jueves, 7 de abril de 2022

Autoestima e identidad

Según nos relata la historia de la psicología, sería Abraham Maslow (1908-1970), psicólogo y psiquiatra norteamericano, propulsor de la Psicología Humanista, el pionero que planteó la autoestima dentro del esquema general de las necesidades humanas, dando lugar a una teoría de la motivación.

El ser humano, pensaba este autor, nace, crece y se desarrolla con una serie de necesidades que pueden ser ordenadas jerárquicamente y que explican el comportamiento y afanes de la especie sapiens, dando sentido a la actividad que realizamos a lo largo de la vida. Las necesidades elementales para la sobrevivencia son las fisiológicas: oxigenarnos, beber, alimentarnos, acceder al abrigo y calor que proporcionan la ropa y la vivienda, el movimiento alternado con el descanso, son las que corresponden a este nivel básico.

Pirámide de las Necesidades de Maslow

 

Luego vienen las necesidades de seguridad: la atención y el cuidado protector de adultos que satisfacen lo básico, de personas que garantizan nuestra protección (ojo, no la sobreprotección); las normas de ética y moral que facilitan o posibilitan la convivencia, se encuentran en este segundo nivel de necesidades humanas y dan pie a la siguiente dimensión de esta jerarquía.

El sentirse querido, parte de, identificado con, posibilita la satisfacción de necesidades afectivas y de aceptación social. Recibir amor para poder darlo, aprendiendo a querer siendo miembro de una familia, grupo, colectividad, poder desarrollar vínculos de intimidad saludables, así como un adecuado manejo de emociones, es fundamental en el camino de convertirnos en humanos. Así lo postulan Maslow y sus seguidores, siendo Carl Rogers el continuador más emblemático del humanismo psicológico.

La imagen corporal y el auto concepto son componentes para construir la autoestima


Sobre la estructuración de este tercer nivel afectivo y de aceptación social se configuran las necesidades de autoestima o estima personal. Si han confiado en nosotros, nos han respetado y querido, nos han valorado, será bastante probable que podamos llegar a confiar en nosotros mismos, a respetarnos y querernos, a comprendernos y comprender, a valorarnos y valorar. Estas nociones se asemejan mucho a varias filosofías que nos enseñan que nadie da lo que no tiene y que nadie tiene lo que no le es dado.

No hay hogares perfectos, ni familias Ingalls, ni sociedades incuestionables. A pesar de existir error al encaminarse a los aciertos, un sólido afecto en la familia y en la sociedad, facilita la presencia de autoestima en los individuos particulares. Casi todas las dolencias o síntomas psicológicos y psicosomáticos tienen que ver con carencias afectivas y socioemocionales en algún momento de la evolución de cada persona, usualmente en la infancia o niñez.

Sentirse queridos es decisivo para podernos querer

 

Luego viene el quinto y último nivel, el de las necesidades de autorrealización. Aquí los valores, actitudes, esquemas de pensamiento y comportamiento pueden desplegarse con creatividad y espontaneidad, permitiendo a los individuos y colectividades sentirse satisfechos, plenos y agradecidos de ser quienes son, aun con toda la carga de retos y dificultades que representa la vida tal cual es.

Hasta aquí, Maslow. Para ustedes, estimados docentes, madres, padres y abuelos de familia, estudiantes:

¿Tienes autoestima? ¿Te quieres y te respetas? ¿Eres tú misma/o? ¿Te sientes bien en tu cuerpo, con tu mente, con tu ser personal? Te sientes bien en tu casa, con tus familiares o con tus amigos/as? ¿Tienes amigos/as? ¿Puedes intimar con ellas o ellos, es decir, ser tal cual tú eres, sin máscaras ni poses para agradar?

 

Sentirnos parte del grupo, aceptados y valorados va configurando la autoestima

 

¿Es autoestima lo que percibes o es ego inflado o desinflado? ¿Te crees más o mejor que los demás? ¿Por qué? Si respondieras que sí, por ahí anda el ego inflado. Ojo. Si respondieras que no, por ahí puede estar el “pobrecito de mí”, con la autocompasión, la vergüenza, la culpa y demás destructores de la autoestima.

Si se animan, por favor, y es la nueva tendencia de este blog, generemos un debate sobre el tema o compartamos nuestras experiencias con la autoestima y el ego (inflado o desinflado). ¿Te atreves? Vamos, compartamos lo que sintamos o pensemos de este tema. Incluso, convérsalo con los que amas y elaboren algunas conclusiones previas. Esperamos publiques en el blog del cole tus comentarios. Fuertes abrazos y hasta pronto.

 

                                                                                                                                                                                                    Carlos Ureña

                                                             Co-Promotor de EDUCALTER

lunes, 14 de marzo de 2022

Criticidad, aceptación y autoestima

Ha pasado una semana desde la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. En la mayoría de estudios e informes, presentados por diversas fuentes, las cifras indicarían que todo sigue igual, que las cosas no cambian fácilmente en relación a la equidad de género. Las mujeres continúan siendo discriminadas, maltratadas, acosadas y los casos de feminicidio no han disminuido, a pesar del innegable avance en términos de legislación contra la violencia hacia las mujeres.

El marco legal, -explica Josefina Miró Quesada, autora de “Ser mujer en el Perú”, en el noticiero La Encerrona del 08 de marzo del 2022-, ha devenido completo e integral. Las leyes protegen y garantizan mejor la condición de las mujeres ya que los delitos han sido claramente tipificados y los procesos cautelares permiten intervenir ante las primeras evidencias, especialmente en casos de acoso y chantaje sexual o agresivo.

 


Pero frente a las mejoras legales y normativas, el mayor desafío de la sociedad nacional alude a las características sociales y culturales de los peruanos. No es, claro está, exclusivo del Perú, pero nos referiremos en esta ocasión al país en el que vivimos.  El machismo, la homofobia, el racismo y el clasismo perviven en la deformación (en lugar de formación) de las personas. Seis de cada 10, toleran la violencia de género. Uno de cada tres, consideran el acoso como consecuencia de la provocación femenina. Uno de cada cuatro, creen que las mujeres tienen que tener sexo cuando el hombre lo requiera.

Las entrevistadas y locutoras de diferentes programas perciben que es totalmente legitimo conmemorar esta fecha pero que les genera desazón y desgaste psicológico la lentitud de los avances. El retroceso en la paridad de carteras ministeriales y curules congresales, así como el que las mujeres ganen menos al ejecutar las mismas funciones laborales que los hombres, daba pie al mencionado desaliento. En el caso de orientaciones sexuales e identidad de género, advierten que la discriminación por machismo se incrementa.

Por estas razones, es saludable mantenerse alertas ante las variadas manifestaciones del machismo, que genera exclusión y estigmatización hacia distintos sectores sociales aún hoy en día, en pleno siglo XXI. Reflexionábamos con ustedes en el artículo anterior, sobre las incoherencias en las que podemos incurrir, a pesar de nuestras decisiones más sólidas de ser solidarios, amplios, libres y creativos, en estos temas de tanta actualidad. Por eso necesitamos seguirnos revisando crítica y autocríticamente como docentes y madres o padres de familia.

En este contexto, quisiéramos explorar con un ejemplo vital, la aceptación de lo que cada quien es y de cómo esa aceptación nos lleva a niveles de autoestima satisfactorios y saludables. Las anécdotas que, de forma lúcida y creativa, nos relata la escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, nos servirán como botón de la muestra.



En la conferencia del simposio anual TEDxEuston, centrado en África, con el título “Todos deberíamos ser feministas”, Chimamanda contó varios episodios de su vida. Habló de la presencia de un amigo con quien tenía una amistad profunda y la confianza suficiente como para pedirle opinión sobre los chicos que le gustaban.

En una oportunidad, nos relata la autora, a la edad de 14 años:

“Estábamos en su casa, discutiendo, los dos atiborrados del conocimiento a medio digerir de los libros que habíamos leído. No me acuerdo de qué estábamos debatiendo en concreto. Pero me acuerdo que, en medio de toda mi diatriba (…), me miró y me dijo: ¿Sabes que eres una feminista?

No era un cumplido. Me di cuenta por el tono en que lo dijo, el mismo tono con el que alguien te podría decir: “Tú apoyas el terrorismo”.

Yo no sabía qué quería decir exactamente aquello de “feminista”. Pero no quería que (…) se diera cuenta de que no lo sabía. Así que lo pasé por alto y seguí discutiendo. Lo primero que pensaba hacer, nada más llegar a casa, era buscar la palabra en el diccionario”.

Años después, al publicar “La flor púrpura”, en el 2003, sobre un hombre que maltrata verbal y físicamente a su pareja, un periodista le aconsejó no presentarse como feminista ya que las feministas son mujeres infelices porque no pueden encontrar marido. Así que decidió presentarse como “feminista feliz”.

En otro encuentro profesional, una académica de su país le dijo que el feminismo no formaba parte de su cultura, que era anti africano y que seguro era feminista por leer libros occidentales. Lo cierto es que Chimamanda se aburría con los clásicos del feminismo y le encantaban las novelas románticas, decididamente antifeministas. Tras ese encuentro, decidió presentarse como “feminista feliz africana”.

En otra oportunidad, una amiga íntima le dijo que las feministas odiaban a los hombres, lo que la llevó a definirse como “feminista feliz africana que no odia a los hombres”. Después de escuchar algunas opiniones más, decidió presentarse como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

Lo absurdo y lo satírico de los prejuicios hacia la mujer que busca la igualdad, la justicia y la libertad de ser una misma, aparecen con toda su extravagancia en estas anécdotas y en los escritos reivindicativos de la autora nigeriana.

 

Ella lo dice así: “Por supuesto, gran parte de todo esto era irónico, pero lo que demuestra es que la palabra “feminista” está cargada de connotaciones, connotaciones negativas. Odias a los hombres, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estás enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante”.

Además de irse afirmando ante cada contrariedad que las personas le manifestaban, Chimamanda nos sitúa ante exigencias condicionadas socialmente que validan la prevalencia de los roles masculinos en desmedro de los femeninos. En Nigeria le llaman “monitor de la clase” al brigadier nuestro. A pesar de que la profesora había dicho que quien obtuviese la más alta calificación en su curso sería monitor, nombraron al que obtuvo la segunda nota porque era varón, frente a ella que obtuvo el primer puesto.

Lo mismo que con los monitores de clase, ocurre con los presidentes de empresas, catedráticos, líderes de opinión, choferes de buses, taxistas y demás profesiones. En el Perú, muchos de estos estereotipos han menguado, pero lo que perciben como ingresos uno y otra son dispares. Asimismo, igual en nuestro país que en Nigeria, muchos creen que es suficiente con lo que se ha “logrado”. Que en el pasado había discriminación por género pero que ahora no. Es preciso insistir en la desazón de las periodistas y entrevistadas por el Día Internacional de la Mujer, que destacáramos al iniciar este artículo.

Otro ejemplo nigeriano que ocurre con espantosa frecuencia en Lima, al menos, sino en todo nuestro país, se refiere a la propina que se deja en los restaurantes o que se le da al que cuida el carro. En Lagos, Chimamanda le entregó unas monedas al muchacho que les había cuidado el auto mientras tomaba café con un amigo. Cuando recibió el dinero, el chico dijo “Gracias señor”. El amigo le retrucó: “Pero si yo no te he dado las monedas”. La expresión del chico fue tan elocuente que los dos, Chimamanda y su amigo, entendieron que el muchacho creía que ese dinero venía del amigo porque el amigo era hombre. El varón está asociado al dinero, cual único proveedor, mientras que la mujer está inexorablemente relacionada con el hogar, la familia y los hijos, así sea ella la proveedora y la que paga las cuentas o da las propinas. 


Hemos insinuado mediante anécdotas vividas por la escritora y feminista nigeriana Ngozi Adichie, lo importante que es la aceptación para poder defender con autoestima la propia identidad. Esto es válido para cualquier orientación sexual e identidad de género. En el próximo artículo revisaremos cómo se estructura la autoestima y qué papel juega la aceptación en esa construcción de identidad. Hasta pronto.

viernes, 4 de marzo de 2022

Tratemos con equidad a las chicas y a los chicos

En el artículo anterior, cuestionamos muchos asuntos relativos a nuestro trato cotidiano con los chicos y chicas con quienes nos encontramos, sean estudiantes del colegio o nuestros hijos e hijas en nuestros hogares.

¿Qué ocurre? ¿Por qué tantas preguntas? Porque hemos constatado que muchos de nosotros, en la vida diaria, contradecimos sin querer, lo que aparentemente tenemos claro en teoría.

Todos, de alguna manera, dado el nivel cultural y el compromiso con diferentes instancias de solidaridad en lo político y social, hemos trabajado o nos hemos informado de conceptos tales como: machismo, feminismo, equidad de género, masculinidad, femineidad, masculino y femenino; al tiempo que hemos sido testigos, activos o pasivos, de la polémica entre “enfoque de género” y lo que un sector se empeña en tipificar como “ideología de género”.


Es prudente y necesario volver a revisar estas nociones, tener claridad y solvencia al tratar con ellas, para ser parte positiva de un cambio de mentalidad y de práctica cotidiana en lo relativo a estos temas. Se sugiere a los colectivos a los que pertenezcamos, al Colegio La Casa de Cartón y su comunidad educativa en particular, dialogar ampliamente sobre estos asuntos, revisar bibliografía y data reciente sobre ellos, ya que estos tiempos de transformación así lo exigen. ¿Por qué?

Porque sin darnos cuenta conscientemente, podemos solicitar con mucha frecuencia la presencia de nuestras hijas en las tareas del hogar, ya sean de limpieza, cocina, orden; y ser más permisivos con los muchachos en estos quehaceres. O también, pedirle a nuestros hijos o estudiantes, atender cuestiones de mecánica del carro o de la bicicleta, sacarlos a la calle a hacer compras en mercados y tiendas, fortaleciendo –sin querer o subliminalmente- la asociación de ciertos roles con el género. Los hombres a la calle y en cuestiones de tecnología o ciencia, mientras que las mujeres a la casa y dedicadas a esas labores, todo ello a pesar de ser muy claros teóricamente en estos temas. Repetimos un modelo cultural muy afincado en nosotros, por nuestra crianza, a pesar de tener una opción alternativa en nuestra forma de vida y manera de pensar adoptada por propia voluntad.

Es humano tener contradicciones. Por esto mismo, el objetivo de estas líneas es proponer la revisión de estos aspectos tan importantes ligados a la aceptación del propio cuerpo o esquema corporal, a sentirse bien con nuestra parte física y lo que esta nos permite hacer y ser, a lograr una identidad saludable en base a la aceptación plena de uno mismo tal cual somos como personas totales, así como a lidiar con los condicionamientos socio culturales respecto a qué es ser mujer y qué es ser hombre.

Sabemos que actualmente este tema requiere de especial tino y sensatez en su trato, porque hay un despertar cultural que no había antes y este permite una libertad mayor en los estudiantes para escoger a qué género quieren pertenecer o se sienten de acuerdo a su esquema corporal, pero hay que ser cautos: todo ello puede pertenecer a una etapa de desarrollo evolutivo y de influencia cultural, así que sería pertinente decir algo así como “en estos tiempos te sientes chico o chica pero vamos a ver si con el paso del tiempo cambias tu parecer o sentimientos porque en la adolescencia se está en procesos dinámicos de cambios”.



 

El trato diferenciado hacia chicas y chicos puede ser remplazado por un tratamiento horizontal y desprejuiciado hacia ambos sexos. Tomar consciencia de nuestras contradicciones entre pensar y actuar es un primer paso. El estilo de responsabilidades rotativas del colegio es un buen ejemplo de práctica exitosa en la realización de actividades donde no importa si el que las efectúa es hombre o mujer, sino que se busca el que todos conozcan, sean capaces y ejerciten aspectos indispensables para una convivencia democrática efectiva. Por eso la rotación.

Un ámbito decisivo de contravenciones e incoherencias puede evidenciarse en las bromas y chistes. En el desempeño social y laboral diario, muchos nos permitimos bromear con alegría. La idea es reírse con y no burlarse de. Entre los varones, hemos observado una excesiva carga sexista en los chistes.  En ellos, los hombres suelen reír con mayor intensidad cuando se hacen bromas que denigran, hacen burla o prostituyen a la mujer. La mujer como objeto sexual o como inferior sale a relucir con fuerza en bromas y chistes, que terminan siendo mofas, casi todos de índole machista a pesar de la manera de pensar “políticamente correcta” de aquellos que participan en las bufonadas.

Más delicado aún, y por ende reviste mayor gravedad, es cuando las bromas entre docentes o entre estudiantes aluden a cambios de sexo, en el sentido de hacer mujer al compañero. En términos muy explícitos, -y disculpen la expresión, pero es por desgracia, muy usual-, se trata de decirle o insinuarle al otro que es “maricón”. Y con esta palabra se alude a homosexualidad, afeminamiento u otras manifestaciones descarnadas en su vulgaridad sexual.

La carga negativa en relación al “ser mujer” que implica “mariconear” al otro, no hace más que verificar la desvalorización y prejuicios de los varones que bromean así entre ellos o las dudas que tienen sobre su identidad sexual. Lo mismo, en términos de gravedad, ocurre cuando al referirse a una mujer con carácter fuerte, algunos compañeros de trabajo expresan que está “a dieta”, insinuando abstinencia sexual, y que esa es la razón del mal carácter. También pueden aludir a las mujeres con intensa personalidad como “machona”. Prejuicios sin argumentos como éstos, más machistas son difíciles de encontrar.


 

Es urgente revisar estas variables que entorpecen la labor educativa en el colegio, ya que entre broma y broma la verdad se asoma y nos habla de cómo estamos comprendiendo o no, aquello que en teoría decimos respetar y valorar: los derechos humanos de mujeres y hombres por igual, así como la equidad e inclusión como requisito para el desarrollo personal, social, profesional, laboral y cultural pleno de cada ser humano, sin distinción de sexo.  

Si esto ocurre en el terreno de las bromas y chistes, que se supone deberían generar alegría, mas no denigración sexista, imaginémonos ahora lo que puede ocurrir en el terreno de las emociones no tan positivas. El miedo, la ira, el resentimiento, la piconería y la agresión verbal o física podrían estar cargados de componentes sexistas y eso sí, recalentar un ambiente familiar explosivo y saturado, que podría desencadenar en violencia familiar explícita o física, así como en violencia implícita o verbal, ambas no deseables en absoluto. En el escenario escolar, este aspecto viene siendo trabajado muy decidida e intensamente por las autoridades escolares junto con el psicopedagógico. Pero igual, manteniendo la actitud preventiva, volver a darle una mirada a estos temas no estaría de más.

En la comunidad educativa del colegio, se presentan varios casos de separaciones de las parejas, entre las madres y padres de familia. Desearíamos que todos estos alejamientos fuesen respetuosos y dignos, pero no siempre es así. Algunos casos de separación pueden ocasionar un ambiente hostil y tenso con discusiones, maltratos o burlas que generan mucho miedo e inseguridad en las hijas o hijos que se ven envueltos en esta atmósfera nociva. Tener una data de los casos de violencia familiar entre nuestros estudiantes es urgente. Seguramente ya se han tomado medidas al respecto en el colegio.

Por todos estos aspectos, presentados someramente, es importante y perentorio tener un trato equitativo, solidario, democrático y justo con las chicas y chicos, tanto en el colegio como en la casa.


En el próximo artículo, revisaremos cómo está ligada la imagen corporal a la autoestima y cómo afectan los estereotipos a la salud social, en general, y a las relaciones de intimidad y a la salud reproductiva, en particular. Haremos un recuento de estas variables, a la luz del testimonio de Chimamanda Ngozi Adichie, literata y feminista nigeriana, cuyo entorno social presenta demasiadas analogías con el nuestro. Hasta entonces.

lunes, 28 de febrero de 2022

¿Tratamos igual a las chicas y a los chicos?

En el artículo de hoy, fines de febrero del 2022, no les vamos a ofrecer sugerencias ni, menos aún, respuestas; solo preguntas sobre un tema decisivo para la formación de la identidad de nuestros estudiantes, sus hijos e hijas. Ya sea que seamos miembros del equipo del Colegio La Casa de Cartón, o familiares, veamos las siguientes situaciones cotidianas que se pueden presentar.

Primer caso: Estamos en casa, durante la cuarentena impuesta por la pandemia. Se presentan labores de limpieza y mantenimiento del hogar y le pasamos la voz: ¿A nuestras hijas? ¿A nuestros hijos? ¿A quién o quiénes buscamos para que asuman las responsabilidades compartidas que implica una familia? 


Si eres docente del colegio y tienes hijas e hijos, también aplican estas preguntas. Si no los tienes: ¿Qué harías en caso de tenerlos? ¿Tratarías por igual a tus niños, sean hombres o mujeres? ¿Si? ¿No? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué ocurre si, para ciertas acciones, usualmente llamas a una niña y para otras a un niño? ¿Te pasaba eso cuando los chicos y chicas asistían a la escuela, cuando las clases eran presenciales? ¿Ocurre también en la plataforma virtual? 

Segundo caso: Ya sea el colegio o el hogar, es preciso cocinar los alimentos que necesitamos para vivir. La alimentación saludable, en cualquier escenario, es una de las necesidades vitales que atienden las familias y el colegio. ¿A quién llamas o pides apoyo para cocinar? ¿A quién ya le enseñaste a hacerlo desde muy pequeña/o? ¿Tu pareja, asume esa responsabilidad del proyecto familiar? ¿Lo hacen todos en equipo, distribuyéndose las tareas de acuerdo a edad y capacidad? ¿O siempre lo hace la misma persona, ya sea de la familia o contratada? La persona que cocina, ¿es hombre o mujer? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué vamos a lograr instalar en las actitudes de nuestros hijos e hijas con ese modelo?



Tercer caso: Tus hijos e hijas (o tus estudiantes de ambos sexos), han estudiado lo que ocurre entre Rusia, Ucrania y la OTAN, o sobre las guerras en general y, tras exponerse la información objetiva con que se cuenta, se desencadena una discusión apasionada entre los que están a favor de uno u otro país involucrado. ¿Cómo intervienes? ¿A quién le pides que se calme y por qué? ¿Al hombre? ¿A la mujer? ¿Al que levanta más la voz? 

Puede que uno de los chicos o de las chicas sea más tímido o frágil para exponer argumentos, así que callas al más desenvuelto, por decirlo así. Pero si ese no es el caso, ¿a quién aplacas y por qué? ¿Tiene que ver en tu actuación apaciguadora, si es hombre o mujer?

Cuarta situación: En el aula o en la casa, ¿han hablado abiertamente sobre qué es el machismo, qué es el feminismo o qué es el enfoque de género y cuál es la diferencia o semejanza entre ideología y enfoque? ¿Ha sido solo de vez en cuando o es un tema frecuente en la formación de tus hijas/os o alumnas/os?

De lo anterior, se deducen algunas otras preguntas que todas las personas, en cualquier familia y en todos los salones del colegio, debemos tener claras. Esa claridad nos permitirá mayor solvencia como maestras y maestros, o como madres y padres, así como hará posible un impacto educativo positivo en la formación de las chicas y chicos con quienes trabajamos y/o vivimos. Veamos:

¿Distingo roles y actividades domésticas, profesionales o laborales como femeninas y masculinas? En todo caso: ¿Qué es la masculinidad? ¿Qué es la feminidad? ¿Existe realmente lo femenino y lo masculino o es un condicionamiento cultural multifacético? ¿Qué significan esas palabras o conceptos? 

Finalmente, ¿Soy machista? ¿Soy feminista? (ojo, seas mujer u hombre, por favor, responde estas preguntas). ¿Qué les transmitimos a nuestras hijas, hijos o estudiantes de ambos sexos con nuestros comportamientos cotidianos sobre lo que es ser hombre o mujer?


Volvamos al título de este artículo: ¿Tratamos igual a chicas y chicos? ¿Por qué sí? ¿Por qué no? ¿Para qué? ¿Qué vamos a generar en la imagen de sí mismos, en la identidad y autoestima de cada persona que educamos, si tomamos tal o cual idea sobre los asuntos de género e igualdad? ¿O no pasa nada si no los abordamos y dejamos que se siga repitiendo el esquema de transmitir los valores de manera inconsciente, subliminal, en vez de hacerlo de forma consciente, franca y explícita? 

A veces, podemos tener las ideas muy claras y definidas teóricamente, pero en nuestra actuación diaria nos comportamos de otra forma. ¿Nos ocurre? ¿Somos coherentes en este delicado asunto del trato equitativo a las personas, considerando si son hombres o mujeres?

En el próximo artículo, delinearemos algunos alcances sobre estos temas cruciales y actuales. Hasta entonces.


lunes, 14 de febrero de 2022

Reflexionar y prepararse

Despedimos a las chicas y chicos en diciembre, celebramos las fiestas como parte de nuestras merecidas vacaciones y hoy, en febrero del 2022, hemos empezado a reunirnos nuevamente. Nos congregamos para reflexionar sobre la práctica educativa del año anterior y para prepararnos ante los retos de la nueva etapa escolar que se avecina. Etapa que mantiene los desafíos y exigencias de adecuar la propuesta educativa de La Casa Cartón a los formatos virtuales y, desde este año, a la modalidad semi presencial.

Revisar lo actuado permitirá detectar limitaciones y errores para mejorarlos, así como precisar aciertos y prácticas eficientes para reafirmarlas y promoverlas en todos los ámbitos de la escuela. Hacer autoevaluaciones y heteroevaluaciones por ciclo y en la plenaria de las asambleas de profesores, nos ayuda a tomar consciencia de nuestro rol en el colectivo docente, de qué aspectos podemos y debemos mejorar, qué características es positivo mantener y cómo podemos compartir con nuestros colegas la experiencia adquirida en el trato interpersonal y en la conducción de procesos de aprendizaje con nuestros estudiantes.

Crear experiencias educativas innovadoras para cada nivel de edad no es sencillo. Es necesario cotejar nuestras ideas divergentes para inventar juegos, ejercicios y estilos pedagógicos que permitan a cada estudiante ser el protagonista de su propio desarrollo de competencias, con el acompañamiento oportuno de sus profesores. Todo un reto. Por eso, darnos un espacio para evaluar las lecciones del año pasado y los resultados académicos, permitirá revisarnos individualmente, como miembros de equipos de ciclo y como partes del colectivo institucional, con el objetivo de seguir creciendo personal y profesionalmente, para bien de nuestros alumnos y alumnas.

Con esta revisión anual, que nos permite mirar crítica y autocríticamente todo lo actuado, se establecen con mayor fluidez los cauces de lo que está por venir. La reflexión nos prepara para planificar con fundamento pedagógico, psicológico y educativo, -donde el Ideario del colegio tiene un peso relevante-, a las que se suman variables de coyuntura política, socio culturales y económicas, el año lectivo que empezará en marzo.

Diseñar los planes de trabajo por grado y ciclo, así como las actividades generales del colegio, armoniza las metas a ser alcanzadas entre todos y nos convierte en elementos fundamentales de un proyecto educacional sentido como propio, con el que nos identificamos y ponemos lo mejor de cada una/o en su consecución.   

Febrero se convierte, por estas razones, en una etapa que combina las alegrías del reencuentro con nuestros colegas, con el trabajo arduo de evaluación y planificación. Esta etapa se parece mucho a lo que intentamos lograr con nuestros estudiantes: que la escuela sea un espacio de aprendizajes donde se fusiona el juego con el trabajo, lo lúdico con lo laboral. 

Así que, con buen ánimo, la mejor energía y desplegando nuestras mayores habilidades, reflexionemos y preparémonos para atender y servir a aquellos que dan sentido a nuestras vidas: a las niñas, niños y adolescentes del Colegio La Casa de Cartón y sus familias.

Fuerte abrazo a todo el equipo.

PD: Las mamás y papás que deseen realizar una asamblea familiar para reflexionar y prepararse para este año escolar, revisando acuerdos familiares, retos personales y grupales, objetivos de crecimiento personal y académico de cada integrante de la familia, estarán reforzando lo que hacemos en el colegio y promoviendo en casa una dinámica análoga a la que se realiza en la escuela. Felicitaciones a los que efectúen esta buena práctica. 


lunes, 17 de enero de 2022

La Autoaceptación

Al empezar un nuevo año, actualizando agendas y buenos propósitos para ser mejores personas este 2022, podríamos habernos identificado con algunos rasgos negativos que planteáramos en el artículo anterior. Si nos hemos sentido víctimas, o culpables por habernos comportado como victimarios, si nuestro mal humor y agobio por tanta incertidumbre pandémica nos ganó, estamos a tiempo de hacer algunos cambios que nos ayuden a pasar de la negatividad a la positividad.  


Habíamos visto que el primer paso para realizar cualquier cambio de actitud pasa por reconocer que tenemos un talante negativo. El ser conscientes de lo que nos ocurre se convierte en el punto de partida para buscar la solución. La clave radica en rendirse y aceptar que, por ahora, somos así. Si nos rendimos completamente, la aceptación llegará con mayor fluidez.

 

También vimos que rendirnos, admitir nuestra impotencia frente al negativismo en cualquiera de sus formas y reconocer el caos que puede causarnos reaccionar por impulsos en lugar de elaborar respuestas, implica ser capaces de pedir ayuda. Y si no somos muy capaces de pedirla o nuestro ego inflado no quiere mostrarse vulnerable y desvalido, a como dé lugar es preciso que aprendamos a solicitar apoyo. No es posible salvar las apariencias y la salud mental a la vez. Es preferible requerir asistencia que aparentar que todo está bien, cuando no lo está.

Tras rendirnos, admitir y aceptar que tenemos un reto por delante, conviene llegar a creer en fuerzas superiores a nosotros mismos, adoptar una filosofía de vida, así como definir un sistema de creencias que nos ayuden contra la negatividad. Los valores del Ideario, entre muchas otras opciones, fueron sugeridas como elemento de apoyo en la transición a lo positivo.

 

Además de reconocer y aceptar que tenemos un reto que vencer, admitimos y visualizamos con la mayor claridad que seamos capaces, las consecuencias que trae la actitud negativa en nuestra vida personal, familiar, social y laboral. Hacer un inventario de cómo afecta esta negatividad nuestra vida en su totalidad, nos permite ver con nitidez qué está ocasionando y cuál es el precio que debemos pagar si seguimos tercamente en ella.


Al hacer una lista de gratitud, agradeciendo lo que hemos logrado, lo que somos y lo que tenemos, todo lo bello y bueno de nuestra vida, encontraremos energía positiva que nos empuje a continuar con el cambio de actitud.

 

Las afirmaciones positivas que se desprendan de nuestro inventario, también contribuyen a mejorar nuestras predisposiciones positivas. Si en el inventario, tipo FODA, hemos encontrado que somos intolerantes, impacientes, que nos sentimos víctimas o que somos perfeccionistas, entonces podemos elaborar un conjunto de afirmaciones que colocamos en un lugar visible que nos recuerde leerlas todas las mañanas y antes de acostarnos:

 

-  Hoy seré tolerante, comprenderé a los demás más que buscar que me comprendan.

-  Hoy tendré paciencia, disfrutaré cada cosa que haga evitando esa desesperación por hacer todo rápido que me angustia e impacienta. Lo tomaré con calma y buen humor.

-  Hoy no seré una víctima. Aceptaré que yo permito muchas de las cosas que ocurren. Pensaré que todos somos víctimas de víctimas, en una cadena interminable que me demuestra que no hay mártires ni inmolados, sino personas responsables de sí mismas y de sus actos y de las consecuencias que esos actos condicionan.

-  Hoy dejaré de creerme perfecta/o. Hoy seré humana/o y, por lo tanto, falible, con aciertos y errores. Hoy seré una persona con luces o virtudes y con sombras o defectos. No necesito imponer mi manera de ser a todos.

 

Además de las afirmaciones, compartir con otra persona lo que hemos descubierto de nosotros mismos en el inventario trae grandes beneficios personales. Puede darnos mucha vergüenza mostrarnos vulnerables con un interlocutor elegido por nosotros mismos, pero trae también, una enorme posibilidad de intimidad y de liberación. Decir lo que nos pasa en voz alta a otra persona, ya de por sí, es toda una catarsis. Compartir lo que vivimos, sentimos y pensamos nos liberará en algunos aspectos y será nuestro trampolín a mayores niveles de confianza y apertura, a la creciente libertad de poder ser nosotros mismos.



Por último, también será de mucha utilidad hacer una lista de todas aquellas personas a las que les hemos hecho daño con nuestro comportamiento negativo y estar dispuestos a enmendar el daño que les causamos. Primero, hacemos la lista. Después, nos acercamos y reparamos el daño.

 

Cada noche al acostarnos, revisamos someramente cómo nos ha ido hoy y establecemos en qué y cómo podemos seguir mejorando. Pedimos ayuda a las personas en las que hemos confiado y a aquello que hemos concebido como fuerza superior, que subyace en nuestra filosofía o valores positivos de hoy.

 

Una de las invalorables herramientas de todos los grupos que trabajan sobre la base de los 12 pasos de la recuperación, es ayudar a otra persona en la misma condición que nosotros. O sea que, si conocemos a alguien con características similares a las nuestras, poddemos ofrecer ayuda. Si la aceptan bien, y si no, también. No hacernos expectativas nos dispone al desapego y al desapegarnos, sufrimos menos, ya que nada ni nadie nos decepciona.

 

Resumiendo: Todo cambio comienza con la rendición, admisión y aceptación de la característica personal que nos agobia y daña; y termina con la aceptación plena de quiénes somos, de los aspectos positivos y negativos que descubrimos al hacer un inventario personal, así como aceptando ayudar a los demás y que nos ayuden, aceptando vivir un día a la vez para contrarrestar las angustias de lo incierto, aceptando lo que nos pasó e incorporándolo creativamente en nuestro presente (que es lo único que tenemos en realidad). Probemos. No creamos en nada si no nos funciona, pero démonos una oportunidad y pongámonos en acción.

 

Fuerte abrazo y hasta pronto.





domingo, 2 de enero de 2022

De la resignación a la aceptación

El viernes 17 fue la clausura del año escolar. Despedimos a los Arkadien, promoción 28 del colegio, y les deseamos lo mejor a toda la comunidad educativa al finalizar un año más, a pesar de los apesares. Un año controversial que fue capaz de sacar lo mejor y lo peor de nosotros, un periodo de esperanza, solidaridad y resiliencia frente a la adversidad y los retos que afrontó La Casa de Cartón, la sociedad peruana en su conjunto y la humanidad por esta pandemia que no termina de irse. También fue un año de dolores mordaces, ocasionados por la enfermedad o pérdida de nuestros seres queridos, o por el zarandeo de los cambios y riesgos a los que nos expuso esta etapa tan intensa, que nos hizo ver con demasiada claridad lo vulnerables que somos. Ahora que termina el 2021 y comienza el 2022, podría ser una buena oportunidad para evaluar cómo estamos en cuanto a nuestras actitudes. ¿Hemos sacado lo mejor o lo peor de nosotros? ¿Cómo nos autoevaluamos?

 

Para comenzar, recordemos que el cómo asumamos las adversidades y reveses que la vida nos presenta, suele relacionarse con: (i) Nuestra historia personal, familiar y socio cultural, (ii) las actitudes y valores que hemos adoptado de manera consciente o inconsciente, y (iii) con las decisiones que tomamos hoy en función de las motivaciones que nos llevan a tomarlas.

 

Tipifiquemos en dos -para hacerlo lo más simple posible-, las actitudes frente a lo que nos trae la vida tanto en la cotidianidad como ante eventos de envergadura, como los recientemente vividos a escala local, nacional y mundial. La actitud puede ser positiva o negativa, con muchos matices e inflexiones entre ambas.

 


Empecemos por la actitud negativa. Si en nuestra vida personal ocurrieron eventos muy fuertes que nunca (o hasta ahora) no pudimos ni resolver ni sanar, ni terapear ni desfogar con el arte, el deporte, la ciencia, los amigos, o la actividad profesional o laboral, entonces es posible que predomine en nuestro ánimo cierto pesimismo, suspicacia, recelo, mucho temor, resentimientos y cólera, que desembocan inevitablemente en una actitud negativa. No hemos podido ni aceptar lo que pasó, ni aceptarnos a nosotros mismos en esos vaivenes a los que nos expuso la vida.

 

Tampoco hemos llegado a querernos por lo que somos, sino que buscamos la aprobación de los demás. No es autoestima sino ego lo que manifestamos. Podemos sentirnos víctimas o podemos actuar como victimarios. Pasamos del ego inflado, sobrevalorando nuestra propia persona y sintiéndonos superiores a los demás. O podemos sentirnos víctimas, presas de la inseguridad y el desamparo, cayendo fácilmente en la autocompasión: “pobrecito de mí”, “nadie me quiere”, “nadie me comprende”, “yo solo tengo que hacer todo” y un largo etcétera de variables autodestructivas, cargadas de vergüenza y culpa, capaces no solo de hacernos daño sino de maltratar a los demás, especialmente a los de nuestro entorno inmediato.

 

El sentirnos víctimas y mantener una actitud negativa nos resta energía y vitalidad, nos enferma y nos destruye lentamente. El miedo es el eje central de las ansiedades, de los síntomas psicosomáticos, del estrés, del malhumor y de la violencia. La mayoría de veces, al miedo se suman los resentimientos y la cólera, el egocentrismo y la violencia, física o psicológica (incluye la verbal). Vivimos resignados y cada vez que recordamos el motivo de nuestra resignación, se activa lo negativo que sigue ahí, sin resolver. No queremos ni deseamos esto que vivimos, pero sigue allí y nos hace sentir abrumados. Nos acosa desde nuestro propio ser ya que no nos hemos permitido afrontarlo de una buena vez.

 

Si estamos en esa actitud negativa o en alguna de las manifestaciones que acabamos de enumerar, ¿cómo podemos salir de ese estado y pasar a una actitud positiva?

 


El primer paso para liberarnos de la negatividad, el pesimismo, la victimización, la queja constante o el perfeccionismo, de nuestras actitudes negativas, en suma, es reconocer que tenemos esa o esas características perjudiciales. Ser conscientes de ellas empieza a ser parte de la solución. Negar que las tenemos, nos mantiene atados a ellas. Luchar contra ellas, causa el efecto contrario: se aferran con mayor fuerza. La clave radica en rendirse y aceptar que somos así, que nos sentimos víctimas, que en nosotros predomina el pesimismo, que nos quejamos o lamentamos con demasiada frecuencia, o que somos perfectos y que nadie hace las cosas como nosotros.

 

Nos rendimos. “No puedo con estas actitudes negativas”. “Soy impotente frente a ellas”. “No tengo control ni gobierno sobre esta tendencia mía tan dañina para mí mismo y para los demás”. Si nos rendimos completamente, la aceptación llegará con mayor fluidez. Si nos resistimos, igual nos mantendremos en la resignación. (1).

 

Una vez dado el primer paso, el de rendirnos ante nuestros síntomas y aceptarlos plenamente, resulta prudente pedir ayuda: de la pareja, de los hijos e hijas, de amigos y amigas, de un/a terapeuta, de un/a coach, de literatura o videos de autoayuda, de alguien de nuestra total confianza que nos permita elaborar en conjunto, un camino para salir del hoyo de la negatividad.

 

También necesitamos llegar a creer que algo mucho más grande que uno mismo puede librarnos de nuestra negatividad, que nos puede ayudar a recuperar el sano juicio en este aspecto. Es preciso encontrar por propia decisión un poder mayor que nuestras actitudes negativas. La vida, el amor, la gratitud, la solidaridad y los valores del colegio, la energía cósmica, el ser verdadero, Dios como cada quien lo conciba, la naturaleza u otro elemento que sea considerado “sagrado” o “lo máximo”, sirven. Cada quien escoge su Poder Superior y lo hace a su medida y necesidad. Lo único que se requiere es que sea más grande que nosotros y que pueda servir de apoyo para contrarrestar la fuerza de lo negativo. Este sería el segundo paso.

 


Necesitamos sano juicio para no repetir los mismos errores, esperando resultados diferentes. Dejar de lado la terquedad, el querer tener razón a toda costa, el pretender saber todo de todo, puede servirnos para vivir bien, al menos mejor que hasta ahora. Probemos algo diferente para no repetir la misma cantaleta cayendo en los mismos patrones de conducta que no benefician a nadie y nos mantienen negativos.

 

También resulta sumamente útil para propiciar y mantener el cambio personal, ser conscientes de lo que vivimos y modificar el enfoque que tenemos de nuestra realidad inmediata. Si en lugar de ver siempre lo que me falta, nuestros errores o los de los demás, las imperfecciones y problemas, nos centramos en observar y agradecer todo lo que somos y tenemos, nuestra actitud podría pasar a positivo. Al despertarnos, nos esforzamos por tomar consciencia de que dormimos en una cama, con almohada, ropa de cama y pijama. Vamos al baño y… ¡tenemos un baño! Sale agua del caño cuando lo abrimos, tenemos agua y desagüe en casa, tenemos luz, energía eléctrica para que funcionen todos los equipos y máquinas. ¡Tenemos equipos y máquinas, electrodomésticos, hasta un auto a lo mejor! Tenemos tanto que agradecer, que resulta muy liberador hacer una lista de todo aquello por lo que podemos estar agradecidos. Eso contrarresta la negatividad y se parece mucho a las afirmaciones positivas que muchos grupos utilizan para mejorar la autoestima. Pero de eso nos ocuparemos en al próximo artículo.

 

Hasta pronto.

 

(1) En los tres artículos anteriores, hemos revisado los fundamentos y técnicas de la Consciencia o Atención Plena (Mindfulness), que ayudan a estar aquí y ahora, así como a tomar consciencia de nosotros mismos como protagonistas de nuestras vidas. Es una manera de contrarrestar el negativismo, de valorar nuestra vida y estar vivos hoy.