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martes, 30 de enero de 2024

Con sumo cuidado revisemos nuestro consumo

Hemos empezado un nuevo año. Está finalizando el mes de enero y quisiéramos aprovechar la ocasión para hacer un recuento de cómo nos fue en diciembre del 2023 y cómo nos va hoy, aquí y ahora.

Resulta alucinante observar la forma desmedida en que se incrementa la fiebre de consumo en diciembre de cada año. La mayoría de países de Occidente, con distintas expresiones del cristianismo (católicos, evangélicos, anglicanos, calvinistas, ortodoxos y demás vertientes o cultos), celebran o recuerdan la Navidad. Se conmemora el nacimiento de Jesús, un carpintero humilde que aprendió su oficio de otro carpintero, que vivió entre pescadores y gentes sencillas, y que es considerado Dios por el cristianismo.  



Para recordar este evento se promueven reuniones familiares y actividades religiosas que han ido convirtiéndose en fiestas de consumo alentadas por los comerciantes. Regalos de toda índole, ropas, comidas y bebidas en abundancia, árboles navideños ultra decorados hasta con nieve –a pesar de ser verano en nuestras latitudes latinoamericanas-, para rendir homenaje al Hijo de Dios. Más que una fiesta espiritual, se desencadena todo el materialismo consumista de nuestra sociedad neoliberal.



Desde que termina el Halloween en octubre, los centros comerciales, los supermercados y las tiendas empiezan a adornar sus establecimientos con motivos navideños para alentar las compras de los ciudadanos. Todo diciembre resulta casi imposible transitar por las ciudades. Todo el mundo está en las calles adquiriendo las ofertas, los regalos y adornos que la publicidad nos vende por todos los medios de comunicación existentes. Todo gira en torno al consumo.


 


Para personas que hemos optado consciente, libre y soberanamente por la solidaridad, por la libertad, por la búsqueda de las verdades y por la creatividad, este festín del consumo puede resultar hiriente u ofensivo. ¿Cómo evaluamos nuestro comportamiento en estas fechas? ¿Somos coherentes con nuestras ideas de una sociedad más democrática, justa y un mundo ecológicamente viable? En la navidad del 2023, ¿caímos en la ilusión de que cuanto más cosas tengamos o podamos adquirir, más felices seremos? ¿Creemos que lo externo puede llenar nuestros vacíos internos?

Necesitamos trabajo e ingresos dignos que nos permitan acceder a lo necesario para una vida de calidad y eso se lo deseamos a cada uno de los habitantes del planeta. Podemos incluso, sumarnos a las celebraciones de fin de año y hacer algo especial con nuestras familias con ese motivo. Pero, ¿hemos sido parte de los excesos que nos impone el “modo navidad” o el súper consumo fin de año?



Consideremos que tan solo una semana después de las fiestas navideñas, se celebra el fin de año. Desde el 26 de diciembre, con tan solo un día de pausa –el 25 que es feriado-, vuelve a comenzar el flujo desbordante de hordas humanas en busca de avituallamiento para organizar el baile, la reunión familiar o amical, el campamento, el viaje o lo que fuere que cada quien prefigure como forma de pasar el año nuevo. Otra vez, consumo por doquier. El fin de año, junto a la Navidad, el Día de los Enamorados o san Valentín, las Fiestas Patrias de mediados de año y Halloween (con más fuerza que el Día de la Canción Criolla), se han convertido en íconos comerciales en los que las personas “necesitan” gastar comprando y, felices ellos, los vendedores, vender.



Podemos evaluar hoy, dándonos una breve pausa para pensar con honestidad, si las mejoras que nos propusimos al finalizar diciembre e iniciarse el 2024, están avanzando. ¿Qué aspectos personales, familiares, educativos, culturales, sociales y/o laborales  podríamos considerar para potenciar o desarrollar mejor nuestro ser humanos en el mundo de hoy en día? ¿En qué porcentaje caímos en la locura colectiva de las compras, aun endeudándonos para cumplir con nuestros “compromisos”?

Hagamos hoy una sincera revisión de nuestro comportamiento festivo y de nuestras prioridades para este año a la luz de los valores del Ideario. Que el año 2024 les sea propicio.

Fuerte abrazo y hasta pronto.

 

 

                                                                                             Carlos Ureña

                                                                                 Integrante de EDUCALTER

 

jueves, 2 de marzo de 2023

El Constructivismo Pedagógico y el Colegio La Casa de Cartón

Al igual como nos pasó al trabajar simultáneamente las actitudes, habilidades, destrezas y conocimientos a través de los proyectos, y que posteriormente la Escuela de Chicago las denominó “competencias”, nos ocurrió con nuestra pedagogía activa participativa, a la que luego la historia de la educación sistematizaría a partir del trabajo de un grupo de estudiosos y tipificaría como “constructivista”. Veamos.

En las reflexiones del equipo docente, al preparar los diseños en 1983 e implementar la propuesta pedagógica a partir de 1984 con la apertura del local escolar, revisábamos frecuentemente la Teoría del Aprendizaje de Jean Piaget. Los estadios evolutivos de la cognición humana, que había generalizado para todos los niños a partir de las observaciones en sus propios hijos, la tipificación de la inteligencia como instrumento de adaptación psicológica mediante las nociones de esquema, acomodación y asimilación, la íntima ligazón entre pensamiento y lenguaje, así como los contextos que favorecían el paso de una moral heterónoma a una de corte autónomo, -con todo lo que implicaba en términos de dejar atrás el egocentrismo y socializar en un clima de afecto y respeto para lograr la autonomía y la autoestima-, nos impresionaron profundamente e incluimos algunos de sus criterios en nuestra propuesta pedagógica.

Piaget sería considerado el padre de la Psicología Genética o de la Epistemología Evolutiva, y quien planteó los cimientos de la Pedagogía Constructivista (1). Si se pudiera resumir tantísimos alcances educativos que contiene el constructivismo pedagógico en una idea fuerza fundamental, podría decirse que este enfoque considera al aprendiz como el protagonista que construye sus conocimientos y desarrolla su inteligencia a partir del movimiento y la exploración activa y simbólica del entorno, con ayuda de los demás, en colectividad.

 

Fuente: https://docentesaldia.com/2022/04/24/constructivismo-que-es-autores-y-ejemplos/

 

Luego revisaríamos a Bruner, de quien habláramos en el artículo anterior (2), sobre el descubrimiento, la sorpresa y el despliegue total de la curiosidad natural al favorecer experiencias de aprendizaje que potencien al máximo la exploración del entorno tanto social como natural.

Por su parte, Lev Vygotsky plantea que fomentar la participación proactiva de las y los aprendices con el ambiente que les ha tocado vivir, en colaboración mutua, es la manera más fluida de afirmar procesos cognitivos y aprendizajes sólidos, ya que la cognición es fruto de la colaboración. Las actividades compartidas permiten interiorizar las estructuras o esquemas de pensamiento y comportamiento del grupo cultural de pertenencia o de la sociedad en la que se encuentran. Este es el meollo de la Teoría Socio Cultural de este psicólogo ruso, admirador de Piaget y continuador de su obra, alimentando la pedagogía constructivista con sus aportes.

El contexto es sumamente relevante, instaurándose un criterio pedagógico que nos sirve como referente por ahora indiscutible: lo que es válido en un determinado grupo cultural puede no serlo en otro. El rol del adulto o del compañero que ha alcanzado ciertas competencias en ese contexto es acortar la brecha entre lo que un estudiante ya es capaz de hacer y lo que todavía no puede realizar por sí mismo. A esa brecha o distancia, se le denomina “zona de desarrollo próximo” y gracias a este concepto se puede evaluar mejor y plenamente el potencial de los aprendices.



Noten los lectores la cercanía existente entre estos lineamientos y la propuesta de La Casa de Cartón basada fundamentalmente en la solidaridad y el compartir. La solidaridad ha sido definida operacionalmente en el Ideario del colegio como “una actitud que induce a responder a las necesidades humanas con sensibilidad y sentido de justicia, a partir de la identificación y valorización de la propia dignidad y la de los demás, complementando la autorrealización con la realización colectiva” (3). Como desagregado de dicha actitud solidaria se incluye la valorización y el respeto, la sensibilidad, la convivencia e integración, el servicio a los demás y la responsabilidad planetaria, componentes que permiten consolidar los ejes transversales de ciudadanía democrática y ecología sostenible. Asimismo, en el colegio se promueve mucho el que aquellos chicos o chicas que han consolidado ciertos aprendizajes, sean referente para sus compañer@s y compartan su saber con aquell@s que necesitan apoyo. En suma: aprender a enseñar.

Por último, aunque son más los autores pedagogos y psicólogos constructivistas, revisaremos someramente las ideas educativas de Ausubel. Darle significatividad al aprendizaje es uno de los lineamientos que se encuentra más intrincado con la propuesta pedagógica de La Casa de Cartón. Para Ausubel el énfasis estaría puesto en diseñar las sesiones de aprendizaje partiendo de los conocimientos y habilidades cognitivas con que ya cuentan los y las aprendices. Al sumar a lo que ya saben, nuevas ideas o métodos prácticos, el aprendizaje se hace significativo para quien busca respuestas a sus inquietudes y construye su propia “sabiduría”.

La Teoría del Aprendizaje Significativo de este psicólogo norteamericano consiste en averiguar qué saben, conocen y comprenden los y las estudiantes para, a partir de allí, diseñar la forma de proponerles experiencias que enriquezcan sus saberes, los que al ser añadidos a lo que ya han aprendido, adquieren una significatividad que canaliza apropiadamente el interés y curiosidad del aprendiz. La idea central es que el verdadero conocimiento solo aparece cuando los nuevos aprendizajes (contenidos o saberes), adquieren significado porque se relacionan práctica y teóricamente con los saberes previos.

En el Colegio La Casa de Cartón, intuitivamente antes de asumir algunas pautas del aprendizaje significativo con plena consciencia, los principios pedagógicos que adoptamos nos llevaron a una práctica pedagógica encaminada a dar significado al proceso de aprendizaje. El afecto, el ejemplo, la actividad, el partir de la realidad para comprenderla y estudiarla y volver a ella para aplicar lo aprendido, considerando los intereses y necesidades de las y los estudiantes. Todo ello dentro de un ambiente pautado democráticamente para construir saberes con espíritu científico, indagando metódicamente y utilizando pertinentemente la tecnología disponible, de manera lúdica o divertida, globalizando y viendo las interrelaciones entre conocimientos y permitiendo que cada quien vaya a su ritmo y haga su mejor esfuerzo en el empeño de escudriñar la vida en sus múltiples facetas para ir aprendiendo de ella, constituyen los principios pedagógicos del Colegio La Casa de Cartón. Principios bastante cercanos a lo que hemos revisado someramente de los pedagogos constructivistas.  

En Primaria fue más viable incluir los principios pedagógicos en su totalidad, así como aplicar algunos lineamientos de la pedagogía constructivista, enfatizando especialmente el protagonismo de los aprendices en el proceso. En Secundaria el reto se hizo mayor por las válidas expectativas de las familias y los mismos estudiantes de acceder al sistema de educación superior, pero igual, terminan su formación en el colegio habiendo aprendido a conocer, a hacer, a vivir juntos y a ser, tal como postula Jaques Delors a los expertos de la UNESCO, en “La Educación encierra un tesoro” (4).

Qué bueno constatar que seguimos por buen camino en cuanto la pedagogía que se aplica en el colegio. Sigamos esforzándonos por mantenernos a la vanguardia de la educación nacional, innovando creativamente y compartiendo solidariamente lo que nos viene funcionando como teoría y práctica educativas. Felicitaciones al equipo que lo hace posible.  

Hasta luego.

 

                                                                                     Carlos Ureña Gayoso

                        Integrante de EDUCALTER

 

 

Referencias

 

(1) Bajo el nombre “Constructivismo Pedagógico”, “Pedagogía Constructivista” o, sencillamente, “Constructivismo”, las y los lectores pueden encontrar innumerables títulos y referencias en Internet. Son mayores aún los resultados si buscamos por autor: Jean Piaget, Lev Vygotsky, Jerome Bruner, David Ausubel, entre otros.   

(2) “Aprender por descubrimiento”. Blog del Colegio La Casa de Cartón. 16 de febrero del 2023.

(3) Ideario del Colegio La Casa de Cartón. Última versión del proceso de actualización realizado por EDUCALTER bajo la conducción de Susana de Vivanco. EDUCALTER, 2022.

(4) La Educación encierra un tesoro, informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI (compendio). Jaques Delors. UNESCO 1996. En: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000109590_spa

 

lunes, 17 de octubre de 2022

Ser ejemplo

El ejemplo es el principio pedagógico donde se plasma todo lo postulado académicamente, en la vida diaria. Comportarse ejemplarmente significa que seamos coherentes, íntegros. Que nuestras ideas y postulados educativos se condigan con nuestras expresiones y maneras afectivas al expresarnos y que nuestras conductas avalen lo que pensamos y sentimos. Es hacer evidente, a niveles básicos al menos, que pensar, sentir y actuar están alineados en nuestro ser y que hay solvencia en nuestra prédica pedagógica.

Mariano Moragues, nuevamente en su “Hacia la escuela posible: Sistematización de la experiencia educativa del colegio La Casa de Cartón”, nos explica que el ejemplo consiste en “ofrecer a los chicos modelos de identificación positiva de los propios maestros y a través de personajes de la vida real. Esa imagen modélica debe entenderse no tanto como una realización acabada y perfecta, sino como personas que viven un esfuerzo honesto e intenso de búsqueda de coherencia” (p. 118).

Continúa Mariano:

“«De tal palo, tal astilla», «Los tiestos se parecen a la olla», «No pedir peras al olmo», «Quien a buen árbol se arrima, buena sobra lo cobija» son refranes que ha creado la sabiduría popular para expresar toda una filosofía de la influencia. Nuestro modo de ser, pensar, sentir y actuar no es finalmente tan nuestro. En gran medida, es fruto de un complejo mundo de influencias recibidas. Seguramente, hoy los factores de mayor influencia en la vida humana son: en primer lugar, los padres o el ámbito familiar; después, el entorno sociocultural, la escuela, los medios de comunicación social y, dentro de ellos, la televisión y las redes sociales, hoy, tienen un fortísimo influjo. Todos estos factores transmiten, de alguna manera, una filosofía de vida que influye modélicamente en todas las personas, pero de una manera especial en las primeras etapas del desarrollo evolutivo, en las que no hay una conciencia ni una libertad, que permita seleccionarlas autónomamente. Ni los padres ni la escuela en general ni los maestros en particular pueden abdicar de su rol modélico. Somos, querámoslo o no, arquetipos para nuestros hijos o alumnos, y lo somos, no tan solo ni principalmente con nuestras palabras, sino fundamentalmente con nuestra conducta y estilo de vida. Tenemos que asumir responsablemente esta feliz y comprometida realidad. Feliz porque finalmente hace que nuestros hijos o alumnos sean de algún modo nuestros, no solo en un sentido biológico, sino también psíquico, ideológico y existencial. Comprometida porque esa dichosa e inevitable trascendencia nuestra tiene repercusiones en lo más hondo de la vida de quienes más queremos ver felices” (p. 124).

Resulta pertinente aclarar que el que sean nuestros, feliz y comprometidamente, no implica en absoluto imposiciones o determinismos asfixiantes, sino que al ser nosotros mismos e influir positiva y conscientemente en su formación, les damos el espacio democrático, libertario, creativo, responsable y solidario para que nuestr@s hij@s o alumn@s, busquen y encuentren su propio estilo, desplieguen su ser personal para llegar a ser ellos o ellas mismas.  

Retomemos  el discurso de Mariano: “Hasta que nuestros hijos o alumnos hayan alcanzado una sólida moral autónoma son dependientes de nosotros. Después se convertirán en «hijos de la vida», como dice G. Kahlil Gibran, pero premunidos de todo un bagaje interior y anterior que tendrán la facultad de rechazar. En ese momento, entre los quince y diecisiete años, tendremos que aceptar una metodología diferente al enfrentar lo ideológico y lo axiológico: más que responder, habrá que abrir preguntas, presentar dilemas y situaciones conflictivas, además de tratar de que los muchachos se clarifiquen a sí mismos y asuman convicciones propias, comprometida y consecuentemente. Claro está que estas convicciones propias tendrán raíces en los esquemas previos y se harán propias en cuanto sean aceptadas como tales. Esto no significa que el educador deba inhibirse de opinar (lógicamente, por razones didácticas, no anticipándose) y tampoco significa que su opinión vaya a carecer de peso e influencia, pero deberá incluir nuevas y respetuosas dosis de apertura, tolerancia y pluralismo” (p. 124).

 

“El ser educadores nos obliga a dar ejemplo o más bien a ser ejemplo de aquello que proponemos a nuestros educandos, por razones de ética, e incluso de eficacia. Lo contrario sería una farsa desquiciadora. Con nuestro ejemplo, «excitamos con las propias obras la imitación de los demás», tal como reza el Diccionario de la lengua española al referirse al significado de «ejemplo», según nuestra acepción. Si esto vale en general, es más claro y pertinente cuando nos referimos a los hijos o alumnos y más aún si estos son menores. No hay escapatoria por oneroso que resulte: somos, irrenunciablemente, modelos de identificación para nuestros chicos. Solo nos queda encarar con alegría, valentía y responsabilidad nuestra trascendencia” (p. 124).

“La conciencia de nuestras debilidades e inconsecuencias y también la conciencia de la importancia de nuestra influencia nos pueden apabullar, pero no es la perfección lo que los chicos tienen derecho a esperar de nosotros, sino la honestidad en el esfuerzo de superación y de coherencia. Eso es todo lo que podemos ofrecer y es todo cuanto nos es exigible, pero esto ya es mucho y suficiente. La pedagogía de nuestros abuelos estaba poblada de modelos y especialmente en la formación moral se utilizaba con frecuencia el estímulo de «vidas ejemplares», que se convertían en parámetro de vida en algún aspecto: honor, valentía, generosidad, serenidad, santidad, trabajo, etcétera. Desde Esopo, seguido por Cervantes y hasta por Batman, se han necesitado y utilizado los parámetros encarnados en personajes reales o fantásticos, y la pedagogía de hoy no puede estar ajena a una didáctica que creemos universal. Quizá nuestra pedagogía se ha vuelto excesivamente «conceptualista» y relativizadora, y no se atreve a presentar claroscuros diferenciados por temor a caer en el maniqueísmo. Sin embargo, ese enfoque es desorientador para los chicos, quienes necesitan el refuerzo de lo concreto, imágenes nítidas, distinciones claras, posiciones definidas, sobre todo en las etapas en que no son capaces de discernimiento autónomo. Es cierto que en la vida real nada es absolutamente blanco o negro, pero también es cierto que los matices, la equidad y el perspectivismo tienen su momento y si pretenden ofrecerse anticipadamente confunden, desestabilizan y angustian a los niños, ya que no pueden asimilarlos equilibradamente” (p. 125).

“Abogamos, en fin, por restaurar en la escuela una pedagogía que proponga modelos claros y coherentes de aspectos esenciales de la vida, si no queremos que se erijan en modélicos los representantes de valores que recusamos: «rambos», «ricos y famosos», etcétera. A medida que crecen, los niños podrán ir asimilando que no existen modelos puros y perfectos. Además podrán entender que la marcha hacia la superación personal y colectiva es una marcha dificultosa, con avances y retrocesos, que no descalifican el anhelo de proyectarse a la vivencia de determinados principios y valores. El maestro tiene una oportunidad diaria de ser ejemplo de tantas cosas: de trabajo, de generosidad, de solidaridad, de democracia, de afán de superación, de capacidad autocrítica. En fin, de todo. Sin angustias, ¡seámoslo de algo!” (p. 125).

                 

Mariano nos arenga a ser ejemplo del algo. De aquello en lo que seamos competentes, hábiles, diestros, capaces. De aquellas cualidades o virtudes que nos son afines naturalmente, que fluyen en nuestro ser con mayor facilidad y abundancia. De actitudes y valores positivos en los que tanto esfuerzo hemos puesto para acercarnos un poquito siquiera. Todos tenemos alguna luz o algunas luces que reducen nuestros defectos y contradicciones. ¡Hagámoslas brillar!

Y será este el momento para rendir un apasionado y afectuoso homenaje a uno de los paradigmas ejemplares del Colegio La Casa de Cartón. Gracias Mariano por ser un ejemplo de competencia académica, imaginando y diseñando el proyecto educativo del Cole, sistematizando la experiencia en el marco de principios filosóficos, pedagógicos y psicológicos, dando las pautas prácticas para el desagregado de actitudes, capacidades intelectuales y destrezas, secuenciando los logros y brindándonos programaciones tentativas sugeridas por grado y ciclo. También se te agradece el ejemplo preclaro en la conducción del colegio durante los primeros 20 años, sacrificando espacios personales por alcanzar el sueño de ver crecer el colegio, jugando con los más pequeños, conversando con madres y padres, dialogando reflexivamente con estudiantes mayores sobre el sentido de la vida y tantas otras cuestiones importantes y aquellas más bien lúdicas. Tu actitud positiva y serenidad nos enseñaron tolerancia, paciencia y buen humor ante las dificultades y problemas que tú asumías como retos y te abocabas a buscar las soluciones posibles, aun en momentos en que se presentara algún malestar de vez en cuando. Tu ejemplo al compartir hombro a hombro la construcción del muro perimétrico con el egipcio -nuestro querido maestro albañil Teodoro Arteaga-, tantas aulas y ambientes para brindar mejor atención a nuestros estudiantes o fabricando desde sillas a rompecabezas, motivaba a que sin palabras, docentes y familiares nos sumáramos a la tarea. Tanto de ti diseminado en cada objeto, en cada ambiente y en cada relación humana, en cada persona, niño o niña, adolescente o adulta, con la que estableciste o estableces contacto. Dejaste huella en todo lo que tocaste.

He conocido pocas, muy pocas personas tan consecuentes y perseverantes en buscar coherencia como Mariano Moragues, quien con transpiración e inspiración dedicó su vida a hacer del colegio lo que hoy sigue siendo gracias a la formación y entusiasmo que transmitió con su ejemplo a los que hoy dirigen la escuela y forman el equipo de docentes. Todos aprendimos de tu manera de ser y estar en este mundo y fue muy elocuente tu sabiduría para sacar de cada uno lo mejor y convertir al colegio en un semillero de valores y gente solidaria, libre, buscadora de verdad con tanta creatividad. Gracias Flaco.

 

PD: Se extiende el presente homenaje a personas tan ejemplares como Francisco Soberón, nuestro querido líder en la defensa de los Derechos Humanos en nuestro país, que tuvo a sus hijas en nuestro colegio y que lamentamos su partida. También a tantísimas madres y padres, al equipo docente y directivo en pleno, así como a estudiantes, que son ejemplo de esfuerzo y trabajo, de alegría de vivir y entusiasmo, de pasión por llegar a ser ell@s mism@s, de valores y actitudes positivas, de ciudadanía ecológica y sobre todo, de ser personas plenas con un sentido bastante claro en esta vida y época que nos toca vivir. Gracias a tod@s.

 

                                                                                                                             Carlos Ureña Gayoso

                                                                                                                        Integrante de EDUCALTER

 

 

lunes, 29 de agosto de 2022

Intereses y necesidades, actividad, realidad y espíritu científico

En el artículo anterior, al acercarnos a los principios pedagógicos del Colegio La Casa de Cartón, revisamos la importancia de aprender jugando y de jugar aprendiendo. La pertinencia de pasar del juego al trabajo y viceversa nos resulta indiscutible y sumamente adecuado para nuestr@s estudiantes.

Igual ocurre con los cuatro principios enunciados en el título del presente artículo. Partir de los intereses, posibilidades y necesidades de nuestros alumn@s resulta altamente motivador, si y solo si tomamos en cuenta, en primer lugar, los intereses. La curiosidad natural aflora rápidamente cuando nos conectamos con lo que les gusta hacer, con el interés natural que ellos tienen por el mundo y le damos cauce en nuestras programaciones. De ahí, resulta más sencillo evaluar qué tipo de inteligencia tienen las chicas y chicos a nuestro cargo y diseñar diferentes modalidades de sesiones pedagógicas para atender los diferentes estilos que evidencian. Por último, el arte del docente radica en proponer asuntos aparentemente colaterales o desvinculados de sus intereses pero necesarios para dar cobertura a todas las variables que contienen las competencias (actitudes, valores, habilidades y destrezas, así como conocimientos) que requieren para su formación integral.

 

Pongamos un ejemplo para visualizar mejor el partir de los intereses para llegar a las necesidades. En uno de nuestros primeros años de funcionamiento, una familia matriculó a su hijo y plantearon como reto (ojo, no como problema), que estaba obsesionado con el fútbol y que no quería ni hablar ni hacer otra cosa que no estuviera relacionada al fútbol. Nos dimos cuenta además que esto pasaba con otros alumnos. Nos reunimos en equipo y se acordó hacer un plan especializado para este alumno en particular, incluyendo a todos los interesados. Si tocaba trabajar el proyecto del cuerpo humano, revisábamos con él y el grupo, qué partes del cuerpo entraban más en contacto con la pelota, qué movimientos eran más frecuentes y qué músculos o huesos se tenían que mover, qué importancia tenía la vista y el oído, qué tocamientos o roces estaban permitidos y cuáles eran falta o faul. Y así por el estilo.    

Si se trataba de algún proyecto dentro del área personal social, se revisaba cuáles eran los mejores equipos de futbol en el mundo y se aprovechaba para estudiar en qué idiomas hablaban los jugadores, dónde quedaba ese país, cuál era su capital o moneda, dónde se habían realizado los campeonatos mundiales y qué tipo de comportamiento se requería de un crack para ser capitán o líder del equipo. Asimismo, se podía revisar con el estudiante, si ese jugador tendría familia, quiénes la integraban y así, hasta pasar de la familia al barrio, al distrito, a la comunidad local y la nacional.

Varias de estas consideraciones suponían que el estudiante al que solo le gustaba el fútbol tuviese que investigar o indagar sobre muchos aspectos desconocidos, pero la motivación en torno a su pasión estaba allí, latente y presente. Al final de los proyectos, se realizaba la asamblea cultural y prácticamente todo el salón compartía el entusiasmo que nuestro amante del futbol sentía por su deporte favorito. La gran acogida de su presentación hizo que se interesara en lo que otros habían hecho, de acuerdo al tema que cada quien escogía para profundizar y así, se logró interesarlo en diversos aspectos de la realidad, además del fútbol.

En matemática, la cosa resultó mucho más sencilla de lo que supusimos. ¿Cuántos arqueros tiene un equipo? Uno. Si son dos, tres o tantos equipos, ¿cuántos arqueros habrá? Y así, entramos en la numeración, en las sumas y restas (empezaron once pero expulsaron a uno y faulearon a otro, ¿cuántos quedan?). La tabla de multiplicar del once fue la que primero se aprendió. Y nos reíamos con complicidad con él y con todos los otros interesados casi exclusivamente en el  fútbol. Aprendieron todo lo que les era necesario aprender como jugando y partiendo de su pasión (dejamos de verla como una obsesión ya que se les abrió el mundo delante a partir de su adorado fútbol). En comunicación e idiomas el proceso fue muy parecido. Le pedíamos sinónimos de balón o pelota, definiciones de estadio, gradería, cancha, jugadores, césped o grama y demás. Todas las áreas y los contenidos de los proyectos, al igual que el fomento de competencias, era posible con este niño en particular y con tod@s los demás, en general.

 

Además, aprendió y aprendieron haciendo. Ellos buscaron la información. Eran los protagonistas de sus propios procesos de aprendizaje. Cuando iban al estadio averiguaban sobre los árbitros, los uniformes (de que material se hacían y de dónde se obtenía ese material, lo que nos permitía trabajar ciencias naturales y ambiente). Elaboraban las preguntas que harían con espíritu científico. Aprendieron a indagar con cierto método y a sistematizar sus respuestas para redactar y sustentar ante su grupo de aula.

Con él y su grupo, así como con todos los grupos o grados, también por ciclos, se buscó y se busca cómo partir de la realidad para volver a ella con mayor conocimiento y con actitudes positivas de valoración y respeto, al tiempo que desarrollando habilidades comunicacionales, matemáticas, científicas naturales y sociales, psicomotrices, deportivas y artísticas en todos los lenguajes del arte.

 

Una profunda satisfacción y gratitud por haber aprendido este arte de la docencia, con estos principios pedagógicos dentro del Ideario que nos compromete, en esta escuela pionera en su tiempo y hoy en día, con este equipo en particular tan parecido a lo que uno se imagina como personas de verdad. Muchas gracias Mariano, Susana, Pilar, Carlos P., Ana, Claudia y cada un@ de los integrantes del equipo de La Casa de Cartón. Muchas gracias a las familias que depositan su confianza en nosotros. Muchas gracias querid@s estudiantes por ser las personas sustantivas del Proyecto Educativo de La Casa de Cartón. Feliz Aniversario Número XXXVIII.

 

 

                                                                                                                             Carlos Ureña Gayoso

                                                                                                                        Integrante de EDUCALTER

 

 

 


lunes, 4 de octubre de 2021

Los Valores del ideario: La Creatividad

Los cuatro valores del Ideario, propuestos como actitudes a ser trabajadas en las aulas del colegio, tras constituirse en hábitos, se interrelacionan entre sí. La solidaridad requiere de enfoques creativos para plasmarse y ejercerse conforme cambian los tiempos y aparecen nuevos retos. La búsqueda de las verdades implica una renovación constante de métodos y técnicas, de adecuaciones a renovadas tecnologías de la información y el conocimiento que se modifican día a día y exigen la recreación de la forma en que indagamos científicamente las respuestas a las nuevas preguntas que se plantea esta generación, a diferencia de la anterior y de la que vendrá. El derecho a alcanzar una plena libertad individual y colectiva parece ser lo que menos cambia, pero igual, también demanda maneras alternativas para hacerla visible, abrir canales novedosos para que todas y todos puedan vivirla dignamente, con justicia, igualdad y equidad.


 

La creatividad surca los cuatro grandes valores de la misma forma en que la solidaridad los inunda, el afán por la verdad los airea o la libertad los abona. Se correlacionan y se influyen mutuamente al estilo de los ejes transversales de ciudadanía democrática y conciencia ecológica, que brindan cobertura longitudinal a todo el proyecto educativo, a cada una de sus áreas de trabajo, a cada proyecto, a cada actividad pedagógica que promueve experiencias de aprendizaje.

 

Pero, así como la solidaridad otorga fundamento afectivo, identidad e identificación con los demás para sentirse cercano, cálido y ocupado en la construcción del bienestar general mediante la cooperación, el servicio desinteresado y el amor incondicional; así también la búsqueda de verdad despliega soportes cognitivos e intelectuales que hagan posible plasmar mediante proyectos eco sostenibles, el bien común y la educación de calidad para todos; asimismo, tal como la libertad implica espacios, tiempos, accesos y oportunidades análogas para toda la ciudadanía en una saludable, responsable y participativa democracia; así pues, la creatividad será en todos los casos, la que sostiene la innovación y la apertura de nuevos caminos en las otras tres, la que fabrica con inventiva y novedad renovadas maneras y estilos de hacer las mismas o diferentes cosas. La creatividad es la artista y la divergente del grupo. Es la que puede proporcionar nuevos enfoques, diferente entendimiento de las cosas, así como transformar con originalidad cualquier aspecto de la vida.

 

En el Colegio La Casa de Cartón y desde EDUCALTER, el Centro de Educación Alternativa que lo promueve, se comprende la actitud creativa como “aquella que impulsa a responder innovadoramente a las situaciones que afronta el ser humano en su vida personal, académica y social y que, entre otros, favorece la sensibilidad y expresión artística a través de distintos lenguajes” (1).

 


Favorece también, la inventiva y la originalidad en la indagación científica y tecnológica. Plantearse nuevas preguntas ante hechos cotidianos o de interés académico, formular hipótesis novedosas para diseñar proyectos de investigación, plasmar en productos innovadores y útiles para resolver problemas prácticos o teóricos, implica hacer propia la creatividad como estilo de ser y estar en el mundo.

 

La cuestión ecológica requiere de una inédita manera de ver al medio ambiente y de buscar soluciones creativas a problemas de sobrevivencia de las especies. Modernas formas limpias de producir bienes en las industrias, con energías renovables y control de emisiones contaminantes para no seguir recalentando al planeta.

 

Todas y cada una de las diferentes esferas de la existencia pueden ser afrontadas creativamente. Desde la relación con uno mismo, las relaciones familiares y de pareja, pueden añadir un componente creativo y renovador. Los vínculos con los compañeros de trabajo, con la gente en la calle, pueden convertirse en un espacio alternativo si, por ejemplo, le sonreímos y saludamos a un desconocido. La maravilla de estar vivos se nos revela cuando cambiamos el estilo habitual de caminar cabizbajos y meditabundos por la ciudad y levantamos el rostro para mirar a los demás y evidenciar una actitud amplia y abierta hacia el contacto.


 

La sensibilidad que nos predispone al asombro, al descubrimiento, a admirar contemplativamente nuestro entorno: las personas, la naturaleza, las creaciones humanas de toda laya; la valoración del sentir, pensar y actuar siendo originalmente uno mismo; la flexibilidad ante todo orden de retos; el esfuerzo que supone disfrutar la ruta que trajinamos para llegar a una determinada meta y no solo estar pendientes del resultado de nuestro trabajo; el desplegar al máximo nuestro propio potencial a todo nivel, superando nuestras –muchas veces- auto impuestas limitaciones; el trabajo personal y social de hábitos y actitudes positivas que fundamenten nuestra opción por una escala de valores que nos permita desarrollar la espiritualidad y afrontar con serenidad la incertidumbre y los vaivenes de la vida, le producen un gran aporte al mundo que nos rodea, pero sobre todo, a nosotros mismos.

 

Hoy en día, para acercarnos a una sociedad más justa y equitativa, resulta tremendamente positivo, pacífico y creativo, cambiar uno mismo e irradiar esa transformación como una luz que abre el camino al cambio de los demás. Los valores del Ideario de La Casa de Cartón, el ejercicio creativo de la ciudadanía democrática y de la conciencia ecológica, -de asumirlos plenamente y ejercerlos-, pueden ser un sólido motor para el cambio personal y social, convertirse en esa luz que ilumine nuestro andar y el de los demás.

 

Fuerte abrazo y hasta pronto.


(1) Del Ideario de La Casa de Cartón, reformulado el 2021.






 

martes, 14 de septiembre de 2021

Los Valores del ideario: La Libertad

Una persona libre es aquella que no evidencia ataduras o dependencias mayores que le condicionen la vida para fluir y elegir. En el lenguaje cotidiano, se asocia libertad a independencia, a autonomía, a desapego, a una enorme capacidad de ser versátil y flexible ante las diferentes circunstancias y retos que presenta la vida.


Todos necesitamos aire, agua o líquidos, alimentos, vestidos, vivienda, pertenencia a una familia o grupo de referencia, afecto, acceso a medios de transporte, a educación, trabajo, recreación y un larguísimo etcétera. Satisfacer las necesidades humanas económicas, socio culturales, educativas, laborales, recreativas y hasta filosóficas, es un quehacer que abarca toda una vida si tenemos las posibilidades, condiciones y oportunidades favorables para lograrlo. Si no las tenemos, la vida se convierte en un afán inhumano de sobrevivencia, tal como la viven poco más del 30 % de peruanos afectados por la pandemia hoy en día (1). La pobreza restringe libertades e impide una toma de decisiones seleccionando opciones; pone techo demasiado bajo a las posibilidades humanas, así haya personas que son y se sientan libres en un contexto de carestía (2).

 

Libertad, en términos coloquiales, equivale a una actitud de desprendimiento general a la hora de satisfacer las necesidades humanas. No es necesario, ni mucho menos obligatorio, tener que utilizar determinada marca de bebidas, comidas, vestidos y otro largo etcétera de objetos, propiedades y lugares, para abastecernos de lo que la vida exige. Mientras mayor sea la flexibilidad para amoldarse a lo que hay, mayor la libertad del individuo o del grupo que integra.

 

Si nos planteamos la libertad como el punto medio de equilibrio entre dos extremos, podríamos distinguir el miedo a la libertad, por un lado; y al egocentrismo, por el otro. El miedo a la libertad implica seguir obedientemente al rebaño, sus reglas y parámetros sin cuestionamiento alguno; permitir que otros decidan lo que uno debe hacer, pensar y sentir para encontrar la paz del que no arriesga y se somete al mundo tal como está establecido. Al otro lado del espectro, se encuentra el ego inflado del egocéntrico: hago lo que quiero, cuando quiero, como quiero y no importan las consecuencias de mis actos ni a quienes afecte con ellos. Algunos denominarían libertinaje a esta manera de entender la libertad, que provoca un comportamiento individualista, discriminador e irresponsable con los demás y con el planeta Tierra.


 

A la mitad de camino entre ambos polos se encuentra la libertad, centrada y lúcida, esa que se postula en el Ideario del Colegio La Casa de Cartón. Veamos:

 

Una “actitud libre es aquella que, a partir de la conciencia crítica de la realidad, impulsa a actuar en consecuencia con autonomía y responsabilidad, permitiendo obrar con voluntad propia, sin mermar los derechos ajenos”, afirma literalmente el Ideario del colegio.

 

Para alcanzar la conciencia crítica de la realidad y la acción consecuente, se toma como punto de partida la autonomía y el autocontrol. Luego, se consideran la autoestima y la responsabilidad como componentes esenciales para perfilar una participación democrática en las esferas socio culturales y políticas que a cada quien le toque vivir como personas e integrantes de grupos, con un sentido de justicia equitativo e inclusivo.

 

La autonomía está relacionada con el desenvolvimiento físico, mental y espiritual, que permite a las personas actuar con criterio propio al satisfacer sus necesidades de acuerdo a edad y posibilidad. Implica desprendimiento de gustos, afectos y objetos con independencia de la tendencia consumista generalizada. Significa afirmarse como persona y como miembro de diferentes grupos, con seguridad, auto aceptación, tolerancia y flexibilidad. La consideración de que lo mismo que vale para mí, vale para los demás. Significa optar por un desarrollo sostenible respetuoso con las generaciones siguientes, consumiendo y produciendo lo que se necesita para favorecer la igualdad de oportunidades de sobrevivencia y calidad de vida para todos.

 

La autonomía, la autoestima, el autocontrol, una saludable auto aceptación del propio cuerpo y de uno mismo, así como una adecuada gestión de las emociones, son la base que hará posible desenvolverse con tino, mesura, realismo, pudiendo aprender de lo que nos toca vivir, sea positivo o negativo, viviendo con desapego en el aquí y el ahora.



Vivir el presente habiendo aprendido las lecciones del pasado y siendo amplio para afrontar compartiendo con alguien las experiencias del pasado, permite a las personas relacionarse armoniosamente consigo mismo y con los demás. La lógica humana parece radicar en que: si me respeto, respeto a otros; si me comprendo, comprendo, si me amo, puedo amar; si confío en mí, puedo confiar en los demás; si me acepto, los acepto; si me perdono, perdono.

Las habilidades y actitudes positivas que conocemos como asertividad, proactividad y resiliencia parten del hecho de sentirse bien con uno mismo, de cierta serenidad interior como para tomar decisiones responsables con lo que uno piensa y siente, para actuar en concordancia y mostrar integridad. Esa sensación de bienestar personal nos impulsa a dar lo mejor de nosotros en los grupos a los que pertenecemos o donde nos desenvolvemos. También incide positivamente a la hora de afrontar la incertidumbre y la adversidad.

 

El dar lo mejor de nosotros implica ser conscientes de las cualidades y de los defectos por mejorar, supone una justa autoevaluación de nosotros mismos. Así como las personas que viven en pobreza o en pobreza extrema ven limitadas sus posibilidades de ser libres, ya que no pueden elegir ni decidir sobre múltiples aspectos de sus vidas; así también, las personas inconscientes de sí mismos se alejan de la libertad ya que, al no poder reconocerse plenamente, son guiadas por ideas, actitudes y comportamientos basados en condicionamientos que suelen estar alimentados por el miedo, la vergüenza, la culpa, la cólera o el resentimiento. Estos cinco elementos son enemigos íntimos de la libertad. Ser libres supone liberarnos de opresiones, temores, debilidades, influencias inconscientes, acciones automáticas. Se pretende una verdadera libertad de ser.



Por el contrario, son buenos amigos de la libertad: la responsabilidad, la participación democrática y el sentido de justicia. El decidir asumir con solvencia determinadas tareas en todos los ámbitos de la vida: en el hogar, el colegio y los diferentes escenarios sociales, culturales, económicos o políticos donde se participe, comprometiéndose a aceptar y cumplir los quehaceres contraídos, nos habla de una libertad responsable y respetuosa de los demás, que considera las consecuencias de lo que uno hace o deja de hacer, así como el impacto que esto tiene en los demás, en uno mismo y en el medio ambiente.

Ya sea que una persona se constituya en líder de un grupo o sea un miembro más del equipo que conforma, la horizontalidad y participación democrática se configuran como valores en sí mismos, ya que el diálogo, el trato inclusivo y pluralista, que busca consensos en la toma de decisiones, permitirá consolidar un estilo de vida en la que los ciudadanos buscan el bienestar de todos como parte fundamental del logro personal. Algo así como: Soy libre y feliz si todos lo somos.

 

La convivencia saludable, por último, pasa por la identificación y defensa de los derechos humanos para todas y todos, así como por el compromiso con la construcción de una sociedad más justa, donde cada persona es un agente de cambio social. La búsqueda de igualdad de oportunidades y estilos de vida dignos y humanos para todos, erradicando la pobreza y la falta de accesos que supone, valorando la diversidad desde los enfoques intercultural y de género, aceptando la libertad de culto o la falta de este, así como respetando a los grupos minoritarios, son algunos de los cauces por donde discurre una ciudadanía democrática que enaltece a una persona libre.  

 

(1) Información vertida en el Programa La Encerrona de Marco Sifuentes (Setiembre del 2021), con motivo de la baja sufrida en las campañas de vacunación y los efectos de la pandemia en la economía nacional.

(2)  Según se afirma en la Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública del Instituto Nacional de Salud, el 19.5 % de las y los niños y niñas menores de 5 años presenta desnutrición crónica y anemia. Eso significa que uno de cada cinco menores está condenado a no desarrollar su cuerpo y su cerebro al máximo de su potencial. 

    Fuente: https://rpmesp.ins.gob.pe/rpmesp/article/view/377/2496

En el distrito de Acraquia en particular y en todos los distritos de la provincia de Tayacaja, en Huancavelica, donde el autor de este artículo trabajó durante tres años consecutivos (hasta el 2017), todos los menores de edad, estudiantes de las escuelas públicas de la provincia, presentaban desnutrición crónica. Obviamente, sus madres y padres, todos campesinos andinos, también.