 países que la integran, fechas de reflexión-acción sobre el medio ambiente como un instrumento poderoso de promoción sobre temas urgentes de ser atendidos por los Estados Miembros. Los días, semanas, años y décadas mundiales fueron adoptados para sensibilizar e informar a la población y para movilizar a los gobiernos en relación a la voluntad política y recursos para atender asuntos relevantes a nivel internacional. Estas iniciativas suelen ser alentadas por las organizaciones y oficinas especializadas del Sistema de las Naciones Unidas (SNU), pero también las asumen los actores sociales de cada país (gobernantes, autoridades regionales y locales, sociedad civil, sector público y privado, escuelas y universidades), quienes tienen la oportunidad de realizar actividades relacionadas con la temática de la fecha celebratoria y promoverlas en su comunidad nacional, regional o local (1).

El 28 de enero se conmemoró el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre. También se le conoce como el Día de la Reducción de las emisiones de Dióxido de Carbono (CO2).  La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), son los dos organismos de la ONU que impulsan esta conmemoración. Un equipo de científicos de ambas organizaciones del Sistema de NNUU (SNU), crearon el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que aporta información científica en la discusión de este grave problema que afronta la humanidad.

En el 2014, el equipo de científicos del IPCC publicó el Quinto Informe de Evaluación, cuya conclusión categórica fue: El cambio climático es real y las actividades humanas son sus principales causantes.  

Si bien los gases de efecto invernadero (GEI) se producen naturalmente y son esenciales para vida de todas las especies del planeta, ya que impiden que parte del calor solar se difumine hacia el espacio haciendo habitable la Tierra, los últimos dos siglos han causado un desequilibrio enorme en la cantidad de emisiones de GEI. El proceso generado por la inventiva humana y la fabricación de máquinas, que empezó en 1760 con el motor a vapor en Inglaterra y que se intensificó con la creación del motor a gasolina en 1876, dio lugar a la industrialización generalizada de la producción de bienes y servicios, a la deforestación de las reservas de bosques, a la agricultura y ganadería a gran escala, con el subsecuente incremento de GEI en la atmósfera. El aumento de población y la búsqueda de mejorar la calidad de vida, con la agudización del consumismo y de la actividad fabril, acrecientan el lanzamiento de tóxicos contaminantes que llevan al calentamiento global. 

El dióxido de carbono (antes denominado anhídrido carbónico), es uno de los gases de efecto invernadero (GEI) con mayor impacto en la atmósfera planetaria. El incremento de las actividades industriales y la masificación del transporte, especialmente en las últimas décadas, han aumentado las emisiones de este gas, causando un efecto contaminante perjudicial que, junto con los demás gases de efecto invernadero (metano-CH4, óxido nitroso-N2O y ozono-O3), están provocando el cambio climático.

El cambio climático y el efecto invernadero aluden al calentamiento global, es decir, a la presencia de mayores y más intensas temperaturas en nuestro planeta. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), señala que las emisiones de gases nocivos provocadas por los humanos, en especial el dióxido de carbono, alteran el equilibrio atmosférico provocando climas más extremos y fenómenos colaterales perjudiciales. Las temperaturas muy altas en verano, el frío extremo en invierno y una serie de lluvias torrenciales, sequías, inundaciones y deshielos de las últimas décadas, en lugares donde esto no ocurría, serían las evidencias de las alteraciones suscitadas por el aumento dramático de CO2 y los demás GEIs, que generan cambios perjudiciales para el ambiente y la vida de todas las especies, amenazando gravemente la nuestra, por supuesto (2).

Frente a los impactos directos e irremediables del calentamiento terrestre en la agricultura, la generación de energía y el desarrollo humano, entre otros, la instauración de un Día Mundial que nos recuerde las alteraciones causadas por el dióxido de carbono en la temperatura planetaria, además de lo ya mencionado respecto a sensibilización, toma de consciencia ciudadana y toma de decisiones que favorezcan el cuidado de La Tierra, busca impulsar políticas concretas y acuerdos internacionales de reducción de emisiones de gases nocivos y de efecto invernadero. Estas políticas y acuerdos pueden dar lugar a inversiones en investigación y aplicación de fuentes renovables de energía, la promoción del uso de combustibles y modos de producción limpios, mejoras en los procesos de combustión, así como modificaciones en los hábitos de consumo y reciclaje mediante la educación ambiental.

Según el Ministerio del Ambiente de Perú (MINAM) y OXFAM, en sus reportes sobre la COP 20, afirman que el Perú jugó un rol destacado en la preparación de la Conferencia sobre el Medio Ambiente que llevaría a importantes acuerdos internacionales en París, al año siguiente de realizada la conferencia en Perú. En el 2015, 196 naciones firman el Acuerdo de París donde se establece la perentoria disminución de gases de efecto invernadero y la búsqueda activa y financiada de soluciones ante el cambio climático y el calentamiento global del planeta, mediante la asunción del desarrollo sostenible como política general de los países firmantes. La idea de ese acuerdo era y sigue siendo, mantener por debajo de los 2°C (dos grados centígrados) el aumento de la temperatura terrestre. Este acuerdo se firmó gracias al auspicio y convocatoria de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) (3).

Si bien la responsabilidad mayor del problema del calentamiento terrestre recae sobre los países industrializados, así como de los consorcios empresariales y los gobernantes de las potencias industriales, dado que el tema nos involucra a todos, países ricos y pobres, todas las naciones del mundo se encuentran comprometidas. Igual ocurre con cada uno de nosotros: todos podemos contribuir a la reducción de las emisiones de CO2.

El Sistema de las Naciones Unidas y prácticamente todas las organizaciones que se dedican a promover medidas de acción frente al calentamiento terrestre, afirman que “todos podemos contribuir en la reducción de las emisiones de CO2”. Que las empresas, instituciones y ciudadanos de todos los países del mundo pueden:

·         Apoyar la eficiencia energética y el uso de renovables (disminuyendo el consumo de energía, apagando equipos e instalaciones eléctricas que no se estén usando; empleando focos ahorradores, por ejemplo).

·         Desplazarse de forma sostenible (caminar, usar bicicleta, skate y patineta o scooter, para distancias cortas; no viajar solo en auto sino compartir con no más de tres por la pandemia, para distancias largas).

·   Conservar y mejorar los sumideros de carbono que son los bosques y océanos (no botar basura si se va al campo, a la playa o en cualquier lugar inapropiado; evitar fogatas con materiales tóxicos; utilizar las estaciones de reciclaje que muchos distritos han implementado).

·   Y aplicar las tres erres: reducir el consumo, reutilizar para maximizar la vida útil y reciclar para aprovechar como insumo los desechos (www.un.org).  En esto de las 3Rs o reciclaje, en el colegio se ha desarrollado una vasta experiencia, que muchas familias aplican en casa.

·  Comprender, analizar y evaluar en asamblea de familia el tipo de consumo que realizamos: si es responsable o compulsivo, si lo que se adquiere es necesario o superfluo, si el proveedor se maneja de forma sostenible o no, determinar el impacto ambiental de los productos que consumimos (huella hídrica y de carbono), el grave problema de los plásticos de un solo uso, etc.  (4).

·   En la web de Geoinnova son muy enfáticos en el ahorro del agua: acortar duchas, cerrar el caño al jabonarse, reutilizar al máximo el agua, evitar goteras, fugas y filtraciones de agua en los baños y en cualquier cañería o caño de la casa, …

Sigamos en los esfuerzos de contrarrestar los efectos negativos del cambio climático y seamos apoyo y fuerza frente acciones positivas, particulares o institucionales, frente al calentamiento terrestre.


(1)    https://www.un.org/es/observances

En la página web de Naciones Unidas el lector encontrará la relación completa de los Días, Semanas, Años y Décadas Internacionales, así como las referencias puntuales sobre la fecha que se está comentando.

(2)    En las páginas del Grupo o Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), así como en la web de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

https://www.ipcc.ch/

https://unfccc.int/es

(3)    Se recomienda revisar las páginas web del Ministerio del Ambiente de Perú y las de la Fundación OXFAM, sobre el tema.

https://www.minam.gob.pe

https://peru.oxfam.org/qui%C3%A9nes-somos/organizaci%C3%B3n

 

lunes, 18 de enero de 2021

Aceptar la vida tal cual es

Todos los años, entre la noche del 31 de diciembre y el amanecer del primero de enero, la mayor parte de la humanidad celebra el advenimiento del Año Nuevo con fiestas, reuniones familiares y castillos de fuegos artificiales como forma de recibir lo incierto. Es una costumbre ancestral para desprenderse de lo viejo y dar paso a las novedades que traerá el futuro próximo. Es una renovación de buenos deseos, reafirmación de la esperanza u olvido de la desesperanza, dependiendo del sector social y expectativas pertenecientes a los grupos que celebran. Es como poner en “pausa” lo malo y lo feo, para ilusionarse solo con lo bueno que podría llegar con el porvenir del año que comienza.

Algunos celebran con rituales exóticos la fiesta de fin de año: comen 12 uvas debajo de una mesa para que no les falte comida todos los meses, dan una vuelta a la manzana con una mochila o maleta para que se les cumpla el deseo de viajar ese año que se inicia, lo reciben con la pareja o los seres queridos para que se afirmen los vínculos de unión con aquellos a quienes se ama y así por el estilo. Son una especie de rituales mágicos que pretenden darle el cauce anhelado a los 365 días de incertidumbre que empiezan la noche del último día de diciembre.

Esta tradicional costumbre ritual se inició en la Antigua Roma (753 a.C - 476 d.C), según la información de internet. El año nuevo comenzaba el primer día de marzo, según el calendario romano, día en que los cónsules de Roma asumían el gobierno. Julio César, en el año 46 a. C. creó el calendario juliano e instauró el primero de enero como el día de Jano (january es enero en inglés). Jano tiene dos caras, una que mira hacia atrás, al pasado, y otra que mira adelante, hacia el futuro. El calendario juliano fue ajustado y reajustado en sucesivas oportunidades hasta que, finalmente, el papa Gregorio XIII, en 1582, hizo las modificaciones que dieron origen al calendario gregoriano que hoy nos rige, sobre la base del anterior.

Desde épocas tan atávicas, muchos pueblos celebran el Año Nuevo y desde el siglo XX, en que la cultura occidental se globaliza, esta fecha ha cobrado un realce significativo, siendo hoy uno de los festejos más importantes del calendario anual.

Feliz año, expresan los celebrantes, amigos y familiares. Nos deseamos prosperidad, felicidad, éxitos, salud y bienestar. De distintas maneras, con variantes culturales y con diferentes recursos, en casi todas las grandes ciudades y en muchas de las pequeñas de todo el orbe, se celebra el año nuevo.

Este final del 2020 e inicio del 2021 los festejos fueron diferentes. Hubo un fuerte y sentido énfasis en despachar al año viejo por todas las desgracias que supuso en la vida de millones. La existencia es un continuo acontecer de hechos positivos y negativos, de alegrías y tristezas, de cosas bellas y feas, eso lo sabemos y lo experimentamos directamente en lo cotidiano. Por poner solo un ejemplo: ¿No es posible acaso haber vivido el nacimiento de un ser querido el mismo día que otro falleció?

Así de controvertido fue el 2020. Nos puso cara a cara ante lo espantosa que puede ser la vida cuando nos toca experimentar una desgracia colectiva. No es la primera vez que ocurre, pero es la primera en que el mundo está intercomunicado como lo está ahora y nos enteramos en segundos de lo que pasa en todo el mundo. Pero a pesar de todo lo negativo y cuesta arriba, la crisis sanitaria y económica permitió valorar y recuperar espacios y aspectos muy positivos.

El medio ambiente agradeció la disminución de la actividad “productiva” humana, tanto de las fábricas como de las actividades extractivas y del transporte. Las familias se vieron en ambiente obligatoriamente hogareño y tuvieron que afrontar este reto. Todo cambió. Nuestro estilo de vida está mutando al igual que las cepas del coronavirus. La “nueva normalidad” nos exige aceptar la vida tal cual es: con cosas buenas y no tan buenas, con sumo cuidado y respeto consciente de cada acto que realizamos, apreciando cada segundo, viviendo óptimamente el día de hoy como si fuera el último o el primero del resto de nuestra existencia.

Es por esta razón que nos permitimos citar el mensaje de la psicóloga argentina, Mirta Medici, quien nos dice sobre este año que comienza:

"No te deseo un año maravilloso donde todo sea bueno. Ése es un pensamiento mágico, infantil, utópico. Te deseo que te animes a mirarte, y que te ames como eres. Que tengas el suficiente amor propio para pelear muchas batallas, y la humildad para saber que hay batallas imposibles de ganar por las que no vale la pena luchar. Te deseo que puedas aceptar que hay realidades que son inmodificables, y que hay otras, que, si corres del lugar de la queja, podrás cambiar.  Que no te permitas los "no puedo" y que reconozcas los "no quiero". 

Te deseo que escuches tu verdad, y que la digas, con plena conciencia de que es solo tu verdad, no la del otro. Que te expongas a lo que temes, porque es la única manera de vencer el miedo. Que aprendas a tolerar las "manchas negras" del otro, porque también tienes las tuyas, y eso anula la posibilidad de reclamo. Que no te condenes por equivocarte; no eres todopoderoso. Que crezcas, hasta donde y cuando quieras. 

No te deseo que el 2021 te traiga felicidad. Te deseo que logres ser feliz, sea cual sea la realidad que te toque vivir. Que la felicidad sea el camino, no la meta...”.

En el mismo sentido y para ayudarnos a sobrellevar de la mejor manera posible, quisiéramos compartir con ustedes una bella plegaria hebrea, llena de sabiduría y esperanza, aun aceptando la vida tal cual es y sabiendo que volvemos a vivir un incremento de la pandemia desde este primer mes del año 2021. Dice así:

“Que tus despertares te despierten. Y que, al despertarte, el día que comienza te entusiasme. Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.

Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruza en tu camino. Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque solo sea pan y agua.

Y de encontrar algún momento en el día, aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo alto y agradecer por el milagro de la salud, ese misterioso y fantástico equilibrio interno. Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.

Y que tus abrazos, abracen. Y que tus besos, besen.

Y que los atardeceres no dejen de sorprenderte, y que nunca dejes de maravillarte. Y que llegues con satisfacción al anochecer por la tarea realizada durante el día. Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.

Y que no confundas tu trabajo con la vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio. Y que no te creas más que nadie porque solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza. 

Y que no te olvides, ni por un instante que cada segundo de la vida es un regalo, un obsequio y que, si fuéramos realmente valientes, bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello, como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos abraza y nos bendice“ 

                                                      (Autor anónimo de la Tradición Hebrea).   

Este año que se inicia, nos exige cambios profundos en la manera de ser, sentir y actuar; cambios físicos, psicológicos de tipo cognitivo y socio emocional, así como cambios existenciales en términos de apreciar la vida y al planeta que la sostiene, con otros ojos. Renovemos nuestros valores y principios espirituales para ser, más que para tener; para vivir una vida plena compartiendo con los demás más que una vida en carrera por elementos cuyo consumo nos lleva hacia la destrucción del planeta. Afirmemos lo mejor de la Humanidad hoy, un día a la vez y para siempre.