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jueves, 8 de julio de 2021

Espacio, movimiento y contacto

En el artículo anterior, vimos que la niñez es la población más afectada psicológicamente por la pandemia, especialmente la primera y segunda infancia.

 

La primera infancia, según revisamos, se corresponde con el periodo pre operacional (2 a 7 años aproximadamente) y la segunda infancia con la etapa de las operaciones concretas (7 a 12 años aprox.). Ambos estadios del desarrollo fueron definidos por Piaget, investigador y creador de la Psicología Genética y de la Pedagogía Constructivista. El Primer Ciclo del Colegio La Casa de Cartón atiende a las niñas y niños de la primera infancia y el Segundo Ciclo a los estudiantes de la segunda infancia.

 

Las limitaciones de acceso a espacios abiertos, donde las niñas y niños pueden moverse en libertad y entrar en contacto con otros chicos y chicas de su edad o con adultos, se han configurado como el elemento más nocivo de esta pandemia para este grupo etario.

 


Las posibilidades de afirmar el lenguaje y ampliar su vocabulario, integrarse en la escuela, desarrollar niveles básicos de empatía y ampliar el proceso de socialización contrarrestando el pensamiento egocéntrico son funciones que la escuela desarrolla. De igual manera, el colegio afirma su seguridad y confianza básicas, permitiendo conocer y empezar a entender el mundo, y observar roles para desplegar su propia identidad. Ser capaz de utilizar categorías elementales para clasificar los objetos y aspectos sencillos de la realidad, así como empezar a diferenciar relaciones de causalidad y operatividad lógico matemática, se ven obstaculizados al no poder asistir físicamente al colegio y relacionarse con compañeros de su misma edad.

 

Las limitaciones que la pandemia impone para asistir al colegio impactan sobre todo en las experiencias de aprendizaje en torno al movimiento y la variedad de percepciones que generan las vivencias físicas, con personas, ambientes y objetos concretos. Las restricciones en el contacto entre personas, pueden interferir en el desarrollo del lenguaje, la socialización y las experiencias emocionales que son el soporte de la seguridad personal, la autonomía y la autoestima.

 


Las clases virtuales, a cargo del equipo del colegio, y el apoyo más exigente que nunca, tanto de la escuela como de los hogares de nuestros pequeños estudiantes, está permitiendo cubrir un amplio espectro de necesidades, que trae consigo el cambio en nuestra forma de vida, dada la epidemia mundial. Pero es preciso enfatizar en los dos aspectos más urgentes que atender en este nuevo contexto pandémico: uno, la necesidad de espacio y movimiento, y dos, la importancia del contacto físico entre personas. 

 

Las familias tendrían que buscar acceso a un jardín, patio o parque donde sus hijos e hijas puedan correr, saltar, subir a los juegos (que preferentemente los tenga), columpiarse y moverse de todas las formas que el cuerpo les permita, para desarrollarlo, fortalecerlo y sentirlo, asimilando sus posibilidades y limitaciones.

 


Ahora que cada vez más personas están vacunadas, se podría buscar a quienes sean tan cuidadosos como nosotros y que tengan hijos de la edad de los nuestros, para contactarlos y que sean ellos con quienes jueguen y compartan en los espacios abiertos. Es en la familia, donde encontraremos, por ahora, a las personas más cercanas que pueden prodigar el contacto físico que los chicos y chicas del Primer Ciclo requieren. Abrazos, besos, dadas de mano y cariño en general son responsabilidad fundamental del entorno social directo y cercano de cada niña o niño.

 

Con los amiguitos con los que nuestros niños y niñas jueguen en lugares abiertos, se les puede orientar para que aprendan un nuevo código de relación entre ellos: guiñarse los ojos, darse besos volados o hacerse gestos con las manos simulando abrazos, pero nada de contacto físico directo por ahora.

 

De una forma ingeniosa, veamos de prodigar actividades en espacios abiertos, con libertad de movimiento y contacto indirecto con otras niñas o niños para nuestros hijos e hijas, obviamente tomando todos los cuidados sanitarios y medidas preventivas del caso. La salud integral de nuestros niños y niñas lo agradecerá. Hasta pronto

 

miércoles, 16 de junio de 2021

Niñez y pandemia

De acuerdo a los estudios que vienen realizando expertos de varias universidades peruanas, la niñez, -sobre todo, la primera y segunda infancia dentro de ella-, sería la etapa más afectada psicológicamente por la pandemia.

 

Entendamos “niñez” como el lapso del desarrollo humano comprendido entre el nacimiento y la adolescencia, es decir, el ciclo vital que va de 0 a los 11 o 12 años, en que comienza la pubertad. Existe cierto consenso entre autores sobre los tres periodos que presenta la niñez:

 

1. La lactancia, entre el nacimiento y los dos años aproximadamente, en que el lactante (recién nacido, neonato o bebé), se alimenta o debería alimentarse con leche materna, dependiendo de los hábitos maternos, la cultura de pertenencia, la necesidad o la posibilidad de hacerlo.



Coincide con la etapa sensorio motora de Piaget. En esta fase, el lactante interactúa con el mundo exterior atendiendo a los estímulos y a la variedad de ellos, así como al lenguaje humano que reconoce entre todos los sonidos. Se comunica a través del llanto durante el primer año y aprende las primeras palabras para señalar objetos y pedir lo que necesita. Se completa la maduración de múltiples funciones neuropsicológicas gracias al habla / escucha y a la diversidad de estímulos, sumados a una alimentación de calidad que determina la cantidad y cualidad de conexiones neuronales. El movimiento corporal y los juegos repetitivos con reacciones sensoriales (risas, cosquillas, canciones, sonidos o palabras amorosas …) son fundamentales para el despliegue de la cognición e inteligencia motora, así como para la aparición de la seguridad y confianza básicas a nivel afectivo.

 

2.  La primera infancia, entre el destete y los seis o siete años aproximadamente, en que el infante despliega el lenguaje y las habilidades comunicacionales, desarrolla la motricidad fina y fortalece la seguridad y confianza básicas tras la lactancia, incorpora hábitos y actitudes, entre otras muchas habilidades y destrezas. 



Se corresponde plenamente con el periodo pre operacional de Piaget. En este estadio, el infante afirma el lenguaje y amplía su vocabulario, realiza sus primeras interacciones fuera del entorno familiar hasta integrarse en las escuelas, desarrolla niveles básicos de empatía con lo que contrarresta el pensamiento egocéntrico (basado en sus necesidades) y afirma su seguridad y confianza básicas. En términos cognitivos, se consolidan y amplían las conexiones neuronales, dándole al infante un nivel de interés por conocer, entender el mundo, aprender e imitar roles, sumamente intenso y provechoso para su desarrollo intelectual y socio afectivo.  La lógica pre operacional se plasma al ser capaz de utilizar categorías elementales para clasificar los objetos y aspectos sencillos de la realidad.

 

3. La segunda infancia, entre los 6 o 7 años y la pubertad que inicia la adolescencia, en que el niño manifiesta lo que antiguamente se entendía como “uso de razón” y que hoy se define como pensamiento lógico operativo concreto y que corresponde a la etapa de las operaciones concretas de Piaget.



En esta etapa, la capacidad de empatía de las niñas y niños les permite comprender cómo se sienten los demás y asumir paulatinamente la responsabilidad de sus actos. La disciplina y moral heterónoma (propuestas por sus mayores), son asumidas con facilidad en su deseo de comprender el mundo en el que vive y a las personas de su entorno. Es capaz de ir ampliando su universo lógico, estableciendo relaciones de causalidad (causas y efectos), así como incorporando modelos matemáticos básicos (operaciones básicas, regla de tres, noción de conservación, proporcionalidad elemental, analogías, series, conjuntos y subconjuntos). En esta fase, todo el saber proviene de la observación de elementos claramente definidos y precisos de su entorno (objetos físicos, materiales y aspectos emocionales que él viva y sienta), los que su cognición asimila, acomoda y adapta. Por eso lo de concreto. 

 

Como se puede notar, cada etapa del desarrollo es requisito para estructurar la siguiente y una adecuada secuencia, con suficientes estímulos físicos (sensoriales o motrices), alimenticios, lingüísticos, cognitivos e intelectuales, socio emocionales y culturales, permitirá que los niños y las niñas adquieran mayores habilidades específicas por edad, en función de sus capacidades potenciales. Estas generalidades se adecúan al proceso propio de cada niña o niño. No es rígido sino, más bien, flexible y respetuoso de cada individuo.

 

Para concluir esta primera entrega sobre el tema, vayan deduciendo las y los lectores, las tremendas implicancias sobre el despliegue global de competencias que podría tener la pandemia. Las limitaciones de acceso a espacios abiertos, a estímulos recreativos y formativos que los parques, los patios de recreo y la calle en general, pueden aportar al desarrollo integral de la niñez es significativa.


 

Igual ocurre en términos de socialización y expresiones de afecto (abrazos, besos, dadas de mano y cariño en general). Las limitaciones que la pandemia trae consigo en función de reducción de las relaciones interpersonales, con profesores y profesoras, con niños y niñas de su misma edad (los pares), así como con todas las formas de vínculo externo a la familia que los chicos y chicas entre 3 y 11 años puedan tener, tanto de índole propiamente social o de acercamiento a las manifestaciones del arte y la cultura, influirán de una u otra manera en el desarrollo pleno de su ser como personas totales.

 

¿Cómo podemos contrarrestar estas limitaciones desde la casa y la escuela? ¿Cómo compensamos las carencias en términos de vínculos reales ahora que las pantallas han asumido una parte decisiva en la educación de nuestros y nuestras hijas e hijos?

 

No se pierda la continuación de estas reflexiones en el próximo capítulo sobre Niñez y pandemia, aquí, en el blog del Colegio La Casa de Cartón.  

 

 

Créditos fotos

Lactancia: Fotos Google

Infancia y niñez: Fotos de los estudiantes de la Escuela Rural San Juan de Acraquia, Tayacaja, Huancavelica.



lunes, 29 de junio de 2020

¿Cómo ser vitales y lúdicos al apoyar la educación virtual de nuestros hijos?


En el artículo anterior, vimos la importancia de estar y sentirnos bien para poder acompañar creativa y positivamente a nuestros hijos e hijas con los aprendizajes virtuales que ellos afrontan en esta época de cambios. Compenetrarnos con la propuesta pedagógica del colegio y, especialmente, con la metodología del trabajo de actitudes, habilidades y destrezas, era, como dijimos, la manera de prepararnos para ser las mejores maestras y maestros de la casa.


Foto: Lamenteesmaravillosa.com

En el presente artículo, vamos a considerar la importancia de las edades de los y las estudiantes virtuales, así como los aspectos lúdicos y vitales al acompañar el proceso de enseñanza aprendizaje.

Con niños y niñas del Primer Ciclo, entre 4 y 7 años, la vitalidad y el juego, la creatividad en cualquiera de los lenguajes de las artes, son las herramientas fundamentales para captar fácilmente su atención y liderar el proceso. El adulto lúdico y entusiasta se hace rápidamente de un lugar privilegiado para acompañar a chicas y chicos en sus aprendizajes.

Se puede empezar con simulaciones, juegos de roles, actuaciones tipo teatrales. canciones, cuentos, dibujos o movimientos corporales, para iniciar un juego donde seamos artistas, exploradores, científicos, astronautas, viajeros, campesinos andinos o selváticos, superhéroes, cocineros o lo que le guste al pequeño aprendiz. Una vez que estemos en el juego, escuchamos lo que la profesora nos explica, los retos del proyecto y lo que se quiere lograr, para adecuarlo a la dinámica divertida en la que nos encontramos. Cuando  sea necesario, utilicemos la computadora para buscar algún dato o para organizar la información que se ha ido recogiendo, tras haberlo hecho en el cuaderno o en el folder, con ilustraciones, dibujos, fotografías, recortes y demás material concreto.




En estas edades, los límites y normas en los juegos que nos llevan al trabajo escolar, son especialmente importantes para apoyar la salida del egocentrismo y la mayor ubicación en el universo socio cultural. El pensamiento concreto que caracteriza la etapa preoperatoria, nos obliga a centrarnos en un objeto o idea por vez, así como a distinguir fantasía de realidad, a establecer por qué algo es bueno o malo y todo lo relativo a causas y consecuencias.

Casi cualquier cosa es oportunidad para hacer un trabajo de aprendizaje si somos lo suficientemente creativos, vitales y juguetones como para descubrir el mundo con ellos. Partamos de un juego virtual o de la realidad cotidiana, se pueden precisar significados de palabras, pronunciarlas correctamente, contar numéricamente desde jugadores de fútbol hasta objetos que hay en la sala o el dormitorio. Apreciar formas, tamaños, colores, cantidades, ponerles símbolos y presentarles gradualmente, los códigos emblemáticos que deseamos aprendan a decodificar, es decir, los números y las letras. Todo ello fortalecerá el desarrollo de la función simbólica y afirmará el lenguaje, al hablar, escuchar, leer o escribir.

Con los y las estudiantes del Segundo Ciclo, cuyas edades oscilan entre 8 y 10 años, se puede utilizar la misma estrategia vital y divertida pero reduciendo el nivel de fantasía y sacándole más el jugo a las maravillas de la realidad natural y socio cultural. El pensamiento sigue siendo concreto, pero ampliamente divergente,  así  que  el  realismo,  las  inferencias  lógicas  y  las  razones


convincentes, aquí y ahora, en el presente, le permitirán comprender, además de seguir descubriendo, el mundo que los rodea.

Nuestro acompañamiento en ese proceso puede ampararse en un cabal manejo de las computadoras y otras TICs por parte de las chicas y chicos. Si no sabemos usarlas, ellos nos enseñarán. El lenguaje y la función simbólica se afirman plenamente.  La normatividad social está mejor  interiorizada y la  atención descentrada, lo que les permite captar algunos asuntos a la vez.



En el Tercer Ciclo, con púberes entre 11 y 13 años, el rol del familiar que los acompaña puede dar un giro sustantivo hacia el diálogo divertido e interesante, muy vital y creativo, pero un tanto menos lúdico, -o buscando formas lúdicas apropiadas para la edad-, que en los dos ciclos anteriores. Nuestro liderazgo puede haber sido cuestionado, incluso desde el segundo ciclo, pero la idea es ir alternando roles y democratizar la conducción de los procesos de aprendizaje en casa. La afirmación de la identidad sexual y personal deviene en una necesidad fundamental del desarrollo de nuestras hijas e hijos.


El pensamiento se torna formal, pasando de lo concreto a lo abstracto. Es analítico y crítico; lógico al deducir e inducir ideas y representaciones de objetos, seres y situaciones; capaz de sintetizar conceptos y circunstancias, así como de evaluar su aplicabilidad con hipótesis y probabilidades, tal como lo hace cualquier persona. Empezar a interpretar el mundo, las relaciones humanas y los temas de pareja y sexualidad pasan a ser vitales. Aprender con ellos al acompañar su proceso, deviene en una aventura fascinante. El manejo tecnológico se da por descontado.

Estas mismas características, potenciadas al máximo, se observan en las y los estudiantes del Cuarto Ciclo. Su mayor interés por temas existenciales respecto al sentido de la vida, a definiciones filosóficas, a los valores que rigen, orientan y orientarán su existencia, van aparejados con las inquietudes sentimentales y sexuales. El manejo científico y tecnológico, la curiosidad por los diferentes lenguajes artísticos, en simultáneo con la preocupación por aspectos sociales y culturales, el interés sobre los derechos y libertades de las personas, la forma de estar organizado (o desorganizado) el mundo, dentro de la curiosidad por saber y conocer de todo, nos permite ser una fuerte influencia positiva en sus vidas si aplicamos lo mejor de nosotros para que nuestros adolescentes nos permitan ingresar a sus dominios.

Foto: Entrepreneur.com    

                                                                                      Foto: Muyinteresante.es


Para acceder a “su” mundo y ser un buen ascendente en la pubertad y adolescencia de nuestras hijas e hijos, es preciso:

El diálogo franco, abierto y transparente sobre estos aspectos de la vida; que puede convertirse en un deleite lúdico y vital si nosotros, los adultos, tenemos saneados los aspectos básicos y sustantivos de amor propio, adopción de una filosofía y escala de valores consistente, así como perseverancia en nuestro despliegue como seres integrales, buscando ser mejores, mas no perfectos ni perfeccionistas.

La coordinación continua con el tutor o tutora del colegio dentro de una visión mancomunada casa-escuela, en la que juntos nos dediquemos a apoyar el proceso de formación integral de nuestros seres queridos[1].

                                                    Foto: Ciec.edu.com



[1] Para el presente artículo, se ha utilizado un resumen personal de las etapas del desarrollo evolutivo de Piaget y los lineamientos del Anexo 3 “Secuencia de objetivos generales de actitudes”, del libro: “Hacia la escuela posible”, de Mariano Moragues, fundador e ideólogo del Colegio la Casa de Cartón.